política

Canarias, la región que más abrazó la Constitución del 78

Aunque seguida de cerca por Andalucía (92,39%), el Archipiélago fue la comunidad con más porcentaje de votos a favor de la Carta Magna en el referéndum del 6 de diciembre de hace 45 años, con un 92,41. La provincia tinerfeña lideró el “sí” y registró menos “noes”

Hace justo 45 años (el 6 de diciembre de 1978), Canarias y el resto de España hacían cola para ratificar en referéndum una nueva Constitución en aquella democracia que asomaba entre la esperanza; los miedos; las renuncias; los atentados y chantajes de ETA, el Grapo y otros terroristas; los golpes de Estado (o intentos) militares con intrincadas tramas civiles; las amenazas, asesinatos y boicots de la ultraderecha, y, en definitiva, “las necesidades hechas virtud”, como bien ha resumido ahora Nicolás Sartorios (exdiputado del PCE e IU) ligándolo a la explicación de Pedro Sánchez de su cambio con la amnistía por los sucesos en Cataluña y el 23J.
Las imágenes de aquellas filas en los colegios y fuera de ellos de gente con el sobre en la mano o dispuesta a cogerlo dentro fueron espectaculares y son ya icónicas de la democracia vigente. Lo fueron aquel 6 de diciembre (curiosamente, y como hoy, un miércoles), pero ya se habían dado en los comicios constituyentes del 15 de junio del 77 y se repitieron en las generales del 79, las locales de ese mismo año y otras consultas posteriores a distintas escalas.
Y no siempre se debió a la alta participación, sino a la esclerosis o entumecimiento del sistema (los fallos censales eran numerosos y los recuentos, interminables, tardándose días en el cierre definitivo). No obstante, resultaba comprensible aquella falta de hábito democrático en ese entonces tras 40 años de dictadura, con aquellos referendos franquistas sui generis (por decir algo) nada ejemplificantes como único recuerdo si uno no se remontaba a las últimas elecciones libres, las del 16 de febrero de 1936 en la II República, las ganadas por el Frente Popular que, a la postre, desataron el golpe de Estado franquista y la guerra y régimen posteriores porque las derechas no aceptaron aquella victoria.
De hecho, en esta consulta ratificadora de la Carta Magna del 78 votó solo el 67,11% del censo de todo el país (17,1 millones de papeletas emitidas, entre otras las del rey Juan Carlos y la reina Sofía, por primera y única vez en cualquier votación posterior en aras, entonces, de incentivar la participación y reforzar la importancia del texto constitucional nacido del célebre consenso de la Transición).
En Canarias, encima, ese porcentaje del 67,11 estatal bajó al 62,9. Esto hizo que, de la población con derecho a voto, solo “el 58% del censo dijo sí” en todo el territorio, que fue el antetítulo del día 7 de aquel año del periódico El País, dato que completaba un titular muy elocuente: “La Constitución, aprobada, aunque con mayor índice de abstención de lo previsto”. Esa abstención alcanzó el 32,89 sumadas todas las comunidades y las ciudades autónomas, y subió al 37,1 en Canarias, si bien no fue de las regiones donde menos se acudió a las urnas.
Del 67,11 que fue a votar, el 88,54 lo hizo de forma afirmativa y el 7,89, en contra, con un 3,57% de votos en blanco y un 0,75, nulos. El texto había sido aprobado en el Congreso y Senado el 31 de octubre del 78 y, aunque gustó en todas las regiones, Canarias demostró ser la más partidaria, con un 92,41% de sufragios a favor, seguida muy de cerca por Andalucía (92,39%), casi 4 puntos por encima de la media estatal en ambos casos.
En cuanto a los votos negativos, en el Archipiélago se alcanzó un 4,39% (el menor del país) y, en la región andaluza, un 5,52%.

EL PAÍS VASCO, LA QUE MENOS VOTÓ Y MÁS SE OPUSO

Estos porcentajes de apoyo contrastan con los del País Vasco (el PNV pidió la abstención), donde solo votó el 44,65% del censo, con un 70,24 de sufragios a favor y un 23,92 en contra (la izquierda abertzale reclamó el “no”). Algo similar pasó en Navarra, aunque con mucha más participación (un 66,63). En este caso, el “sí” convenció al 76,42% de los que votaron, mientras que optó por el “no” un 17,11%, claramente influenciados por los grupos que se oponían.
Sin embargo, la segunda región con menos participación, curiosamente, fue Galicia, con un escaso 50,2%, de los que, eso sí, un 90,06 votó a favor (por encima de la media) y un 5,92, en contra. El hecho de que AP, muy fuerte ya entonces en esta comunidad y con el gallego Manuel Fraga de referente, presentase a diputados en contra o a favor de la abstención seguramente influyó en tan baja participación en esta región, tan proclive a dar líderes de la derecha.
En Madrid, votó el 72,23%, con un 86,77 a favor y un 10,19 en contra (ya se notaba el peso de la ultraderecha, que se oponía, en la capital). En Cataluña, las cifras fueron un 67,91 de participantes, con un 91,09 de “síes” y un 4,65 de “noes”. Mientras, en la Comunidad Valenciana votó el 74,14 de los llamados a urnas y se obtuvo un 85,5 de votos afirmativos y un 7,03 de rechazos.
Los “noes” también fueron superiores a la media en Castilla y León, con un 9,23%, mientras que los “síes” alcanzaron el 85,75 tras una participación del 71,37%. Aún mayor fue el rechazo en Castilla La Mancha, con un 11,88%, un 84,98 a favor y un 73,82 de participación.
Del resto de regiones, en Extremadura votó el 70,51%, con un 89,85% a favor y un 7,39 en contra, mientras que Aragón mostró más entusiasmo participativo, al llegar al 73,58, si bien los “síes” se limitaron al 88,56 y los “noes”, al 6,77. En La Rioja, el 72,46% decidió ir a votar, con un 87,34 de votos afirmativos y un 7,91, negativos. Junto a Canarias y Andalucía, Murcia fue de las más favorables a la Constitución, con un apoyo del 91,3%, un rechazo del 6,25% y una participación del 71,44%, situación similar a la de Baleares: 70,18 de participación, 90,22% de votos a favor y 4,87%, en contra.
El entusiasmo en Canarias por la ansiada Carta Magna fue aún más acentuado en la Provincia tinerfeña, donde se dio un 93,64 de apoyos y la que menos votos en contra presentó (un 4,01), mientras que la de Las Palmas obtuvo un 91,33 favorable y un 4,73% de papeletas negativas.
Estos porcentajes contrastan con el 64,6 que se dio en Guipúzcoa, el 72,4 de Álava, el 73% de Vizcaya o el 76,4 de Navarra. Entre las provincias más favorables, y aparte de las canarias, destacaron Cádiz (93,5), Sevilla (93,2), Huelva (93,1), Málaga (92,8), Granada (92,15), Tarragona (91,7), Huesca (90,9) y La Coruña (90,8), entre otras,
El contenido de la Carta Magna lo habían negociado los principales partidos y lo aprobaron la UCD, el PSOE y una parte de AP (luego PP), toda vez que 8 diputados lo respaldaron, 5 se opusieron y 3 se abstuvieron en el Congreso. También votaron a favor el PDPC, UDC-DCC y el PCE. Por su parte, ERC se abstuvo en el Parlamento, aunque pidió el voto en contra en el referéndum, el PNV y MC hicieron campaña por la abstención y pidieron el “no” EE (Euskadiko Ezkerra), HB, BNPG (actual BNG), Fe-Jons, FN y otros partidos menores y de ultraderecha.
Por el camino, renuncias a la República, giro rápido y sorprendente del PCE aceptando la monarquía y la bandera rojigualda a cambio de ser legalizado, un PSP y un PSOE que se unieron y a los que costó más desprenderse del paño republicano, una amnistía por la que nadie pidió perdón y un innegable avance en estos 45 años, con peros, sí, aunque aplastante.

Lo que decía en su contra el inspector de Hacienda Aznar en 1979, con 26 años

Ahora que muchos que no la apoyaron la defienden casi como ley divina, conviene recordar que la Carta Magna del 78 es de las menos modificadas del mundo.
Es más, no viene mal repasar lo que dijo un posterior presidente que, en 1979, con 26 años, ya inspector de Hacienda, tres años antes de ser diputado (1982) y en la Nueva Rioja (vivía en Logroño), escribía esto: “Tal como está redactada, los españoles no sabemos si nuestra economía va a ser de libre mercado o, por el contrario, va a deslizarse por peligrosas pendientes estatificadoras y socializantes, si vamos a poder escoger libremente la enseñanza que queremos dar a nuestros hijos o nos encaminamos hacia la escuela única, si el derecho a la vida va a ser eficazmente protegido, si el desarrollo de las autonomías va a realizarse con criterios de unidad y solidaridad o prevalecerán las tendencias gravemente disolventes agazapadas en el término nacionalidades, y así un sinfín de transcendentales temas, cuyo desarrollo dependerá del equilibrio de fuerzas que surja el próximo 1 de marzo” (segundas elecciones desde la II República).

A que suena mucho y es actual… Sí, su apellido es Aznar y, no contento, añadía esto frente al, ahora, sacrosanto consenso de la Transición: “¿Cuántos artículos se debatieron en el Parlamento que, cabalmente, existe para eso? ¿Es este el precio de la democracia? ¿No será más bien el de una mala gestión de los asuntos públicos?”.

Frente a otros países, España apenas ha introducido dos enmiendas en su Constitución desde los 70, lo que contrasta con las 34 de Suecia y las 7 de Portugal. El primer cambio se produjo en 1992, sin necesidad de referéndum porque no lo pidió el 10% de los diputados ni afectaba al fondo de los artículos. PSOE, PP, CiU, IU-IpC, CDS, PNV y Grupo Mixto respaldaron añadir, en el artículo 13.2, la expresión “y pasivo” referida al derecho de sufragio de los extranjeros en comicios locales, adaptándose así al Tratado de Maastricht. El segundo se dio en 2011 y fue muy polémico. Zapatero, agobiado por la crisis financiera iniciada en 2007 con las hipotecas basura de EE.UU., presionado por la UE y haciendo caso omiso (curiosamente) a Felipe González, que se oponía a las recetas conservadoras de Merkel y los “hombres de negro” frente al keynesianismo de Obama, incluye el concepto de “estabilidad presupuestaria” en el 135 para priorizar el pago de la deuda pública con el apoyo del PP y UPN. Entre los cambios pendientes, queda igualar a las herederas de la Corona frente a los hombres. Además, Canarias exige que, como reconoce la UE, se incluya la condición de RUP y el REF para no estar al albur de lo que quiera o sepa cada nuevo Gobierno.

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