Carlos Abreu es un autónomo en el más amplio concepto del término. Desde el punto de vista empresarial, porque ha optado por esta figura para desarrollar su proyecto laboral sin trabajadores o colaboradores (lo prefiere así para “transmitir mi propia experiencia porque, si no, pierde tu esencia”), pero, más filosóficamente, porque a las personas que les apasionan viajar y, encima, han convertido su afición en una forma de vida, la autonomía, la soledad y valerse por sí mismo les resulta consustancial.
Desde hace trece años, este guía profesional de barrancos y montaña no solo organiza excursiones a cauces y otros enclaves naturales de Tenerife con su empresa Canarias Senderismo y Más…, sino que ha ido ofreciendo, poco a poco, viajes de aventura para grupos (todos residentes en Canarias) a diversos países que ya le han convertido en un referente en este ámbito en las Islas, con una experiencia muy apreciada por sus clientes, muchos de los cuales son ya asiduos repetidores, y una conciencia bien asentada sobre lo que debe ser el turismo en estos tiempos en los que la clase media mundial cada vez compra más billetes o reserva alojamiento en países dispares.
En unos tiempos en los que, justamente por ese motivo y con razón, se habla tanto de masificación turística, de hartazgo de “locales”, de la necesidad de regular el alquiler vacacional, de que se baten récords en las cifras cada mes, cada año… en una etapa con una tendencia prácticamente global desde la pandemia, Abreu muestra una visión marcada por la cordura y el sentido común. Consciente de la riqueza que crea este subsector en los destinos y en múltiples ámbitos, “pues de esto come mucha gente”, aboga también por controlar los flujos y evitar situaciones que cree alarmantes, “como lo que pasa cada día, ya no solo los fines de semana, en el Parque Nacional del Teide o en Anaga, donde los residentes casi no pueden acceder o salir por el número de vehículos aparcados o por la vía. En Las Cañadas, y por el insuficiente número de guardas desde hace mucho, se ven cosas increíbles, como gente sin agua, sin ropa adecuada o sin protección ante el sol que pretende hacer excursiones de las que no tiene ni idea de su dificultad y riesgos, como subir al Teide”.
No obstante, también alerta del “exceso de regulación” que, en ocasiones, se ha dado en ciertos lugares y que, al final, también “es perjudicial por efecto de los extremos, por quedarse muy cortos en unos casos o no dejar hacer nada en otros, si bien luego no se controla ni fiscaliza lo llevado a la norma”.
Según recalca, el turismo va a seguir creciendo y es un fenómeno mundial “acelerado desde el covid. Lo hemos notado claramente. La gente quiere salir, hacer cosas, no dejarlo para más adelante si puede permitírselo. Esto ha hecho que suban los precios y, por ejemplo, viajes que organizábamos antes a Islandia en marzo para ese verano, las agencias con las que colaboramos los están adelantando a noviembre u octubre porque, si no, o no se consiguen billetes o plazas en el destino o los precios se disparan y se hacen casi prohibitivos para muchos, sobre todo en un sitio tan caro pero también tan demandado como Islandia, que está sufriendo este auge desde hace tiempo”.
Por eso, y para evitar que los gastos de sus clientes sigan subiendo, este año ha optado por aumentar las plazas de los que guía en países como Vietnam, Marruecos, Chile, Perú o cordilleras como la de Los Pirineos “para no tener que pedirles 200 euros más, por ejemplo. Eso sí, apenas dos personas más (suele organizar viajes para entre 8 y 15 personas, mientras que los descensos por barrancos con agua tienen un máximo de 8)”. Según indica, intenta hacer asequibles “para cualquier bolsillo” estas aventuras, aunque con una oferta que varía en función del coste de vida en cada nación y también las excursiones en Tenerife, “de forma que puedan ir cada fin de semana”.
MAYORES DE 18 AÑOS
Abreu lo tiene claro y en sus excursiones y viajes (5 o 6 al año, en función de las estaciones y destinos) solo permite a mayores de 18 años. Además, usa precisamente el Teide, “montaña de casi 4.000 metros que no hay que tomar a la ligera”, como referente para saber si el cliente tiene un grado bajo, medio o alto en montañismo y para sobrellevar su oferta para esos niveles: “Si lo han subido sin problemas, es más fácil ubicarlos en las experiencias más exigentes, como las de trekking o ciertos barrancos”.
Como guía, pero también como intermediario turístico, los viajes por el mundo los organiza en colaboración con la empresa tinerfeña Hemispheria Travel y agencias en los destinos. Apuesta normalmente por amplios y estudiados programas de actividades en zonas que conoce bien. La duración de las estancias es variable (una semana, dos, más…) y la experiencia suele marcar a sus clientes. “Muchos tienen claro que es el viaje de su vida y eso se nota”. Eso sí, y en línea con esa masificación en boga, entiende que haya reacciones en contra de residentes que, como en Canarias (tal y como reflejaron las manifestaciones del 20A), se topan con dificultades para convivir cada vez con más turistas.
Por el contrario, y según remarca, “el español es muy viajero y eso se refleja ya en sitios como Vietnam, adonde están yendo cada vez más. Esta tendencia va a seguir y, aunque el turismo crea mucha riqueza, debe buscarse siempre un término medio para que haya equilibrio y no crezca este rechazo social de ahora”.
Aunque parezca lo contrario, Abreu descuida, incluso, la necesidad de difundir su oferta en redes, pero a poco que se entre en su perfil de Instagram, y como prueban estas imágenes, los lugares a los que lleva a sus clientes por el mundo (con una creciente apuesta ahora por América del Sur) son espectaculares; las fotos, inolvidables y marcadoras, y el potencial y resultados en barrancos de la Isla, como el de Badajoz (Güímar) o Los Arcos (La Orotava), tampoco le van a la zaga.
Desde su autonomía y visión, Carlos Abreu seguirá ofreciendo aventuras inolvidables que, si se disfrutan, pueden ser el gran viaje de la vida de muchos.





