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“No vivimos en un mundo globalizado, sino entrelazado: las culturas deben entablar conversaciones incómodas”

Victoria Ballesteros inauguró ayer la edición número 32 de la Universidad de Verano de Adeje (UVA) con una ponencia en la que defendió las ventajas de la “multiculturalidad activa”
“No vivimos en un mundo globalizado, sino entrelazado: las culturas deben entablar conversaciones incómodas”

Victoria Ballesteros González hizo historia ayer por partida doble en Adeje, su municipio. En ninguna de las 31 ediciones anteriores de la Universidad de Verano de Adeje (UVA) la ponencia inaugural había corrido a cargo de un adejero o adejera y nunca antes había protagonizado tan solemne acto alguien tan joven.


A sus 21 años, esta exalumna del instituto Ichasagua de Los Cristianos y recién graduada magna cum laude por la Universidad Illinois Wesleyan (Estados Unidos), con doble titulación en Ciencias Políticas y Estudios Medioambientales y con la especialización en Sostenibilidad, Justicia Global y Políticas Públicas, ofreció ayer una conferencia repleta de ideas, claves y hasta recetas para entender el fenómeno migratorio a escala global y, particularmente, en Estados Unidos.


“No vivimos en un mundo globalizado, sino entrelazado, lo cual es sinónimo de unión, de relaciones y de interconexiones”, fue la frase con la que rompió el fuego de su conferencia, que impartió sin papeles y con el apoyo de una pantalla sobre el escenario. “Esa red trae consigo desafíos, problemas y conflictos culturales, pero también beneficios, innovaciones, colaboración y desarrollo”, subrayó, para enfatizar a continuación: “El reto del siglo XXI es que la villa global sea un beneficio, una ventaja y no un conflicto”.


Tras subrayar que “la multiculturalidad no es un destino, sino un proceso continuo de negociación, cuidado y cocreación del mundo que compartimos”, la joven adejera defendió la “multiculturalidad activa”, que entabla un diálogo entre culturas guiado por un “liderazgo estratégico”, desde la diferencia, frente a la “pasiva”, en la que coexisten de manera adecuada las identidades pero sin interacción, es decir, sin ir más allá del mero entendimiento.


Indicó que en ese liderazgo estratégico intervienen tres rasgos característicos: la conciencia cultural (“saber quiénes somos y cuáles son nuestras creencias y prejuicios”), la adaptabilidad relacional (“saber con quién estamos hablando”) y la empatía (“comprender a la otra persona”).


Recurrió a una metáfora para explicar los dos modelos de convivencia multicultural en Estados Unidos, país donde reside y se ha formado. Por un lado, el “puré”, en el que diferentes identidades culturales se funden para crear una nueva, “y que durante mucho tiempo fue el modelo preferido, al fusionarse las familias inmigrantes de diferentes orígenes en una única cultura americana”. Y por otro, la “ensalada”, el modelo preferido actualmente –señaló– en el que las identidades culturales son los ingredientes que crean un nuevo plato pero sin perder sus características originales, “porque el tomate sigue siendo tomate; la cebolla, cebolla, la lechuga, lechuga… hay unidad, pero también diferencias”.


La clave para Victoria Ballesteros está en afrontar los conflictos culturales. “Del mismo modo que en una pareja o en una familia existen conversaciones incómodas, también tienen que darse entre culturas, y, si se afronta de la manera adecuada, la relación saldrá reforzada desde la honestidad y el entendimiento”.


La adejera, que ha sido reconocida con el Premio Abraham Lincoln al Compromiso Cívico y el galardón Paul Harris Fellow del Rotary International por su liderazgo en iniciativas con impacto social y su compromiso ético, achaca el repunte xenófobo en Estados Unidos, en gran medida, a que la cultura dominante que representa Donald Trump no ha mantenido esas “conversaciones incómodas” con la latina y otras comunidades: “De esa falta de conocimiento mutuo surge el miedo a que una parte se imponga culturalmente a la otra”.


“Aceptar las diferencias no es una amenaza para la cohesión, sino una condición para la innovación, el respeto y la convivencia sostenible”, remarcó, para seguidamente explicar que una comunidad madura “no es la que evita los conflictos culturales, sino la que los afronta y procesa”.


Por último, defendió la eficacia de la multiculturalidad en el ámbito empresarial: “Hay estudios que indican que los equipos multiculturales toman mejores decisiones un 87% más que aquellos que no lo son, y las empresas que cuentan con mayor diversidad tienen un 36% más de probabilidades de superar a sus competidoras en rentatilidad”. Dos datos con los que puso el colofón a una intervención muy aplaudida que rubricó con una guinda final: “Piensen con el corazón”.


En su intervención, el rector de la Universidad de La Laguna, Francisco García, destacó que Adeje “siempre ha sido un laboratorio para la extensión universitaria porque ha estado a la vanguardia de los cambios”. Se refirió a las migraciones, uno de los temas que se abordarán en la UVA, como “un fenómeno que hay que tratar con datos, sensatez y prudencia”, y destacó que, “contrariamente a lo que se quiere hacer creer, no es un fenómeno africano: solo el 14% de migrantes proviene de dicho continente”.


El alcalde de Adeje, José Miguel Rodríguez Fraga, destacó en su intervención la capacidad de la UVA para adaptarse a las “exigencias y necesidades” de la sociedad del Sur. “Necesitamos más amor a la verdad y menos a la pose del minuto, menos ruido y más reflexión”, dijo en otro momento, para recordar, finalmente, que “se aprende hasta que uno se muere, y algunos pensamos que después también”.


El acto contó con la aportación musical, exquisita, de Pablo Bello y Candelaria Hernández, alumno y profesora de la Escuela Municipal de Música de Adeje.