El molino es una película de personajes. Así describe su director, Alfonso Cortés-Cavanillas (Madrid, 1973) este film rodado en Cantabria en el que las historias de cada uno de esos personajes no dejan de entrecruzarse. El relato transcurre en el medio rural, en un paraje en el que apenas viven 12 personas. La historia (o las historias), tal y como se puede leer en su sinopsis, presenta ante el espectador a Mayte, “una ingeniera que regresa a un pequeño pueblo para llevar a cabo un importante proyecto (…) Jaime, su amor de la infancia, un anciano con alzhéimer, una joven que sueña con salir del valle, una licenciada que trabaja junto a la ingeniera y una mujer familiar que busca el futuro en el pueblo, componen esta historia (…) cuyas vidas están conectadas por un viejo molino de viento”.
Alfonso Cortés-Cavanillas acudió esta semana a la capital tinerfeña, donde El molino inauguró en la tarde-noche del martes el Festival de Cine y Series Lo Que Viene. Organizado por la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE) en TEA Tenerife Espacio de las Artes, concluyó este viernes.
El cineasta estuvo acompañado de Asier Etxeandia, Pablo Rivero y Nur Olabarria, que integran el reparto coral de un film en el que también figuran Pilar López de Ayala, Imanol Arias, Carla Domínguez y Claudia Traisac, entre otros intérpretes. El molino se estrenará el próximo mes de octubre y luego llegará a Filmin.
En medio del festival -que ayer contemplaba una agenda que incluía el pase de prensa de ¿No seré yo una obra de arte?, la serie documental en la que participa Samantha Hudson; las mesa redondas Mujeres al frente de la dirección de festivales y El tratamiento de las víctimas en las producciones de género true crime, así como la presentación de novedades de diversas productoras y la première de Voy a pasármelo bien, entre otras propuestas-, Cortés-Cavanillas conversó con DIARIO DE AVISOS.
-El martes asistió a la proyección de ‘El molino’ en TEA Tenerife Espacio de las Artes. ¿Cómo vive esa experiencia de compartir su trabajo junto al público?
“Casi es lo mejor de este oficio. En ocasiones me preguntan si me entran los nervios cuando tengo que mostrar personalmente mi trabajo ante un público, pero nunca me pongo nervioso. Me parece bien tanto si les gusta como si no les gusta la película. Siempre es una experiencia positiva: es un feedback que se manifiesta de forma absolutamente libre y tú sientes esa respuesta sincera, honesta. No es aquello de que llegue alguien y te diga: ‘¡Ahhh, qué bien, qué buena película!’, quizás porque no quiere hacerte daño si no le agrada. No, este no es el caso. Al estar ahí, junto a ellos, te das cuenta de cuáles son las sensaciones en la sala. De manera que, después de rodar, que es lo que más me gusta, esta es la mejor experiencia posible”.
-Cine de personajes, drama costumbrista… A poco que uno busque información, encuentra diversas descripciones acerca de este largometraje, pero ¿cómo lo definiría usted?
“Me resulta difícil responder. Lo definiría como verdadero. El molino es una película de personajes reales, que no tiene la intención de llevar a nadie a ningún sitio, sino que lo que intenta es proponer una reflexión y mostrar que lo importante, más allá de cualquier circunstancia, siempre son las personas y sus mundos. Por eso digo que creo que es una película verdadera”.
-Y si hablamos de personajes, ¿qué papel desempeña ese pequeño pueblo en el que se ambienta la historia, en el que apenas viven 12 personas?
“Es un personaje fundamental. Decidimos rodar en Cantabria porque el lugar aporta muchas cosas a tu proyecto. Ya no solo en lo que tiene que ver con el paisaje y la fotografía en sí, sino también con la sensación, con esa oportunidad de entender y explicar las cosas de otra manera. No suelo rodar en plató, aunque, bueno, en Luna, mi película más reciente [de ciencia ficción], sí que tuve que rodar una parte en un estudio, porque al satélite no podíamos llegar [ríe]. En definitiva, como digo, la localización es fundamental. Se convierte en un personaje muy importante en la película, pues es el que te hace sentir que esa historia que quieres contar es de verdad”.
-En ‘El molino’ ha vuelto a contar con Asier Etxeandia. ¿Qué halla en él, en su interpretación, que le resulta tan útil para las historias que cuenta?
“Creo mucho en el trabajo de los intérpretes. A veces están mejor y otras están peor, igual que yo, que en ocasiones acierto más y otras menos, o estoy bien para mí y mal para otros. Con Asier todo responde, de entrada, a que tenemos una relación de amistad. Vemos la vida de una manera muy parecida y nos podemos decir las cosas a la cara sin ningún problema, que es algo fundamental; no tenemos grandes egos, él es una persona que escucha, es muy respetuoso… Todo eso, pero es que además es un gran intérprete. Yo siempre me planteo que cualquier actor o actriz puede hacer cualquier personaje. No debe ir condicionado, sino alejarse de esos roles que tanto se marcan en esta profesión. De manera que con Asier, por ejemplo, como sé que es una maquina interpretando, estoy convencido de que lo va a dar todo y lo hará muy bien. Y encima nos vamos a entender: me va a decir lo que no le gusta, cómo ve las cosas, lo que sí que le gusta, de qué manera podemos desarrollar ese proceso en torno a su personaje… Pero esto es algo que yo intento hacer con todo el mundo, y por eso repito con muchas actrices y actores. En el caso de Asier, como somos amigos, disfrutamos mucho trabajando juntos. Esa es la clave, básicamente”.
“Se produce mucho, y eso es bueno, pero en España debería haber más espacio para historias más profundas”
-Después de ‘El molino’ rodó ‘Luna’. También ha hecho documental, comedia, docuficción… ¿Se siente igual de cómodo en cualquier género que afronta o hay alguno que siempre resulta un desafío mayor?
“Me siento cómodo aprendiendo. Y también fallando. Siempre lo he dicho: no creo que sea el mejor director del mundo, pero sí probablemente el único que ha estado trabajando 15 años en deportes, en retransmisiones deportivas. He realizado partidos de fútbol, de baloncesto, los Premios Ondas, otras galas de galardones, programas de televisión… De manera que me siento cómodo al asumir retos, al poder hacer cosas diferentes. Un ejemplo que suelo poner es el de Stanley Kubrick. Para mí es el mejor director de cine de la historia. Y no me refiero únicamente a sus planos, a su narrativa…, sino porque es el que ha abordado más géneros en su filmografía. Si miramos las 10 mejores películas de la historia en cada género, es muy probable que haya una de Kubrick en cada uno. Aunque tuviese un estilo propio, muy identificable, nunca quiso limitarse a un género en concreto. Esto para mí lo hace tan grande. Salvando las distancias, me identifico con él en el hecho de que yo tampoco tengo miedo a afrontar proyectos muy diferentes unos de otros. La vida está para disfrutarla, para arriesgar y no tener miedo a darse un golpe, porque no pasa nada si te equivocas. Al contrario, es bueno. Ahí me siento cómodo: en el riesgo”.

-¿Y qué tiene que tener un proyecto para que decida implicarse y tirar para adelante?
“Nada en concreto. Simplemente, que podamos producirlo. Nosotros hacemos cine pequeño, independiente, con un coste moderado. Y quién lo diría cuando hacemos una película en la luna, aunque allí te ahorras la figuración [ríe]. De lo que se trata es de saber siempre dónde hacer el gasto mayor y dónde el más pequeño. A mí me gustan las historias de personajes y en la mayoría de las que he filmado he buscado la coralidad, menos en Ego (2021) y en Lobo (2023), que tuvieron elencos más reducidos. Por eso los costes suelen ser menores: mientras hay diálogos, hay personajes. Y ese es el tipo de historias que me interesan y en las que me implico. De manera que puedo jugar a contar relatos de personas con presupuestos muy manejables. A partir de ahí, no resulta tan determinante que esa historia sea un thriller, un drama o ciencia ficción, siempre que cuente la vida de personas”.
-El Festival Lo Que Viene se concibe como un encuentro entre informadores y agentes de la industria audiovisual. ¿Qué momento vive hoy esa industria en España? ¿Qué se está haciendo bien y qué echa en falta?
“La parte de industria y la parte artística no van siempre de la mano. Se está produciendo mucho, pero creo que se está deshumanizando el proceso. La tendencia es el thriller, la acción, la gran producción, una vez que han llegado las plataformas digitales, con presupuestos más grandes. Eso, por un lado, representa para los nuevos profesionales un momento muy bueno para el aprendizaje y para mostrar su trabajo, pero la velocidad de la industria está siendo demasiado rápida. A mi juicio, haría falta que fuera posible más a menudo abordar proyectos un poco más profundos, contar historias un poco más interesantes en ese sentido. También creo que todo esto se estabilizará en algún momento. Hay mucho contenido, pero también es necesario que exista cierta reflexión y cierto reposo. Por eso, precisamente, que haya festivales como Lo Que Viene, que contribuyen a ir dejando ese poso para que las nuevas producciones puedan ir más allá de su estreno, me parece muy interesante”.





