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“Hay una gestión miope e irresponsable del Estado al informar sobre migración que facilita las expresiones racistas”

Txema Santana es uno de los periodistas canarios que más ha trabajado y conoce el fenómeno migratorio
Txema Santana, periodista especializado en migración. / DA

Txema Santana es uno de los periodistas canarios que más ha trabajado y conoce el fenómeno migratorio. En un mundo de mensajes tan instantáneos, de brocha gorda, inmediatez y cortoplacismo político, es de agradecer su nivel de profundización, perspectiva y crítica. Por ejemplo, para censurar la “miopía del Estado” a la hora de informar de algo que requiere de máxima transparencia, madurez y valentía precisamente para no alimentar más el racismo. Ergo, lo que sigue no tiene desperdicio.

-Muchos migrantes se quejan del tratamiento periodístico del fenómeno en España, sobre todo en televisión y que se hable de crisis, oleada o invasión: ¿hemos ido hacia atrás en esto y fomenta más el racismo?
“El periodismo está y debería estar en continua revisión sobre cómo explica e informar respecto a los retos del presente y el futuro, y también sobre cómo cuenta el pasado. Hay algunos asuntos, entre ellos las migraciones, que han sido sujeto de debates por susceptibilidad, porque se mezclan muchos elementos y, sobre todo, por una cuestión de derechos humanos básica que hay que tener siempre en cuenta y poner por delante. A partir de ahí, las competencias están muy difuminadas y el ejercicio del periodismo, que ha consistido en relatar lo que está ocurriendo en fronteras, en las llegadas, no siempre ha venido acompañado de buenas prácticas cuando se trata de informar sobre la llegada en sí y los días posteriores, y casi siempre desde una perspectiva local. Es un fenómeno global del que se informa desde lo local y eso genera elementos discutibles y otros muy discutibles, aparte de que hay medios polemistas que, con lo de la rentabilización del clic y esas tendencias que minan la labor informativa, pues se hace un periodismo sensacionalista para confirmar sesgos y llamar la atención del lector…”.

-¿Dice medios polemistas por no decir racistas?
“Bueno, en ocasiones han sido abiertamente racistas, dependiendo del medio, y, en otras, simplemente ha sido informar de forma polémica sobre ciertos asuntos para llamar la atención y generar una mayor rentabilidad, lo que se llama la dictadura del clic (pulsar enlaces de sitios web)”.

-Se sigue la migración a la llegada, pero se olvida qué es de esas personas en su tránsito a Europa o la propia España…
“Sí, ocurre que estamos mucho más pendientes de las llegadas, que sí, que es un hecho importante y noticioso cuando llegan personas vivas o se rescata a supervivientes, pero, a veces, se pierde la perspectiva, se informa solo de este hecho puntual. He recorrido todas las Islas hablando de esto y veo que mucha gente piensa que los que han llegado a Canarias siguen aquí, algo increíble. No obstante, añado que las instituciones públicas deben mejorar sus hábitos de transparencia en información sobre migración. Evidentemente, la sensible que afecte a la vida de las personas no puede comunicarse, pero en los últimos 4 años hemos visto, y es algo de lo que deberíamos aprender, una gran opacidad, por ejemplo, sobre la estacionalidad de las personas, cuál es el tránsito, los procedimientos…”.

-¿Se trata del miedo y del cálculo electoral de siempre?
“Sí hay eso, aunque más que cálculo electoral, se trata de una gestión cortoplacista de un fenómeno amplio, diverso y sobre el que la ciudadanía tiene muchas dudas y precisa respuestas, por lo que dificultar la labor a los medios no parece la mejor estrategia. Evidentemente, este tema en Canarias, España y Europa es un asunto que, electoralmente, tiene su repercusión para los partidos y lo veremos en las próximas elecciones europeas. Explicarlo bien es una gran oportunidad para hacer llegar a la ciudadanía la situación real de las migraciones y habría que hacerlo sin miedo, con franqueza y afrontando las necesidades que tengamos”.

-Mucha gente, incluso formada, se sorprende al saber que, de los extranjeros en España (7 millones), menos del 1% procede de África, y a esto se suma que casi no se aborda la llegada por aeropuertos: ¿hay intereses… digamos sombríos detrás?
“No sé qué tipo de interés puede haber, pero lo cierto es que la ciudadanía demanda más información y, si no se ofrece de calidad por parte de las instituciones, con transparencia y dando facilidades a los medios, al final acaba obteniéndola por otras vías y consume información, en ocasiones, en lugares tóxicos o donde se cuentan verdades a medias que generan, al final, una gran y dañina mentira hacia la ciudadanía local y la población migrante. Esto lo hemos vivido los últimos tres años en Canarias, con momentos en los que hacía falta más trasparencia e información y, ante la ausencia de ella, se ha generado mucha no del todo cierta que parte de los ciudadanos han dado por buena. No se puede gestionar los flujos migratorios solo con rescates y la acogida, sino también la inclusión y el acceso a la información, y más con un asunto de estas características porque, si la mayoría de la población supiera cómo funciona esto, tendría una opinión más formada en base a datos e historias reales. Sin embargo, esta opacidad, esta gestión ineficiente y, en ocasiones, irresponsable y hasta miope por parte del Estado y las autoridades canarias, conduce y facilita expresiones racistas entre población que antes no estaba en estas tesis”.

-¿Qué le parece el Pacto sobre Migración de la UE y que se fijen 20.000 euros para poder desprenderse de un migrante?
“Creo que está hecho desde una perspectiva de seguridad, no holística ni humanitaria, entendiendo que hay que habilitar nuevas vías legales y seguras, sino cómo podemos reforzar el control. Esto responde a una demanda de los estados de la UE. Aún estoy estudiando los 5 reglamentos aprobados y que modifican las estructuras de las fronteras de la UE, entre ellas la de Canarias. Se abre un escenario nuevo en el que es posible que las personas prolonguen su estancia en nuestras Islas y hay que ver cómo se gestiona esto, así como la privación de la libertad a menores que contempla el Pacto, los rescates y traslados al Estado español o a otros países si así se considera… Más que los migrantes cuesten 20.000 euros, con esta herramienta se ha habilitado que los países puedan pagar al Estado receptor para no gestionárselo y esto supone una vulneración de derechos humanos que hay que ver cómo impacta. Mi impresión es que, tal y como están planteados, estos reglamentos no son aplicables. Vamos a ver cómo lo hacen”.

-¿Por puro pragmatismo?
“Sí, y por capacidad en el retorno. Los centros de internamiento de extranjeros están habilitados en la ley, pero no cumplen su función. Se supone que están para las personas privadas de libertad para ser retornadas a sus países y es absolutamente imposible cumplirlo. Sobre migración y extranjería, a veces se promulgan leyes que no son aplicables en la realidad, y eso ha pasado o puede pasar con el Pacto. Dicho esto, sí creo que la UE debe tener una norma armonizada entre todos los estados para gestionar los flujos migratorios, pero no creo en la literatura de seguridad que se ha introducido en este acuerdo”.

-Es muy crítico con que se entierre a personas que mueren en la ruta canaria y ni se investigue su nombre… ¿Esto refleja, casi, un racismo inconsciente, estructural, pura inhumanidad…? ¿Qué se puede hacer?
“No lo sé, la verdad. Es una de las preguntas que más me inquietan porque son muchas las familias las que solicitan información. Solamente en 2023, según el último informe de Caminando Fronteras, hubo más de 6.000 muertes en esta ruta, la cifra más alta desde 1994. Se trata de un 16% de las 39.000 que lo intentaron, otro récord histórico. ¿Y quiénes son? Las que han llegado sin vida a tierra, a veces, a base de testimonios de sus compañeros o de documentación que tenían a bordo, se pueden identificar y se han enterrado con nombres, pero hay miles bajo el mar que no sabemos quiénes son ni nada sobre ellos. Apelo a que las muertes nos duelan igual sean como sean, pues las que se dan en el océano son huecos muy grandes que dejan en sus familias. Además, los que mueren, si atendemos a los que sobreviven, dejan un grito claro: no tenían otra forma de migrar que no fuese esta. Entre ellas, hay niños que intentaban escapar con sus familias, hombres y mujeres jóvenes que buscaban una vida nueva, poder trabajar en otro lugar o escapar y lo que han encontrado es un océano. El hecho de que no existan vía legales y seguras impide reconocer este movimiento como una característica más de una economía globalizada. Los recursos naturales de Senegal, Gambia, los países de África occidental… están en un entorno de globalización, pero no las personas que viven ahí. En su periódico, Adama decía que, como francesa, puede migrar, pero no como senegalesa, y esa es la gran contradicción porque la movilidad humana ha crecido imponentemente en las últimas décadas, sobre todo, entre países ricos, del norte, impidiendo, sin embargo, que los que viven en el Sur puedan participar de algún tipo de migración, que puede ser circular, temporal, laboral… Hablemos de ello”.
-¿La clave pasa por una negociación directa entre la UE y la Unión Africana o es quimérico?
“No sé por dónde pasa; sí creo que la UE debe aprender y gestionar los flujos con seguridad, que es lo que quieren sus estados, pero también como oportunidades para que los que quieran buscar una nueva vida o necesiten huir por lo que sea, que tengan una vía y no se lancen al mar. A partir de ahí, también habría que hablar de la gobernanza en los países africanos, de su inestabilidad y cuál es la influencia de Europa en eso”.

-También está la contradicción demográfica de Europa…
“Para los más pragmáticos, esa es una característica más por el envejecimiento frente al boom demográfico en otros sitios, lo que, con la migración, se podría equilibrar. Pero, más allá de eso, que le parece interesante a los que ven esto con una perspectiva economicista y realmente lo es, en la arquitectura de un mundo futuro no podemos seguir creyendo que la gente va a dejar de moverse aunque tenga necesidad. En un mundo en el que un africano tiene a su hermano en París, a su prima en Toulouse y a su padre en Madrid, que ve la liga francesa en su TV, que habla francés, que la Torre Eiffel casi forma parte de su paisaje cotidiano por el impacto cultural de Francia en Mali, por ejemplo, si su moneda se gestiona desde París porque el Banco Central está allí, si sus referentes culturales y deportivos están allí… ¿por qué no puede ir él? Toda esta arquitectura de movilidad habría que revisarla, y no solo desde más control. Entiendo que haya gente interesada en el control y me parece legítima esa perspectiva, pero no si es la única”.

-¿A qué achaca que Canarias conozca tan poco la costa africana que está aquí al lado? ¿A nuestro vínculo con América?
“Hay más gente que conoce esa parte de lo que parece, y tiene cada vez más relación, por ejemplo, con Senegal en los últimos 20 años, sobre todo por la llegada de muchos chicos”.

-En esta provincia, no tanto…
“Puede ser… Está claro que tenemos más vínculos con América Latina, con Cuba, Argentina, Venezuela, Uruguay… También influye el conflicto de El Sáhara Occidental y Marruecos, que ha impedido que mantengamos relaciones más fluidas con unos y otros. Eso es clave, porque la mayor parte de los rescates se dan en una zona muy próxima al Sáhara y, salvo este boom de 2023, la mayoría llegaba de ahí o del sur de Marruecos. Y es que el Sáhara es uno de los pocos países que quedan por descolonizar. Es un conflicto de baja intensidad a las puertas de Canarias, que no se ha resuelto y, hasta que no se deshaga este nudo, las relaciones con el continente africano de proximidad costarán más. Los lazos con América se tejieron más y la incorporación, desde el boom turístico, de España a la UE también nos ha ido europeizando culturalmente”.

-Se suele decir que Canarias no es tan racista como otros sitios: ¿lo palpa, lo nota?
“Bueno, he escuchado a personas con quejas bastante racionales a los que se les ha llamado racistas, a otras abiertamente racistas… He visto prácticamente de todo, como muchos que transitan de posiciones más racistas a tener más información y ser más comprensivos, o lo contrario, personas dispuestas a ayudar y entender, pero pasar a posturas más conservadoras y soberanistas… Hay de todo…”.

-¿Hemos olvidado demasiado nuestro pasado migrante?
“Creo que no, lo tenemos aún presente porque muchos jóvenes deben salir de Canarias en busca de una oportunidad. No hablamos del paraíso del pleno empleo, el paro juvenil aún es muy alto y muchos se marchan a Europa a buscarse la vida. Seguimos emigrando, no en la intensidad y dimensión de antes, ni en la lejanía, pero seguimos. Sí he sentido que, tanto las instituciones como la ciudadanía, ante la falta de respuesta del Estado y de las administraciones locales, se sienten muy solas con esa conceptualización de estar aislados y, por eso, las respuestas a la migración deben ser claras, firmes y rápidas. Eso es clave para saber cuál es nuestro rol y qué debemos hacer para aportar una mínima solución en un espacio temporal breve, que es en el que están esas personas aquí”.

-¿Cómo luchar contra el racismo si falla la educación?
“Con contundencia, con mucha pedagogía, transparencia, explicando, enseñando, mostrando, tomando decisiones drásticas cuando se den agresiones verbales o físicas por el origen. Esto debemos tenerlo integrado porque no podemos permitirnos en nuestra sociedad que, por venir de un país asiático, africano o latinoamericano, se den generalizaciones que acusan, señalan, estigmatizan, hacen mucho daño y condicionan la vida de tantos. Ha de haber una estrategia transversal y ser conscientes de que a muchos les interesa esa polarización y división, buscar un chivo expiatorio y un enemigo a quien acusar, y esto lo vemos en todos los países, con una ola ultraconservadora en algunos que hace de las migraciones el tema central cuando, en la mayoría de casos, no es la principal preocupación”.