medio ambiente

El portaviones tóxico amenaza de nuevo con pasar por Canarias

La empresa que pretende llevar a Turquía al antiguo buque Foch, que lleva desde octubre a 30 millas de Brasil, quiere atracar allí para volver a coger rumbo hacia el Mediterráneo
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Imagen de archivo del otrora Foch francés, luego Sao Paulo brasileño y hoy montaña de basura que ya se ha paseado por las Islas. / Wikipedia

Si la justicia brasileña accede a la solicitud efectuada por la empresa MSK Maritime Services&Trading, el conocido como portaviones tóxico podría volver rumbo hacia un puerto turco, lo que, en caso de producirse, es bastante probable que esta auténtica montaña de residuos contaminantes vuelva a atravesar las aguas de Canarias, como ya ocurrió hace unos meses y de lo que puntualmente informó DIARIO DE AVISOS, que además fue el medio que dio la exclusiva por aquel entonces.

Ha sido el periódico digital infodefensa.com quien en esta ocasión ha adelantado la reclamación efectuada por dicha empresa, que es la responsable de transportar a Turquía el antiguo portaaviones, botado en su día como orgullo de la Armada francesa y luego vendido a Brasil, donde fue rebautizado como São Paulo antes de retirarlo de la circulación definitivamente.

En concreto, el referido digital detalla que la petición se ha realizado ante el Tribunal Regional Federal de la 5º Región mediante un recurso por el que se solicita que le permitan atracar el viejo buque en el puerto de Suape, Pernambuco, “con el fin de que se le realicen inspecciones y reparaciones previo a iniciar nuevamente el viaje rumbo a las instalaciones que Sok DenizcilikveTic, astillero dueño de la embarcación, posee en Turquía”.

Es en ese párrafo donde radica la clave respecto a lo que puede afectar de nuevo a Canarias, porque esta montaña de chatarra ya cruzó a finales del pasado mes de agosto por los corredores internacionales existentes entre las Islas rumbo hacia el Mediterráneo pese al evidente riesgo que para el medio ambiente suponía tal travesía, sin que las autoridades españolas pudieran hacer nada al respecto.

Sin embargo, la presión ejercida desde prestigiosas organizaciones no gubernamentales (ONG) finalmente surtieron sus efectos y el buque, antes de llegar al Estrecho de Gibraltar, fue obligado a dar media vuelta dado que, al no recibir los preceptivos informes sobre la presencia de materiales tóxicos, el Gobierno turco informó de que se había tomado “la decisión de cancelar el permiso condicional otorgado al buque NAE Sao Paulo. En virtud de esta decisión no se dará permiso para que entre en aguas turcas”, señaló entonces el ministro de Medio Ambiente de dicho país, Murat Kurum.

Lo cierto es que, por lo que respecta a las Islas, tal decisión llegó tarde y el viejo barco volvió a pasar junto a las costas de la provincia de Las Palmas a primeros de septiembre en su regreso hacia Brasil, aunque esta vez fue ‘monitorizado’ por un helicóptero de Salvamento Marítimo.

Para ello fue también importante otro dato, como es el que un juez de dicho país iberoamericano ya había prohibido a la empresa en cuestión que su remolcador, de bandera holandesa, tirase del antiguo portaviones por esta singular navegación atlántica.

Finalmente, el barco acabó fondeado en octubre a unas 30 millas náuticas de Brasil, donde permanece desde entonces. La solicitud de MSK pretende anular la medida cautelar concedida al Estado de Pernambuco que, en contra de la determinación de la Marina brasileña, y que impide el atraque del buque ante los riesgos ambientales, sanitarios y náuticos derivados de su estado estructural y de la contrastada existencia de elementos tóxicos en su interior.

Cabe recordar que, como alertaron las aludidas ONG, que son la belga NGO Schipbreaking Platform y la estadounidense Basel Action Network, este monumental conglomerado de chatarra es nada conveniente para el medio ambiente, explicaron, dado que porta material tan tóxico como varias decenas de toneladas de amianto con el que se construyó en aquellos tiempos en que los también llamados asbestos se usaban hasta en los colegios, pero también residuos de su participación en pruebas nucleares llevadas a cabo por Francia en el Océano Pacífico, lo que sin duda una idea aproximada de lo que podría suponer para Canarias cualquier tipo de incidencia grave que pueda suceder en caso de que finalmente tenga que volver a navegar por el Archipiélago.

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