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De los otoños verdes al invierno más seco

El paso de la borrasca Hermine, en 2022, fue el último episodio destacado de lluvias en el Sur y dio origen a imágenes que nada tienen que ver con el paisaje actual
De los otoños verdes al invierno más seco
Estampas comparativas en los municipios de Arico y Granadilla del mismo paisaje: en las fotografías superiores, aspecto tras el paso de la borrasca Hermine, en otoño de 2022, y en las inferiores su situación actual. / J. C. M.

Todas las alarmas han saltado en el campo canario, que ve cómo el sector se asfixia estrangulado por la burocracia, la subida de los costes de producción, la caída de la renta, la competencia desleal y el impacto de la Agenda 2030. Factores que colocan entre la espada y la pared a los agricultores y ganaderos isleños, que estos días se movilizan en las calles, y que acarrean otro problema que no es menor: el alejamiento de los jóvenes de estas actividades y la consiguiente amenaza del relevo generacional.

Pero, por si fueran pocas adversidades, la sequía termina de completar la tormenta perfecta -paradójica denominación hablando de la falta de lluvias– y dibuja un panorama más que preocupante que llevará al Cabildo a estudiar la próxima semana la declaración de emergencia hídrica para la Isla.

La institución que preside Rosa Dávila ha convocado al Consejo Insular de Aguas, la empresa pública Balten y las áreas del Sector Primario y Medio Natural, Sostenibilidad, Seguridad y Emergencias para analizar la situación y declarar, si procede, el estado de emergencia, que “afectaría a toda la población”, en palabras de la presidenta insular. La luz roja se ha encendido en los embalses, por debajo del 40% en pleno invierno, una cantidad que resulta insuficiente para que el sector agrícola afronte con mínimas garantías el próximo verano.

“Nos enfrentamos al mayor período de sequía continuado de la historia y Tenerife tiene la situación más grave de Canarias”, manifestó esta semana el vicepresidente del Cabildo, Lope Afonso, que, junto al consejero insular del Sector Primario, Valentín González, ha puesto sobre la mesa un total de 14 medidas para tratar de responder a la demanda de riego del sector, especialmente con la mirada puesta en un período estival que se presenta crítico. Entre ellas, la mejora de infraestructuras, acciones a corto plazo con nuevos sistemas de desalación y de incorporación de agua regenerada y una mayor eficiencia de las redes de distribución.

La presidenta de Asaga, Ángela Delgado, subrayó que el descenso de la pluviometría incrementa la transpiración de las plantas, lo que significa que consumen “mucha más agua” y recordó que el nivel de las balsas es un 30% inferior al del año pasado. Si no llueve pronto, advirtió Delgado, la situación de la papa puede ser “catastrófica” y los precios serán más altos que el año pasado.

En pleno invierno, los paisajes del sur de Tenerife presentan una imagen que en nada se parece a la de hace poco más de un año, cuando el paso de la borrasca subtropical Hermine, recién estrenado el otoño, pintó de verde la comarca, que lució durante semanas un manto de vegetación desde la cumbre hasta la costa, una estampa que no se recordaba tan uniforme desde hacía un lustro.

El ciclón formado en Cabo Verde y venido a menos en Canarias generó abundantes lluvias que cayeron serenamente y sin viento durante tres días, lo cual permitió empapar la tierra sin causar estropicios y reponer parcialmente acuíferos, embalses y estanques para alegría de los hombres y mujeres del campo, en la antesala de la gran siembra de papas de Canarias.

Hermine fue una bendición. Transformó, como por arte de magia, el paisaje de las Islas y especialmente del Sur, que mutó su piel por completo. Las zonas áridas desaparecieron. Donde antes había secarrales, el verde se impuso como color dominante. Nada que ver con lo que ocurre ahora. No hay más que comparar las estampas de hace poco más de un año y las que se pueden contemplar cualquier día de estos, con terrenos resecos y amarillentos, tabaibas marchitas, unas medianías muertas de sed y un campo que sigue pidiendo agua por señas.

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