Las condiciones ambientales influyen de forma directa en la supervivencia y expansión de ciertos microorganismos. Un entorno más cálido puede beneficiar el desarrollo de algunos patógenos, del mismo modo que un descenso térmico puede favorecer a otros. Es el caso de Vibrio vulnificus, conocida popularmente —y erróneamente— como la “bacteria carnívora”, cuya presencia se ve impulsada por el aumento de las temperaturas en los mares, según El Mundo.
“El incremento térmico de las aguas marinas propicia una mayor proliferación de bacterias, especialmente de la familia Vibrio“, explica Gema Fernández Rivas, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), en relación al repunte de infecciones que provocan cuadros graves como septicemias.
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) también advierte del riesgo creciente que supone este patógeno en determinadas épocas del año. Vibrio vulnificus habita de forma natural en zonas costeras donde confluyen aguas dulces y saladas, especialmente en periodos de altas temperaturas y baja salinidad. Aunque en Europa las infecciones siguen siendo escasas, países del norte del continente —particularmente los bañados por el mar Báltico— han reportado un incremento en los últimos años.
El área de distribución geográfica de esta bacteria se ha ampliado, alcanzando puntos tan dispares como el mar Báltico, regiones septentrionales de Estados Unidos y zonas del sur de América alejadas del Caribe. Según datos de la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria, los análisis de plancton realizados durante los últimos 60 años revelan que los Vibrio han aumentado su prevalencia en la costa del mar del Norte, con especial intensidad en veranos marcados por olas de calor marinas. Un ejemplo llamativo fue 2018: se notificaron 445 casos frente a una media anual de 126 entre 2014 y 2017. Las condiciones ideales para esta bacteria halófila —esto es, que requiere cierta salinidad para sobrevivir— son precisamente esas: aguas cálidas y salobres cercanas a la costa.
¿Cuál es la situación en España de la bacteria carnívora?
Aunque en nuestro país se han identificado cepas de Vibrio vulnificus desde la década de los 90 —especialmente en el litoral mediterráneo y como agente patógeno de anguilas—, los casos en humanos siguen siendo poco frecuentes. “La conocemos desde hace tiempo, pero de momento los casos clínicos son limitados. Eso no quita que, ante el panorama internacional, mantengamos una vigilancia activa”, señala Fernández Rivas, también experta en parasitología en el Hospital Germans Trias i Pujol.
Los primeros análisis realizados en aguas y moluscos de nuestras costas apuntaban a una baja incidencia de la bacteria. Sin embargo, estudios posteriores han demostrado que su presencia en zonas del Mediterráneo e incluso del Cantábrico es más común de lo que se pensaba, tanto en el agua como en moluscos bivalvos. “En el Mediterráneo siempre se han registrado algunos casos”, confirma la portavoz de la Seimc.
En Galicia, la vigilancia ha sido especialmente estrecha tras varios brotes relevantes de otra especie del mismo género, Vibrio parahaemolyticus. El primero se produjo en 1999, con 64 personas afectadas tras consumir ostras crudas. En 2004 se notificaron 80 casos, y en 2012, cerca de un centenar tras la ingesta de gambas. Así lo recoge el Servicio Gallego de Salud (Sergas), que también señala que, desde 2012, ha habido un cambio en el patrón epidemiológico: los grandes brotes han dado paso a casos aislados, sin relación entre sí, que suelen estar vinculados al consumo de productos pesqueros locales.







