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“Sanidad debe bajar la edad del cribado para una mamografía; cada vez hay más menores de 40 años”

Elizabeth Torres, afectada de cáncer de mama y voluntaria de la Asociación Ámate
Elizabeth Torres, afectada de cáncer de mama y voluntaria de la Asociación Ámate. Fran Pallero

El cáncer de mama no tiene edad, y Elizabeth Torres es un ejemplo de ello. Con 37 años comenzó a notarse bultos en el pecho. Tras unos primeros descartes pensando que eran bultos benignos, su insistencia llevó a unas pruebas más profundas que confirmaron el peor diagnóstico confirmado por las biopsias, un tumor de mama triple positivo, de los más agresivos. Elizabeth encontró en la Asociación de Cáncer de Mama de Tenerife (Ámate) una familia que la acogió, asesoró y ayudó en el curso de su enfermedad, lo que motivó a esta joven a iniciar una colaboración voluntaria que actualmente es más extensa.. En el diálogo con DIARIO DE AVISOS pide romper estereotipos, las mujeres con pecho denso pueden ser más propensas a tener este tumor, por tanto, el programa de cribados para la detección debe comenzar antes.

-Notaste los bultos, pero ni los especialistas ni las mamografías fueron claros¿Cuándo llegó el diagnóstico?

“Me detecte el bulto con 37 años, fui al ginecólogo inmediatamente. Cuando tienes menos de 40 años, no tienes antecedentes familiares, has dado el pecho más de 8 meses…, cumplía una serie de requisitos que estadísticamente dicen no tenía por qué tener cáncer. Con la ecografía en la consulta me dicen que todo aquello es benigno y me volví a casa. En enero de 2021 pasé por otro ginecólogo y le dije, mírame bien que tengo un bulto aquí, y también me dijo que serían benignos. Sin embargo, en junio, estaba muy intranquila porque creía tener síntomas claros de cáncer de mama y acudí a otro médico. Me hace la ecografía, me dice que es benigno y yo insisto y le comento los síntomas que tenía: piel de naranja o que al hacer determinados movimientos el pezón intenta como meterse para adentro. Entonces ahí sí es verdad que le cambió la cara, me mandó a que me hicieran una ecografía mucho más profunda y ahí fue cuando, pese a que en el pecho todo parecía benigno, descubrieron cerca de la axila que ya tenía seis ganglios afectados en ese momento”.

-Hay que comenzar a romper tópicos, no eres la primera ni serás la última joven que con un pecho denso tenga cáncer

“Dado que cada vez están saliendo diagnósticos en mujeres más jóvenes, creo que Sanidad debería bajar la edad del cribado para hacerse una mamografía. Hay que adaptarse a la realidad, si cada vez hay más mujeres menores de 40 ¿A qué están esperando para hacernos una mamografía?. Yo detecté los bultos con 37 años, y hasta tres especialistas me dijeron que no tenía nada maligno, puedo entender que no esperaban que tuviera un cáncer a esta edad, y además yo llevaba un estilo de vida saludable, hacia deporte y llevaba una alimentación saludable, aunque con el típico estrés, pero no tenía motivos aparentes, además soy delgada porque un factor de riesgo es el sobrepeso. Entonces al no cumplir ninguno de los factores de riesgo para tener un cáncer, y los bultos que yo tenía aparentemente salían en la ecografía redonditos y parecían supuestamente benignos. Luego cuando me los biopsiaron ya salieron que no, tanto los de la mamá como los de la axila eran malignos, mi cáncer era muy agresivo. Tengo un triple positivo, es decir tiene receptores de estrógeno, receptores de progesterona y receptores HER2, con lo cual he llevado todo el tratamiento habido y por haber, además de los tratamientos normales de quimioterapia, inmunoterapia, radioterapia y una pastilla que es un tratamiento hormonal para cubrir todos los frentes”.

-¿Cómo fueron las siguientes etapas?

“Primero me dieron quimioterapia para intentar reducir el tumor al máximo para que la operación fuera lo menos invasiva posible. Entonces llevé 16 sesiones de quimioterapia, en lo que quedó de 2021, y a principios de 2022 me operaron. En mi caso, al tener un cáncer tan avanzado, el médico me recomendó hacer una mastectomía y un vaciado de ganglios de todo el brazo. Como digo ahora no me voy a fustigar ni lamentarme, es lo que tocó prefiero quedarme con que tuve suerte, mucha suerte, porque mi diagnóstico una vez me lo dieron todo fue rapidísimo. Me dieron las sesiones de quimio, tenía prioridad para las pruebas y me operaron en plena época de pandemia cuando estaban cancelando intervenciones. Yo nunca tuve ningún problema en ese aspecto. Después de la operación entré en un ensayo clínico por asesoramiento de mi oncólogo, me pasé todo 2022 dándome sesiones de quimioterapia con inmunoterapia, un ensayo que ya se está administrando en otras pacientes con buen resultado y, por esa parte estoy satisfecha de haber podido ayudar a otras compañeras. Ahora estoy en lista de espera para vaciar el otro pecho y reconstruirme los dos, junto al que me operaron en 2021. La parte estética la tengo muy asimilada, no es algo que me preocupe, pero sí tengo la incertidumbre de que el otro pecho me puede dar problemas, realmente es lo que me tiene preocupada y espero quitármelo cuanto antes”.

-Fueron años duros los de la COVID y la postpandemia. ¿Cómo afrontaste la reentrada en tu vida cotidiana?

“Todo ese año y con las sesiones de quimio tan seguidas, lo llevé como podía, algo deprimida por que ya la gente empezaba a hacer vida normal tras la COVID, y yo estaba un poco escondida porque estaba inmunodeprimida. Aproveché para leer y recuperar aquellas cosas que me hubiera gustado hacer y nunca pude por falta de tiempo. Ya en diciembre de 2022 pido el alta voluntario tras la última sesión y me reincorporo al trabajo con normalidad. La verdad es que no tuve secuelas drásticas, aunque sí he perdido sensibilidad en las manos y en los pies, a veces tengo algún dolor pero no me ha costado readaptarme a la normalidad. Hay compañeras que han tenido dificultades para integrarse en su vida diaria, dependiendo de la secuelas físicas que le hayan quedado y del tipo de trabajo que tengan, tengo muchas compañeras en Ámate que les ha sido muy complicado incorporarse. En algunos casos si les han adaptado el puesto de trabajo y en otros no les ha sido sencillo, pero afortunadamente yo no he tenido problemas, estuve trabajando durante toda la quimioterapia previa y solo cogí la baja cuando me operaron. Para reincorporarme como tengo un trabajo en la oficina, pues no he tenido ningún problema”.

-Ser una mujer deportista y llevar una vida sana te ayudó a superar todo este proceso.

“En ningún momento deje de hacer deporte, de hecho cuando volví del oncólogo con el diagnóstico de cáncer, lo primero que hice fue salir a correr. El deporte para mí fue la terapia, por eso me gustaría que todo el mundo pudiera acogerse a este salvavidas y, por eso también, colaboro para que a las demás compañeras el deporte también pueda servirles como ayuda. Yo en Ámate lo que hago es a través del club deportivo intentar principalmente fomentar las ventajas del deporte, sobre todo para paliar los efectos secundarios, porque si es verdad que como te dejes y te pares los efectos secundarios se te vienen encima, y entonces se pasa mal. Entonces estamos intentando fomentar el deporte para aliviar todo tipo de dolores físicos, emocionales y mejorar el estado de ánimo, que también influye mucho. Nosotras como estamos en el club deportivo tenemos siempre unos días fijos para entrenar, luego los jueves también vamos a la playa a nadar y los sábados también procuramos hacer actividades por las mañanas, siempre estamos moviéndonos. En el club hay chicas que están ahora mismo en tratamiento y tienen secuelas, además el estar unidas nos ayuda bastante a todas a salir adelante”.

-¿Cuanto tiempo llevas vinculada a Ámate?

“Desde 2021 que fue cuando me hicieron el diagnóstico, y en el mismo hospital ya me derivaron a Ámate y empecé por el tema de los pañuelos. Posteriormente descubrí que la Asociación era todo un mundo. Desde que la conocí, la verdad es que para mí fue como una familia, el servicio de fisioterapia, el servicio de psicología para explicarle a mi hijo qué tenía y cómo podíamos afrontarlo…, una maravilla. Recuerdo que cuando empecé a acudir a pilates en Ámate, veía a las chicas que habían pasado por lo mismo que yo y estaban tan bien de salud y se les veía tan fuertes y anímicamente bien, yo pensaba que algún día estaré así como ellas. Te transmiten tan buenas vibraciones que yo allí encontré una familia en todos los sentidos. Entonces poco a poco me he ido vinculándome cada vez más en Ámate y ahora estoy plenamente colaborando con el voluntariado para ayudar a otras personas en el tema del club deportivo, en fin ayudando en todo lo que puedo”.

-¿Qué supone un impacto de este calibre tanto para el paciente como para su familia?.

“Para mí fue un shock, aunque llevaba varios años con ese bulto en el pecho y con la mosca detrás de la oreja. Cuando por fin encontré un médico que me dijo tienes cáncer de mama, lo que sentí fue un alivio, es decir bueno se acabó esta incertidumbre, ahora vamos a afrontar lo que hay y tirar para adelante. Es un shock porque te saca de lo que es tu circuito de vida normal, de tu trabajo, tus relaciones, etc. Te quedas como apartada de la sociedad, de repente te tienes que centrar en ti, cuando eso es algo que no has hecho nunca, porque yo llevo toda la vida dedicada a cuidar de los demás, que si tu hijo, tu pareja, tu trabajo, la casa, las mascotas y, ahora, de repente, pues eres tú la que necesita que le echen una mano. La verdad que es un proceso que hay que saberlo llevar, en ese momento hay que quitarse todas las cosas de la cabeza y centrarse en la curación, que es lo importante”.

-¿Y cómo lo sobrellevó tu hijo verte en los meses más difíciles de caída de pelo, con dolores o postrada en la cama?

“Mi hijo tenía en ese momento 8 años y nosotros estamos muy unidos. Desde el primer minuto la psicóloga de Ámate me recomendó sinceridad y naturalidad, porque el niño se va a dar cuenta de las cosas y me recomendaron no mentirle porque lo va a descubrir. Al final cuando se me cayó el pelo y me puse pañuelo, mi hijo me llamaba “calva tóxica” y nos echábamos unas risas. Nunca fue un problema, sí es verdad que los días que me veía acostada, y eso ya no era muy habitual en mí, ahí si que se preocupaba, pero de resto como no tuve tampoco muchos problemas de vómitos, ni fue muy traumático, lo llevó mejor”.

-Has afrontado este tumor con positividad

“Sin duda, siempre intentando afrontar el día a día y no darle vueltas a la cabeza. Me levanto por la mañana y, si me encuentro bien, voy a disfrutar del día sin más. Esa vulnerabilidad que descubres cuando te diagnostican cualquier enfermedad importante es algo que te das cuenta que la sociedad no puede asimilar si no pasa por ese proceso. Me enfoco en lo positivo y he dejado de victimizarme, porque pasas por la época del ¿Por qué a mí?, pero luego te das cuenta que con esa mentalidad no llegas a ningún lado. Hay que espabilarse y tirar para adelante con lo que hay y encima si tienes hijos, pues no te queda otra. Prefiero quedarme con lo positivo que me ha enseñado todo esto y dejar lo negativo a un lado. Una vez dentro de Ámate lo que me hace feliz es ayudar a las personas que están en esta misma situación en lo que pueda, porque al principio estamos desubicados porque no tenemos toda la información. Lo primero que hacen es soltarte el listado de efectos secundarios de los tratamientos y claro, te empiezas a asustar. Al final ni es tanto ni tienen por qué pasarte todos esos efectos a ti. Yo siempre intento mandar un mensaje de positividad, cada persona es distinta y que cada caso es particular y que hay que ir viviendo el día a día y afrontar los problemas cada día”.

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