medio ambiente

Huevos y arroz, los únicos alimentos que se libran del plástico en el supermercado

Un equipo de DIARIO DE AVISOS se ha trasladado -carrito de tela en mano- a un popular supermercado de Canarias para realizar una compra de productos básicos que no impliquen plástico en sus envoltorios

Cada 3 de julio se celebra el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico. Fecha que poco tiene que celebrar esta semana teniendo en cuenta que pasa por el calendario sin pena ni gloria. Los materiales alternativos contra este contaminante ofrecidos en el mercado existen, pero su incorporación en el mismo va a paso de tortuga.

Explicar los problemas que acarrea el uso indiscriminado del plástico en el día a día se hace innecesario en un archipiélago que comprueba a través de sus costas las décadas que puede tardar en degradarse una bolsa. Y cuando lo hace es para transformarse en partículas diminutas -menos de cinco centímetros- que quedan latentes en el medio ambiente por los siglos de los siglos (sin el amén), convirtiéndose así en el conocido como microplástico.

Sin embargo, lejos de ser una cuestión meramente ecológica, estos pequeños fragmentos ya invaden nuestro planeta y, por consiguiente, nuestro organismo. Los estudios son contundentes: hay microplástico tanto en el estómago como en las heces de los humanos. De hecho, el último estudio reveló por primera vez partículas en el interior de los bronquios halladas en dos de cada tres análisis llevados a cabo en pacientes de Neumología en el Hospital General Universitario de Elche. Unos resultados que, tal y como afirman los propios responsables de la investigación, son extrapolables al conjunto de la ciudadanía.

Según datos recabados por Greenpeace, en España se usan unas 144 bolsas al año por habitante (6.624 millones en un año), mientras que en la Unión Europea el consumo anual asciende a las más de mil millones. Los ecologistas reconocen que la única solución es su total eliminación con la finalidad de fomentar el uso de bolsas reutilizables, como talegas. Pero, descartando el empleo de la bolsa de plástico, ¿qué se puede adquirir en el mercado?

Un equipo de DIARIO DE AVISOS se ha trasladado -carrito de tela en mano- a un popular supermercado de Canarias para realizar una compra de productos básicos: agua, leche, huevos, frutas y verduras, aceite, carne, pescado, arroz, lácteos y productos de limpieza. El objetivo era obtener el máximo número de productos cuyo empaquetado estuviera elaborado con materiales alternativos.

El resultado fue nefasto, ya que los únicos alimentos sin un envoltorio que implicara cualquier tipo de plástico fueron cartones de huevos y paquetes de arroz. De hecho, a pesar de que numerosos artículos estuvieran recubiertos de cartón, en su interior sí existía el citado componente (cereales, tetrabrik de leche, tableta de chocolate…). Las bolsas compostables eran una opción para la sección de frutas y verduras, pero el uso obligatorio de guantes de usar y tirar implicaba infringir el propósito inicial.

Huevos y arroz, los únicos alimentos que se libran del plástico en el supermercado

La única elección para adquirir carne o pescado sin utilizar plástico fue evitar los envasados, siempre y cuando el responsable introdujera la porción escogida en papel. En alusión al resto de alimentos de la lista, fue literalmente imposible cumplir el cometido porque el supermercado carecía de materiales alternativos a la botella de agua, el gel de ducha, la lejía, los yogures…

Está claro que la conciencia del ciudadano es relevante para un cambio en el consumo del plástico. No obstante, la piedra angular de la auténtica transformación la tienen que colocar las empresas, así como las administraciones que, en teoría, deben regular las políticas respetuosas con el medio ambiente. Es ilógico que, a día de hoy, conociendo su impacto tan perjudicial en la biosfera, los supermercados estén repletos de plástico en sus estanterías.

Y es que tal y como afirmó hace unas semanas en este periódico el portavoz de Canarias Libre de Plásticos, la ecología no debe abrumar, sino molestar, es decir, consumir el café en una taza, beber agua de una botella de vidrio, llevar bolsas reutilizables… Y hasta ahí, el papel de la ciudadanía en este turbio horizonte. Aunque culpabilizar a los hogares del uso desmedido del plástico con fábricas embalando a diestro y siniestro el material en todas sus formas, ¿resulta realmente coherente?

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