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La cultura canaria despide hoy al escultor Eladio de la Cruz

El artista toscalero, que inició su trayectoria artística en los años sesenta, confesó en una entrevista en 2018 con DIARIO DE AVISOS que la vida le llevó a buscar “la huella del ser humano en la materia inerte”
Eladio de la Cruz, escultor
El escultor toscalero Eladio de la Cruz, en una entrevista con DIARIO DE AVISOS en 2018. Fran Pallero

El artista tinerfeño Eladio González de la Cruz, uno de los referentes de la escultura en el Archipiélago, falleció ayer en Santa Cruz, su ciudad natal, a los 89 años, después de toda una vida dedicada a su gran pasión artística, en la que también destacó por su dilatada actividad docente desarrollada en diferentes centros, contribuyendo a una importante labor de investigación de lo escultórico, tanto en sus procesos técnicos como en sus límites formales y materiales. Sus restos mortales se encuentran en el tanatorio de Servisa hasta el acto de incineración que tendrá lugar hoy a las 20.00 horas.

Eladio González de la Cruz nació el 10 de marzo de 1934 en el barrio de El Toscal, en pleno centro de Santa Cruz de Tenerife. Su primer contacto con el mundo del arte le llegó siendo un adolescente gracias a un encuentro fortuito con el escultor Enrique Cejas Zaldívar que lo introdujo en su taller, centro de paso y reunión de artistas de la época.

En 1953 inició sus estudios artísticos a través de las enseñanzas que recibió en la Escuela de Artes y Oficios de la capital tinerfeña. Posteriormente, gracias a una beca concedida por el Cabildo, prosiguió su formación al matricularse en 1958 en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, con sede en la anteriormente citada Escuela de Santa Cruz.

En 2010 fue elegido Académico Correspondiente de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel la cual le concedió, un año después, el premio Magister de Escultura. Asimismo, en 2018, la Real Academia celebró en su sede una exposición homenaje a su figura que venía a conmemorar el proceder artístico del mismo, así como su contribución al estudio de la escultura a través de su obra y su magisterio.

La trayectoria artística de Eladio de la Cruz arrancó en la década de los sesenta. Inicialmente, durante una primera etapa de formación, el escultor se aproximó a las formas clásicas y a un estudio minucioso de los modelos y las temáticas tradicionales, al tiempo que dejó entrever su predilección por la representación del cuerpo humano.

“DESDE NIÑO QUISE SER ESCULTOR”

En su vida confluyeron una nómina inmensa de altos valores en el mundo artístico de las Islas. Hace cinco años, en una entrevista realizada por Zenaido Hernández en DIARIO DE AVISOS, Eladio de la Cruz respondía a la pregunta de qué le hizo escultor: “La vida despliega ante nosotros coordenadas que nunca llegaremos a entender. Supe desde niño que quería ser escultor. Comencé de aprendiz y terminé dando clase. La primera escuela que tuve fue la de doña Carmen González Valido, en la calle Santiago. No teníamos pupitres, solo un banquito, una pizarra, el pizarrín y el Catón. De allí pasé al colegio Fray Albino y al ir y venir solía quedarme mirando lo que hacían en un taller que estaba frente a mi casa, donde oía golpear la piedra que traían de Los Campitos. Sabía que allí trabajaba un artista, un hombre de bata blanca y pelo largo, una especie de dios o de sacerdote. Más tarde supe que se llamaba Enrique Cejas Zaldívar. Un día, que miraba detrás de la reja, oigo que me llama aquel señor: “Rubiales, ven aquí”, y me dio unos céntimos para que fuera al carrito de doña Mariana y le trajera cigarrillos Lucky. Me hice el mandadero suyo y poco a poco me vi ayudando, recogiendo los cinceles, los punteros, las mazas… Él y la vida me llevaron a buscar la huella del ser humano en la materia inerte”.

En otro momento de la entrevista, Eladio de la Cruz, preguntado por sus obras predilectas, reconocía que “todas son importantes”, aunque explicaba que “algunas me han dejado una huella enorme y lamento no tenerlas hoy conmigo, como es el caso de Eva que estuvo en mi primera exposición y me la compró el abogado Álvaro Belda. En esos años vendías una obra o recibías un premio y todos los amigos te felicitaban, así que la costumbre era que lo celebráramos con una comida. Muchas veces nos reuníamos en el Hotel Diplomático para compartirlo”.

Eladio de la Cruz revivía la ilusión con la que abordaba cada obra, el proceso y pasión que mantuvo para darles vida y la admiración que despertó en el saludo de sus compañeros, de sus alumnos y de los críticos de arte. Recordaba especialmente a Faly Gutiérrez, Gilberto Alemán, Luis Ortega… Hablaba de sus esculturas, obras que redescubría al paso de los años, de los proyectos expositivos, de los premios recibidos. “Todo en la vida es geometría y nuestro empeño es descubrir las claves y captar el mensaje”, aseguraba.

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