Navidad es sinónimo de compartir, de disfrutar en familia y de los amigos, de sorpresas y regalos diferentes. Y así fue para los 78 residentes del centro Familia Quesada Sánchez, en Tacoronte, que días atrás recibieron la visita de Norway, una poni de Tangoway Pet School, con la que realizaron actividades y pasaron un día especial.
El centro está gestionado por la Fundación Gerón, que siempre ha incentivado las intervenciones asistidas con animales. Todo comenzó en el año 2020, en el marco de un proyecto que tenía como objetivos concienciar a los mayores sobre la tenencia responsable y fomentar su independencia y la autonomía a la hora de tener una mascota que les haga compañía. En el centro viven dos canarios y una ninfa, también hubo una tortuga, los familiares pueden llevar de visita a sus animales, y desde entonces trabajan con Isco, un pastor garafiano, y Lia, un braco húngaro, los dos perros de Ariana Smyk, la psicóloga que inició el proyecto y que desde entonces se ha quedado en la residencia y continúa con las actividades con animales.

Más allá de los objetivos que propone para las sesiones, los usuarios y usuarias tienen una relación con Isco y Lia aparte de la que tienen con ella y a muchos de ellos “los ha ayudado a abrirse un poco”, cuenta Ariana.
“Hay personas con un deterioro cognitivo moderado o severo a las que les hace falta cierto estímulo, no hablan con ciertas personas y gracias a la estimulación de los perros han conseguido comunicarse, aunque no con una conversación extensa porque ya hay un daño en la persona” que es difícil reparar , explica la psicóloga.
Cada vez son más los colectivos que reciben este tipo de terapias ya que se ha demostrado que la interacción de la gente mayor que vive en una residencia con los animales consigue importantes beneficios emocionales y físicos. Mayor responsabilidad, mejor humor, estimulación de la mente, mejora del estado de ánimo, son algunos de ellos.

Por eso, en el centro Familia Quesada Sánchez este año se ha querido dar un paso más en el trabajo con los animales y dado que Ariana tiene formación en la terapia con caballos, propuso que Norway fuera a la residencia, una visita inesperada pero al mismo una experiencia que ha resultado muy gratificante para todos.
La profesional explica que en las intervenciones asistidas no es tan importante la actividad en sí sino crear un vínculo entre el animal y las personas mayores, para que éstas se sientan cómodas, sobre todo en las primeras sesiones. “Al final, un poni es un animal que no están tan acostumbradas a ver como a un perro y primero había que ver cómo interaccionaban”, apunta.

El primer paso fue presentarles a Norway, se les invitó a acariciarla y mientras lo hacían se les preguntaba cómo se sentían tocándola, incluso hubo quienes se animaron a darle una chuche.
Una vez que se rompió el hielo se iniciaron las actividades previamente planificadas. La primera fue un cepillado. Cabe resaltar que para quienes tienen un deterioro cognitivo leve es una forma de seguir creando vínculos, de ver cómo se mueve un animal que no hace caso si se le pide que esté quieto, y de sentir el calor que desprende.
La segunda que se realizó fue de estimulación cognitiva con aros de cuatro colores diferentes: rojo, verde, azul y amarillo. Una vez que los memorizaron, la poni desaparecía y cuando regresaba lo hacía sin uno de ellos para que adivinaran qué color era el que faltaba. Esta dinámica no solo busca estimularlos cognitivamente, sino también fortalecer su atención y percepción visual.

La idea es continuar con iniciativas de este tipo aunque todavía hay que estudiarla y desarrollarla bien dado que no resulta sencillo movilizar a este tipo de animales.
Arina Smyk confiesa que la experiencia “fue más enriquecedora de lo esperado” porque “aunque ya había hecho terapias asistidas con caballos no es lo mismo trabajar con residentes que conoces, vas siguiendo y valorando a diario y les coges cariño. Ver sus caras de asombro y de felicidad fue maravilloso. Les encantó estar con Norway, al final querían acercarse más, acariciarla, sacarse fotos, y al final la actividad se alargó más de lo esperado pero valió la pena”.





