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Descubren restos óseos en el antiguo convento de San Lorenzo en La Orotava

Las segundas intervenciones arqueológicas al sur de la iglesia de San Francisco culminan con el hallazgo de vestigios que atestiguan que se ha llegado al suelo del antiguo templo
Descubren restos óseos en el antiguo convento de San Lorenzo en La Orotava

La segunda campaña de intervenciones arqueológicas al sur de la Iglesia de San Francisco en La Orotava finaliza con el descubrimiento de huesos humanos que “parecen evidenciar que esta zona se usó como camposanto”, asegura el arqueólogo Hacomar Ruiz.


Tras estos hallazgos, la investigación se centra ahora en analizarlos “para tener una datación aproximada de en qué momento estaba funcionando este espacio como cementerio” y en estudiar los bienes arquitectónicos “para definir los materiales que se utilizaban a principios del siglo XVI en este ámbito”, especifica.


Además, se localizó parte del suelo del antiguo convento de San Lorenzo, que fue calcinado en 1801 por un gran incendio. En concreto, restos de losa chasnera, pizarra, ladrillo, losa de barro cocido y piezas propias del modo de vida de esta época, como la cerámica a mano.


A través de la financiación de la Dirección General de Patrimonio Cultural y en colaboración con el Ayuntamiento, el equipo de la empresa especializada Prored ha realizado una excavación en extensión en una nave interior de El Escorial de Canarias, nombre con el que denominó Viera y Clavijo a esta primera fundación monástica.


“Esta nueva intervención es clave para determinar a qué zona del templo se ha llegado, si a una nave central o lateral, ya que se ha evidenciado losa chasnera, en posición primaria, lo que nos permite plantear que estamos ante el suelo del convento”, indica Ruiz. Aunque los elementos constructivos, imágenes, mobiliario y documentos de este edificio eclesiástico fueron consumidos por las llamas, algunos bienes arquitectónicos se han conservado casi 300 años después, como el arco de piedra o la columna de estilo corintio.


La posterior reutilización de este espacio, construido en 1519 a iniciativa del conquistador Bartolomé Benítez de Lugo, conllevó la ocultación parcial de los bienes arquitectónicos que resistieron al incendio, ya que se encuentran cubiertos por varias superposiciones de pintura plástica blanca.


Ante este panorama, un “equipo de especialistas está analizando su estado de conservación”, explica Ruiz.

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