conversaciones en los limoneros

Tais Pérez: “Deberíamos cambiar el juicio a las personas por su comprensión”

A sus 38 años es co-directora de Psicosalud, Gabinete de psicología que está obteniendo notables éxitos entre sus pacientes
Tais-Pérez

Ella, acostumbrada a preguntar, resulta que también contesta con toda naturalidad y sinceridad. Entonces yo, entre cañas, dejé un poco mi papel de periodista y me convertí en psicólogo de Tais Pérez Domínguez, 38 años, co-directora de Psicosalud, Gabinete de psicología que está obteniendo notables éxitos entre sus pacientes. Nació en las Palmas –su padre era médico neurólogo–, estudió Psicología en La Laguna y se ha formado en varias universidades. Es master en Psicología Clínica y de la Salud. Me da que está enamorada de su profesión; está casada con un psicólogo, Sergio García Morilla, que ella califica de profesional brillante, y tienen una hija pequeña, de tres años, Olivia. Le costó dejar de fumar y me dice que en sus consultas no hay divanes, que eso era un mito. Empiezo con preguntas cortas y luego me meto en harina, agujero del que espero salir bien. A Tais le encantó que yo le dijera que ella me parecía una persona normal, a pesar de todo lo que tiene que escuchar cada día. Ahora está con teletrabajo desde su Gabinete, atendiendo a consultas que vienen de España y de otros países del mundo. Y su Gabinete colabora con varias universidades y nueve profesionales altamente cualificados –todas mujeres, menos su marido— trabajan en él presencialmente. Se define como psicóloga conductista radical y cita a Skinner como su referente. Es decir, el hombre que se esforzó en lograr la felicidad de los demás, a través de una especie de ingeniería social. El mejor psicólogo del siglo XX. Tais tiene unos dulces ojos verdes, no rehúye los piropos, que tampoco fueron muchos.


–¿Se enamoran los pacientes de sus psicólogos?
“A veces ocurre”.


–¿Por qué?
“Puede que porque vean en nosotros una posición de poder, pero yo creo que tiene más que ver con el hecho de que escuchamos de verdad a las personas, las dejamos hablar y nos interesamos genuinamente por ellas en momentos complicados de sus vidas”.


–¿Has visto ‘El Príncipe de las Mareas’, con Nick Nolte y Barbra Streisand?
“Es la película favorita de mi marido”.


–¿Qué haces para evitar la afectividad excesiva?
“Poner límites muy firmes en la relación con los pacientes”.


–¿Qué tiene esta profesión, hoy tan necesaria?
“Las personas necesitan ayuda. Y llegas a conocerlas más que nadie porque te lo cuentan todo. Y tú entonces las ayudas”.


–¿Conductista radical?
“Por supuesto”.


–¿Tratas los celos?
“Claro. No se puede estar enamorado sin celar a alguien. Tú no puedes ser independiente emocionalmente de tu pareja”.


–¿El poliamor?
“Ya lo habían inventado los mormones; te lo digo un poco en tono de humor. Pero el poliamor es una relación afectiva, carente de ideología religiosa, que se establece entre personas, de mutuo acuerdo”.


–¿El feminismo?
“No estoy de acuerdo con el feminismo radical. Tenemos que ser iguales, pero siempre atendiendo a la capacidad biológica de cada cual. En todo caso no hablo de ideologías con mis pacientes”.


–Ustedes están en ventaja.
“Es lógico, yo conozco a mis pacientes, pero ellos a mí no. Si yo decido contarles algo mío, cosa improbable, siempre tiene que ser para lograr algún beneficio para ellos”.


–¿Más hombres que mujeres en la consulta?
“Antes más mujeres; ahora están a la par”.


–¿Las rupturas hacen daño?
“Generalmente, sí”.


–¿Tratas a niños y adolescentes?
“Ni mi marido ni yo, en este momento. Hay especialistas para ellos en el Gabinete; los desviamos a esos profesionales”.


–¿Qué fue del sistema Renalhelp, creado por ustedes?
“Pues una aplicación que vendimos –y bien— a una empresa alemana. Una aplicación creada para los enfermos de riñón. Resolvíamos sus problemas sobre la marcha tanto de nutrición como psicológicos como de su propia enfermedad, con un servicio permanente de respuesta a las dudas planteadas por el enfermo”.


–¿Qué es lo que deseas para tu hija en un mundo como el que vivimos?
“Que sea normal”.


–¿Te ha dejado sin dormir algún paciente?
“Sí, claro, muchas veces. Sobre todo en asuntos como los anuncios de suicidio, o sus tendencias a llevarlo a cabo”.


–Una vez, un juez me llamó para pedirme que no publicara suicidios, porque tienen un efecto mimético en los candidatos.
“No, no es una buena teoría. El efecto mimético no existe. Se trata esa creencia de falsas teorías asociadas al suicidio. Hay que contarlos, para que los familiares tomen medidas, no hay que callar nada. Y convencer a quienes tienen intención de suicidarse de que existen otras medidas para solucionar su problema, porque realmente existen”.


–¿Es verdad eso de que los suicidios no se anuncian porque los que se anuncian no se cumplen?
“No, tampoco es cierto. Muchas veces se anuncian y ocurren”.


(Tais Pérez ha visitado varios países y varias universidades, con las que su Gabinete mantiene relación. Ha estado en Silicon Valley por temas profesionales. Me cuenta la anécdota de un chico de 17 años, con discapacidad intelectual leve, que le pidió que le enseñara las tetas en la consulta. No le dio ese gusto. Se lo contó a sus padres y entonces comprendió el problema que tenía el chico con una vecina y que ella había conocido por información de los propios familiares del joven. Su Gabinete triunfa en Instagram, con 413.000 seguidores. Ha conseguido diversos premios. Uno del Banco Santander a los emprendedores, otro de Telefónica, una subvención del Gobierno de Finlandia a la investigación en su especialidad, otro de CajaCanarias a los jóvenes emprendedores y empresas profesionales. Está a punto de salir un libro, editado por Planeta, escrito al alimón con su marido sobre la ansiedad: La ansiedad bajo control. Tais surfea, va al gimnasio y le gusta la cerveza).


–Los conductistas ejercen una especie de disciplina positiva. ¿no?
“Se puede educar a un niño sin premio ni castigo. La negativa de privilegios funciona. El otro día mi niña se portó mal y yo le quité el juguete con el que jugaba. Mi postura hizo efecto; no la premié, ni la castigué, sencillamente adopté una decisión para que ella entendiera que había hecho mal”.


–Los pacientes sufren y acuden al psicólogo, se agarran a una balsa en el mar.
“Como cualquier paciente. Pero, ¿te has parado a pensar en algo tan interesante como cambiar el juicio a una persona por la comprensión? ¿Y si empezamos de una vez por todas a entender a la gente que sufre y por qué?”.


–Yo tengo un problema con la vejez. Siento que estoy abocado a ella. Y pronto. Aconséjame.
“Pues no deberías. La vejez no es fea. Es un retroceso cognitivo que conduce a la melancolía. Tiene una parte bonita y es que te sales del estrés y te vuelves contemplativo y esto es muy interesante”.


–En el tema de los malos tratos, ¿tienes obligación de denunciarlos?
“Sí, alguna vez ha ocurrido; pocas en realidad. Es que nosotros los psicólogos, además del secreto profesional debido, tenemos que denunciar los delitos y evitar que se vuelvan a cometer”.


–¿Es cierto que ha vuelto la heroína?
“Desgraciadamente, sí, en esa terrible tendencia cíclica de las drogas”.


–Para que la gente lo entienda, ¿cómo le explicas eso de ser una psicóloga conductista radical?
“Pues como la única parte de la psicología que trata de la evidencia científica de las leyes del aprendizaje. Hay una gran parte de la psicología tradicional que está en contra de esto porque cree que se debe actuar de manera absolutista, dura. A mí me gusta que entiendan mi trabajo por la vía de la empatía con el paciente. Nosotros evaluamos a los pacientes, proponemos unos objetivos terapéuticos pactados y realizamos el tratamiento”.


–Vuelvo al problema de los celos.
“Los tratamos mucho. Los celos pueden ser bonitos cuando la persona que emite esa conducta sabe gestionar sus emociones”.


–¿Coqueterías con un paciente, como ocurre, sin duda, en ‘El Príncipe de las Mareas’?
“No, por supuesto que no”.


–¿La homosexualidad es todavía un caldo de cultivo para los psicólogos?
“No, por supuesto que no. Los tiempos han cambiado mucho. Ya no está estigmatizada como antes, cuando a ellos los llamaban gallos tapados. Afortunadamente esto ya se ve muy poco en las consultas, yo diría que nada. Menos mal que hemos avanzado en este aspecto porque era terrible”.


–¿Cómo respiras políticamente?
“No creo que esta sea una pregunta para la entrevista. ¿Quieres que te diga que cuando ganaba menos era más de izquierdas y ahora soy más de derechas porque gano más? Pues no te lo voy a decir, ni creo que le interese mucho a tus lectores”.


–¿Confías en la gente?
“Soy escéptica, pero también confiada”.


–Elon Musk ha decidido posponer la compra de Twitter. ¿Cómo lo ves, desde el punto de vista profesional?
“Como un alivio, ¿qué quiere Musk, acabar con el mundo?”.


(Habla deprisa, pero se le entiende todo. Lleva 14 años ejerciendo la profesión y estudiando, caso a caso, a sus pacientes. Su esposo terminó Biología y luego se hizo psicólogo y hoy tiene un fichero de pacientes muy importante. Ejercen una profesión en la que conocen a la gente de verdad, por eso pueden ayudar tanto, hacer tanto bien. De vez en cuando a Tais le entran ganas de volver a fumar, pero ha logrado controlarse. Cuando le confieso que yo no he fumado en mi vida me dice: “Qué suerte”. Te mira con esa suficiencia, quizá inconsciente, de estar analizándote por dentro, aunque la presencia de un amigo suyo y mío en la entrevista me restó importancia a mí, que me creía protagonista. No le hacía caso sino a él. Varias revistas importantes han publicado artículos de ella, de su marido y de su equipo. Y varias universidades reciben periódicamente sus consultas, conocidos sus métodos de trabajo).


–¿Agota esto de estar siempre detrás de los problemas de los demás?
“Hombre, cualquier profesión puede agotarte. Tienes que descansar, claro. Pero también debo decir que este es mi trabajo y que lo debo ejercer”.


–Ya te veo una cana, Tais, y solo tienes 38 años. Lo tuyo tiene que quemar.
“¡Por favor, quítamela, no me ha dado tiempo de teñirme!”.


(Empieza a hablar la mujer, así que despido a la psicóloga y cierro la entrevista, porque aquí hemos venido a hablar del conductismo radical y de una profesional de éxito, que ha creado terapias de éxito y que mantiene un Gabinete también de éxito. Otro día le tocará este espacio a Sergio García Morilla, su marido, del que me han contado maravillas como profesional).

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