medio ambiente

Fonte-Padilla, decano del Colegio de Biólogos: “Las microalgas nunca se han ido”

El experto advierte de que “no es recomendable mantener un contacto prolongado con ellas”
Fonte-Padilla
El decano del Colegio de Biólogos de Canarias, Matías Fonte-Padilla | Foto: Fran Pallero

El decano del Colegio de Biólogos de Canarias, Matías Fonte-Padilla (Tamaduste, 1970), atiende a este periódico para responder todas las dudas sobre el retorno de las microalgas.

-¿Le sorprende el retorno de las mal llamadas microalgas a las costas de Tenerife un lustro después de lo sucedido en aquel verano de 2017?

“Las mal llamadas microalgas, que en realidad son largos filamentos de cianobacterías del género Trichodesmium spp, seres vivos de una sola célula, nunca nos han abandonado. De hecho siempre han estado en nuestras aguas, al igual que ocurre en el resto de los océanos del planeta. Lo que si es verdad que sólo cuando se dan las condiciones ideales para su proliferación expansiva superficial es cuando somos conscientes de que están aquí. Aunque nos molesten, hay que tener en cuenta que son seres vivos imprescindibles en los océanos, que forman parte de la cadena trófica que permite la existencia de la rica fauna y flora marina que tenemos en nuestras costas. Como característica a destacar es que es uno de los principales seres vivos marinos que pueden fijar el nitrógeno atmosférico, aportándolo así al océano, y con su proliferación fijan además el carbono atmosférico. Además, al crear grandes proliferaciones se agrupan también bacterias, virus, protozoos, copépodos y otros microorganismos del plancton, creando una comunidad superficial de importancia ecológica. En Canarias son varios los factores, que si coinciden todos a la vez, aumentan la probabilidad de encontramos con estos “blooms” superficiales. Destacamos la falta de oleaje y de vientos alisios, que permite que las células se agrupen, y que hace que la superficie oceánica quede estratificada y más expuesta al sol, aumentando la temperatura del agua superficial, cuyo óptimo para las cianobacterias es entre 23º y 30º. A esto le tenemos que unir la presencia de nutrientes con la presencia de calima, que se convierte en una lluvia de fósforo y hierro, justo lo que necesitan para proliferar, junto a otros micronutrientes que toman del agua marina. Todas estas circunstancias se dan en alta mar, y el fenómeno se ve incrementado al llegar a la costa y encontrarse con aguas tranquilas, protegidas de los vientos, donde se van acumulando en grandes cantidades. Por supuesto esta proliferación se autorregula, y en estas enormes aglomeraciones de filamentos de cianobacterias comienzan a degradarse en cuanto las condiciones cambian. Las células, sometidas al estrés de unas condiciones extremas, comienzan a morir, y por lo tanto a romperse soltando todos sus productos al agua. Y de ahí surge el aspecto lechoso, el mal olor, y la picazón que producen”.

-¿Hasta qué punto puede ser perjudicial para la salud bañarse en zonas con presencia de estos blooms de cianobacterias?

“En estas enormes aglomeraciones nos encontramos con cianobacterias en diferentes estadíos de vida, y a medida que pasa el tiempo se van degradando. Al acumularse en las costas llegan a su fases terminales y como dije anteriormente sueltan al agua todos sus productos. Y así en el agua se acumula el amonio (responsable del mal olor), pigmentos (que dan el aspecto lechoso coloreado), proteínas, grasas y otros compuestos. También producen cianotoxinas, que se diluyen disminuyendo su toxicidad. Si bien no se conocen casos graves de intoxicación, obviamente porque las personas no se bañan en ellas o permanecen solo por un corto espacio de tiempo, no es recomendable mantener un contacto prolongado con ellas. Los que las hemos sufrido sabemos que nos producen picor en la piel, ojos, nariz, boca y garganta, y si estamos muy expuestos pueden llegar a los pulmones. Debemos evitar tocarlas o que nos entre agua en la boca, puesto que estaríamos ingiriendo todos estos productos, lo que nos puede llevar a un cuadro de intoxicación, leve o grave dependiendo del tiempo de exposición y de la cantidad ingerida, debido a los efectos neurotóxicos y hepatotóxicos. Dolor de cabeza, de estómago, náuseas, vómitos, podrían ser algunas de las consecuencias de nuestra imprudencia. Por supuesto, ante cualquier síntoma de esta naturaleza lo mejor es acudir a nuestro centro médico. Aunque queda claro que lo mejor es la prevención, y en cuanto las detectemos en nuestra costa lo mejor es no bañarnos en ellas”.

-¿Qué influencia pueden tener en la aparición de estos fenómenos los vertidos de aguas residuales sin tratar tan habituales en las costas de Tenerife?

“El vertido de aguas residuales en nuestras costas es un grave problema ambiental que debemos solucionar. No podemos seguir contaminando nuestras aguas de esta manera. Según el propio censo del Gobierno de Canarias existen unos 434 puntos de vertido en Canarias de los cuales sólo el 28% están autorizados. Deberíamos estar avergonzados de este desastre ecológico, millones y millones de litros de aguas residuales, la mayor parte sin tratar. La única ventaja que tenemos es la gran profundidad presente en las costas canarias, que hace que la mayor parte de los residuos desaparezcan de nuestra vista, pero siguen ahí, destruyendo nuestro ecosistema marino. A pesar de esta triste realidad, se han realizado varios estudios tratando de comprobar si existe una relación directa entre la proliferación de cianobacterias y los vertidos de aguas residuales, y no se ha encontrado. Las explosiones poblacionales de cianobacterias se producen principalmente en alta mar, y después arriban a la costa. Lo que si es cierto es que cuando llegan a lugares contaminados se unen a la contaminación, degradando la zona más aún si cabe. Debido a la capacidad de utilizar diferentes nutrientes, mixotrofia, las cianobacterias pueden utilizar los nutrientes inorgánicos de los vertidos, pero no parece que sirvan para crear estos crecimientos poblacionales tan enormes, y además en los vertidos se encuentran sustancias químicas que en nada favorecen su desarrollo. Por lo tanto, queda claro que los vertidos al mar no son responsables de la presencia de las cianobacterias, aunque sí supongan un grave problema ambiental, y sí sean responsables de la proliferación de otros seres vivos microscópicos que si son dañinos para la fauna, la flora y la población humana, como pueden ser las enterobacterias. Cuando proliferan demasiado, las autoridades sanitarias tienen que cerrar las playas al baño.

-Habida cuenta de que sí se sabe con certeza que el calentamiento de las aguas oceánicas por estas latitudes es imprescindible para la reproducción de este fenómeno natural, ¿cabe suponer que el cambio climático favorecerá la repetición de los mismos si coinciden otras circunstancias como las calmas, etc?

“El calentamiento del agua del mar es un hecho demostrado en nuestras costas, y cada año va a más. El cambio climático no sólo supone este fenómeno, sino también otros como el empeoramiento de las condiciones climáticas. No cabe duda que si aumenta la frecuencia de los episodios de las calimas, aumentan las temperaturas, y se producen calmas estacionales en el mar, veremos nuevos episodios de cianobacterias. Como ya comenté son responsables de la fijación del nitrógeno de la atmósfera, y gracias a estos afloramientos se capturan además millones de toneladas de dióxido de carbono, CO2, que es el responsable principal del cambio climático. Cuanto más calentamiento global tengamos, más frecuentes serán sus apariciones. Siempre han estado con nosotros, y seguirán apareciendo con menor o mayor intensidad”.

-¿Tiene consecuencias sobre la fauna y flora de las costas tinerfeñas la reiteración de estos blooms? De ser así, ¿de qué tipo?

“Aunque se trata de un proceso natural debido a unas condiciones determinadas, su presencia supone un desequilibrio en el ecosistema marino, puesto que desplazan a otras especies del fitoplancton. Además a medida que se van descomponiendo diluyen en el agua numerosas sustancias tóxicas, que perjudican al fitoplancton y zooplancton directamente. Además su ingesta por pequeños peces es perjudicial, y afecta también a la flora y fauna del intermareal, como algas y cangrejos. Su descomposición además puede favorecer, si las condiciones de calma se mantienen a la proliferación de otros “blooms” de otras especies tóxicas, como el fitoplancton tóxico responsable de las mareas rojas. Por lo tanto lo deseable es que estos episodios no se produjeran, porque una vez desequilibrado el medio marino se siguen produciendo efectos en cascada, que perjudican al ecosistema marino y no lo ayuda a llegar a su máximo biológico. En el mar existe una cadena de alimentación que si se rompe todos los seres vivos se ven perjudicados de forma directa o indirecta”.

-¿A qué se debe el nauseabundo olor que desprenden?

“Como fijadores de nitrógeno que son, lo van acumulando en sus moléculas, principalmente en proteínas. La descomposición de las mismas en el mar libera grandes cantidades de amonio, que es el responsable del mal olor. Es el mismo que se produce cuando una carne está en mal estado. El olor es muy desagradable y no es recomendable estar cerca, aunque por otro lado es una ventaja que lo produzcan, así no entramos en contacto con ellas”.

-¿Qué opinión le merecen los dos barcos adquiridos por el Gobierno de Canarias tras lo acaecido en el verano de 2017, los botados como Mar Canario y La Graciosa? ¿Supondrán una respuesta adecuada si este fenómeno vuelve a los niveles de hace un lustro?

“Estos dos barcos, creados en 2020 exclusivamente para tratar de recolectar las llamadas microalgas, resultan unas embarcaciones muy versátiles para su uso en nuestras costas. No sólo son capaces de recoger de la superficie las concentraciones de cianobacterias, sino que también sirven para capturar plásticos y microplásticos. También son útiles para actuar en caso de derrames de combustible, absorbiendo el carburante, y pueden desplegar barreras de contención. Por último se diseñaron para contar con una grúa y un vehículo submarino para grabar hasta los 150 metros. Pero por otro lado tenemos que ser conscientes de sus limitaciones, puesto que la magnitud del problema es enorme en extensión. Con su actuación ni se podrán evitar las grandes aglomeraciones de cianobacterias ni se podrán limpiar todas nuestras costas. Eso sí, a nivel local, en una playa en concreto, podrían hacer un trabajo bastante efectivo y eficiente, tanto con las cianobacterias como con la contaminación y los plásticos. Las explosiones poblacionales de cianobacterias se dan en todos los océanos, y por lo tanto también alrededor de nuestras islas, no puede haber una actuación humana suficiente que fuese capaz de detener este desequilibrio marino. Las medidas a nivel global para ralentizar el cambio climático son las únicas que pueden funcionar para que este fenómeno volviera a ser esporádico”.

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