la laguna

Calle Núñez de la Peña (Antigua calle de Los Molinos, Los Olivos o Reyes Católicos)

Frente a las ruinas del antiguo templo de San Agustín, destruido por un incendio en el año 1964, comienza una de las calles más céntricas y largas del casco de La Laguna
Estampa nocturna de la lagunera calle de Núñez de la Peña. Mari Cruz del Castillo Remiro
Estampa nocturna de la lagunera calle de Núñez de la Peña. Mari Cruz del Castillo Remiro

Por Domingo Medina.| Frente a las ruinas del antiguo templo de San Agustín, destruido por un incendio en el año 1964, comienza una de las calles más céntricas y largas del casco de La Laguna, y termina en la plaza de Los Molinos. Lleva el nombre del historiador, genealogista y cronista lagunero Juan Núñez de la Peña.

Para poder entender mejor, esta calle la hemos dividido en dos. En su parte primera, esta larga arteria se cruza con las calles Alonso Suárez Melián, obispo Rey Redondo (La Carrera), Herradores y Manuel de Ossuna, que es la parte más próxima al centro histórico. Siempre fue un lugar muy concurrido por los jóvenes laguneros que, antes de entrar en el Instituto de Canarias Cabrera Pinto, visitaban los salones recreativos que instalaron los padres de los hermanos Morales (Luis y Tomás) para jugar alguna partida al futbolín o al billar, alquilaban una bicicleta en el taller de don Pablo o se acercaban a la próxima plaza de la Junta Suprema. También era muy visitado el estanco, instalado al comienzo de esta calle, propiedad de la misma familia donde entre otros artículos, se podía alquilar novelas de Corín Tellado o del género del Oeste americano de Marcial Lafuente Estefanía.

Esta calle siempre tuvo una actividad comercial importante, que se mantiene, pues allí estuvo la librería del profesor Melquiades Álvarez, el bodegón Acentejo, la cafetería Brasilia, la farmacia de Renedo, la ferretería El Candado, la tasca de Narciso Perera, otros almacenes y pequeños talleres de carpintería, de alquiler de bicicletas, zapatería, etc.

En un amplio edificio que se construyó a finales del siglo XIX, desde la calle Alcalde Alonso Suárez Melián (Bencomo) a La Carrera, se instaló el Hotel Tenerife Laguna (Islas Canarias).

Este hotel se anunciaba en las guías turísticas internacionales, en algunas ocasiones conjuntamente con el hotel Aguere, que aún permanece abierto. Era propiedad de la empresa Rodríguez y Jahnel, el Sr. don Agustín Rodríguez, uno de los propietarios, era muy conocido en el sector por haber sido director del Gran Hotel Orotava. Estas instalaciones del hotel lagunero tenían agua corriente, tanto caliente como fría, servicios de periódicos en inglés y alemán, teléfono en conexión con Santa Cruz de Tenerife, jardín y los empleados hablaban inglés, alemán y francés. Además, ofertaban excursiones en carros de caballo por la Isla.

Otro atractivo era la proximidad al casino de juego con ruleta, instalado entre la plaza de la Catedral y la calle de La Carrera. También la conexión del tranvía eléctrico entre La Laguna, Santa Cruz y Tacoronte.

Finalizando este siglo XIX, los médicos ingleses recomendaban el clima de La Laguna para curar determinadas dolencias, por ello distintos empresarios se lanzaron a la aventura de la explotación hotelera en nuestra ciudad, entre ellos, este que se instaló en la calle Núñez de la Peña, el hotel Aguere en la calle de La Carrera y el hotel Battenberg en la calle Anchieta.

En 1968 se instaló en un local al final de la calle de Santo Domingo, próximo a la plaza de San Cristóbal, por primera vez, el negocio de venta de “perritos calientes”, que más tarde se trasladó a la calle de San Agustín y finalmente a esta de Núñez de la Peña. Procedente de Las Palmas de Gran Canaria, el danés Jorge Peter Larsen introdujo en La Laguna la muy conocida Casa Peter, actualmente comercializada por su antiguo gerente Eric Nostrom.

Entrando a definir la segunda parte de la vía, y una vez que atravesamos la calle Seis de Diciembre (antiguo barranco de Cha Marta), la ciudad se adentra en el barrio más antiguo de Aguere, como es el popular de San Juan, que siempre huele a gofio. A la derecha de la calle nos encontramos con la urbanización de San Honorato, que se empezó a construir el 18 de octubre de 1960, un grupo de viviendas unifamiliares sobre una extensión de terreno que, de forma popular, se conocía como “la finca de la marquesa“, en referencia a la propietaria del suelo; para ello, se constituyó una cooperativa de panaderos, por ello esta urbanización lleva el nombre del santo patrón de ese gremio, San Honorato.

A continuación, y siempre por el margen derecho, nos encontramos con las calles La Retama y Manuel Hernández Martín, esta última recibe el nombre de quien fue director del coro y rondalla del laureado Orfeón La Paz hasta su fallecimiento.

En el margen izquierdo, y desde 1866, está instalada la molineta de gofio La Estrella de Oro, de don Isidoro Ortega, heredera de los antiguos molinos de viento que dieron nombre a esta zona del barrio de San Juan desde el siglo XVIII.

También por el lado izquierdo, destacan las edificaciones de un grupo de viviendas, cinco en total, tipo colonial conocidas como los hotelitos.

La calle termina en la plaza de Los Molinos, dejando a su izquierda las calles Baltasar Núñez, El Peso y el callejón de La Rosa, en recuerdo a lo que se denominó como el Llano de Los Molinos de Viento, donde llegaron a contarse hasta dieciocho.

El escritor, diplomático y científico inglés Richar Burton, en una de sus visitas a nuestra Isla, con motivo de su luna de miel, en marzo de 1863, describió una parte de esta calle, la más próxima al cementerio, como “…dejando a la izquierda un regimiento de molinos puestos en filas, que esperaban la llegada de Don Quijote“.

El 12 de septiembre de 1830, Juan el Gordo y Antonio Bico fueron fusilados en el Llano de Los Molinos ante las autoridades y con la asistencia de mucha gente. Acusados de robo y asesinato, en la persona de María Carrera.

El 14 de mayo de 1823 se inició un largo proceso, previo la instrucción de la causa, que acabó con la sentencia a muerte de estos dos encausados y el destierro a Ceuta, para cumplir prisión durante 10 años, a Ildefonso Martín, tercer acusado, por complicidad en la causa.

¿QUIÉN FUE JUAN NÚÑEZ DE LA PEÑA?

Nació el 31 de mayo de 1641 y falleció el 3 de febrero de 1721 en San Cristóbal de La Laguna. Era hijo de don Juan Núñez de la Peña, natural de Tenerife, y de doña María de Solís, oriunda de Córdoba. Fue bautizado en la parroquia de Los Remedios. Estudió Latín y Humanidades en el Colegio de la Orden de San Agustín de su ciudad natal, continuó sus estudios eclesiásticos y recibió órdenes menores en 1659. Desde muy joven viajó a Toledo, donde trabajó como escribano.

Regresó a las islas en el séquito del obispo de Canaria don Bartolomé Jiménez. A su regreso comienza a recopilar los datos y los documentos que le servirían para escribir la Conquista y Antigüedades de la Isla de Gran Canaria, una de sus obras más importantes.

Comienza la investigación de documentos municipales, notariales y eclesiásticos, cuando llega destinado al Ayuntamiento de La Laguna (Administración de toda la Isla de Tenerife). Confeccionó las ordenanzas municipales, consiguiendo con ello salvar documentos de gran importancia para interpretar la historia de Canarias hasta esa fecha. Como genealogista, estudió los apellidos de nuestro Archipiélago.

Por su trayectoria y conocimiento, en el año 1701, fue nombrado Cronista General de los Reinos de Castilla y León.

En los últimos años de su vida quedó ciego debido a las dificultades de consultar durante años tanta documentación antigua, pero, a pesar de la enfermedad, continuó elaborando informes de forma verbal.

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