Un nuevo ataque de perros asilvestrados ha reavivado la alarma en el municipio de Arafo. La joven ganadera Jennifer Santos Cabrera, de la reconocida quesería Aborigen, denunció este jueves una nueva incursión en su finca LaCabraEco, situada en los altos del municipio.
Este no es un hecho aislado. Es la segunda vez en apenas dos semanas que Santos sufre un episodio similar, siendo este el cuarto en la zona, tras otro episodio similar en una bodega y otra granja, también a una ganadera de la región.
“Esos perros tienen un buffet libre en esa parcela”, denunció, visiblemente afectada, en un vídeo publicado en redes sociales pocas horas después del ataque.
La situación ha escalado hasta convertirse en una emergencia que afecta directamente al sector primario insular. Según explicó la ganadera, ya ha contabilizado más de 12 cabras muertas, y varias de ellas dispersas o escondidas debido al miedo, sin responder a sus llamadas.
“Que la administración sepa que esto es culpa suya”, dijo sin rodeos, citando que hace 20 días reclamó una solicitud de emergencia para activar un plan de rastreo y control de perros asilvestrados.
Ante esta nueva agresión, el Ayuntamiento de Arafo convocó una Junta Local de Seguridad urgente, celebrada este mismo viernes. En ella participaron el alcalde Juan Ramón Martín, representantes del Cabildo de Tenerife, Guardia Civil, Policía Canaria, Policía Local y técnicos de biodiversidad.
La reunión derivó en dos medidas clave: la activación formal del protocolo de vigilancia de perros asilvestrados y la entrada en acción del personal de Gesplan, que comenzará las labores de control en las zonas ganaderas a partir del lunes.
“La burocracia no va al ritmo del campo”
El alcalde explicó que desde el primer ataque -el que afectó a Pilar Carballo, también ganadera ecológica de La Finca de La Jara, en los altos de Arafo, que sufrió la pérdida de siete ovejas palmeras (no superan la centena de ejemplares en toda Canarias) y tres ovejas de pelo (menos de 3.000 ejemplares), ambas razas autóctonas en grave peligro de extinción-, el consistorio ha estado trabajando en coordinación con la Guardia Civil, instando además al Cabildo para que se implique en la resolución de esta realidad.
“Nos proponíamos trabajar en dos líneas: convocar la Junta de Seguridad y activar el protocolo de vigilancia. Hoy ya están ambas en marcha”, afirmó. También reconoció que los tiempos administrativos no están a la altura de la urgencia rural: “La burocracia no camina al ritmo de la necesidad del vecino. Hay que simplificar los protocolos”.
Otro aspecto clave en este asunto es cómo se compensarán las pérdidas económicas sufridas por las ganaderas.
Martín adelantó que ya se ha reunido con representantes del sindicato agrario Asaga para estudiar vías de ayuda económica a las ganaderas afectadas. “El juicio moral está y poco se puede minimizar, pero queremos activar una línea de apoyo para reducir el impacto económico de estos actos”, explicó.
En declaraciones para DIARIO DE AVISOS, Blanca Pérez, consejera de Medio Natural, confirmó la puesta en marcha del operativo y el contacto directo con una de las ganaderas afectadas. El director insular Pedro Millán será el encargado de coordinar la actuación técnica sobre el terreno junto a Gesplan.
El campo al límite: denuncias y presión
La Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias (Asaga Canarias Asaja) ha denunciado públicamente el grave perjuicio que están causando los distintos ataques de perros asilvestrados a explotaciones ganaderas del municipio de Arafo.
Según indican desde la organización, estos hechos se repiten desde hace algo más de mes y medio, sin que, hasta el momento, “se haya aplicado una solución efectiva por parte de las administraciones”.
La situación, advierten, compromete la viabilidad económica de las pequeñas explotaciones, provoca daños físicos a los animales y genera un impacto emocional y psicológico en las personas responsables de su cuidado.
Desde Asaga critican lo que consideran una “inacción” de las autoridades competentes y una “falta de responsabilidad” por parte de los propietarios de los perros.
También señalan que la excesiva burocracia está dificultando “una respuesta ágil” ante un problema que, según recalcan, debería tratarse como una emergencia.
UNA VEINTENA DE CABRAS Y OVEJAS
La asociación ha contabilizado al menos una veintena de cabras y ovejas pelibuey -raza autóctona en peligro de extinción- muertas tras sufrir mordeduras con desgarros severos en las ubres. Varios ejemplares más presentan infecciones y cuadros de estrés que requieren de una atención constante.
Las ganaderas afectadas, en situación crítica, aseguran desde la asociación, han tenido que “modificar sus rutinas, permanecer en alerta constante y asumir gastos extra en alimentación al no poder sacar el ganado a pastorear”.
De esta forma, Asaga solicita que se active un protocolo específico para la recogida de perros asilvestrados, se exija el cumplimiento de la Ley de Bienestar Animal en cuanto al uso obligatorio del microchip, y se indemnice a las explotaciones por los daños sufridos.
Mientras tanto, las afectadas siguen lidiando con el miedo, las pérdidas y la falta de certezas. Jenni Santos lo resume con claridad: “Esto puede volver a pasar. Y si no se ataja, será peor. Solo estoy teniendo perdidas de mi producción, de dinero y leche, y no puedo asumirlo porque estoy sola”. Y concluyó la ganadera, desesperada: “Ya no puedo más”.





