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Candy Raya: “Se debería enseñar mucho más el mundo animal y la naturaleza en las escuelas”

Presidenta de la Sociedad Animal Portuense y responsable del refugio canino situado cerca del túnel de Martiánez
Candy Raya: "Se debería enseñar mucho más el mundo animal y la naturaleza en las escuelas"

Candy Raya es todo un carácter. Presidenta de la Sociedad Animal Portuense y responsable del refugio canino situado cerca del túnel de Martiánez (sustituyó al de Punta Brava), resulta imposible que pase inadvertida. Esta “ecologista” de 70 años, como ella misma se define, vivió mucho tiempo en Teno Alto y aún conserva allí una casa, aunque ahora reside en el Puerto. Lleva toda su vida con animales y cuatro décadas en protectoras. En lo que sigue, cuestiona los zoológicos, habla de los pros y contras de la Ley de Protección Animal y, sobre todo, considera clave enseñar mejor el mundo animal y la naturaleza en los colegios, “porque muchos niños confunden las cabras con las vacas y llaman cocodrilo a los lagartos o verdinos grandes”.


-¿Cuál es la situación del refugio (espacio que pertenece a Costas, que iba a acoger una depuradora por un nuevo hotel, pero que, al no hacerse, lo usaron indigentes y, al final, se hizo perrera hace 11 años por mediación del consistorio, tras entregarle las llaves Aqualia)?
“Este es un sitio especial y grande. La idea, al principio, es que hubiera unos 10 perros abandonados, pero, claro, desde que se supo que se les podía dejar, vino gente de otros municipios. Llegó a haber unos 60, aunque ahora son 16. Siempre he ido a mi aire. De hecho, cuando se cierra el refugio de Punta Brava, me llevo los perros a Teno Alto, destrozando mi casa porque hasta quité las puertas para que tuvieran patio. No obstante, y como había un problema con los pit bull, le pedí a Marcos Brito tener un espacio en el Puerto y me dio esto. Desde la COVID, le solicité al actual alcalde quedarme aquí hasta sacar a los perros más viejos y que vinieron con muchos problemas. Me quedé, pero, desde entonces, he sufrido un acoso y derribo del edil del área, que creo que es ya un problema personal, no político”.


-Pero, ¿le han pedido oficialmente que se vaya de aquí?
“Por parte de ese concejal, sí. Me ha mandado tropecientas inspecciones y es verdad que está todo viejo, pero hay siempre comida, agua y no le falta ni veterinario ni nada a los perros”.


-¿Cuántos socios tiene?
“Ninguno. A veces, vienen chicas a sacar perros o ayudarme, pero esto lo llevo básicamente sola. Antes, podían aparcar los coches con facilidad por fuera y había hasta 20 para pasear perros o ayudar, pero no desde que pusieron el muro. Luego, el edil me retira a los chicos que, por Instituciones Penitenciarias, colaboraban con servicios a la comunidad…”.


-¿Los que hay son perros de diversos municipios?
“No, todos del Puerto, aunque ellos (consistorio) digan que sí. Antes de la COVID, sí dejaban perros extranjeros que se iban, dejando unos 300 euros o así”.


-¿No tiene ayuda económica?
“Solo de un alemán que, por su cumpleaños, aporta a cuatro protectoras, aunque prefiero no decir su nombre. Sí tengo un veterinario maravilloso, Carlos, de la clínica Los Cuartos (La Orotava), que me cobra el material, pero colabora mucho y viene a hacer informes y cartillas cada 15 días, manteniéndolos al día y realizando analíticas aleatorias. También viene si hay uno malo o yo los subo a operar. Gracias a él, nos mantenemos”.


-¿Hay más perros abandonados por la nueva Ley?
“Sí, cada vez que se anuncia una nueva ley, hay más en la calle. Esta norma, en gran parte, está bien en la teoría, pero es difícil aplicarla. Todos los animales deben ser iguales y no comparto lo de los pit bull, por ejemplo, y otros (tratados diferentes por su potencial peligro). Lo que deben hacer es subir las sanciones. No se puede permitir que alguien diga que no sabía que su perro debía tener microchip y no le pase nada si lo para un policía. Es su obligación, tiene que conocer las normas. Debería ser todo más estricto”.


-No obstante, muchas protectoras sí ven bien la ley…
“Pero yo soy un poco atípica… Vengo del mundo del ecologismo y pienso que el perro, el gato… todos los animales son libres. Hay que darse cuenta, eso sí, de que no es lo mismo soltar un perro en una carretera que en el monte. No se puede permitir que, en un paraíso como Teno Alto, unos peleen con otros o entren en propiedades a pisotear todo. Se llama empatía. Es el ser humano el que falla, no los animales. La ley ha hecho que se abandone más, pero por efecto llamada, porque muchos, por ignorancia y porque no la entienden, se asustan con algo tan fresco y que habla de hacer tantas cosas con su perro que prefieren abandonarlo, al creer que no podrán mantenerlo”.


-Con su visión ecologista, ¿qué piensa de los zoológicos?
“Los quitaría, pero también digo que, si los quitas todos, se agravaría eso de los niños que confunden las cabras con las vacas y te preguntas qué le enseña el padre. O ven un lagarto o un verdino grande y dicen convencidos que es un cocodrilo. Hay que enseñar mucho más y mejor el mundo animal y la naturaleza en los colegios”.


-Va a peor el tópico del niño urbanita que le hablas de un pollo y dibuja uno cocinado…
“Exacto. Sí digo que, una vez, me invitaron al Oasis Park (Fuerteventura) y me encantó por cómo cuidan a los animales, aunque soy la primera que defiendo su libertad. Eso sí, dónde estarían si no los recogen allí. Pero me chocó una cosa y, en una feria en La Laguna, le dije al hijo de los dueños que veo mal que a los chimpancés que los dedican a la prostitución…”.


-¿A la prostitución…!
“Sí, se han retirado muchos de la prostitución tras años viviendo o acostándose con señoras. Tienen un pensamiento como el tuyo y el mío. Los han criado y habituado a pintarse las uñas, los labios, vestirse…”.


-Eso es una atrocidad…
“Pues es real y, por eso, le dije que no debían estar con el resto porque se aíslan y se arriman tristes en una esquina. Deben tener su propio espacio aparte… Y me respondió que tenía razón”.

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