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Cuando el cielo de Canarias se oscureció: la última gran plaga de langosta del siglo XX

Muchas calles quedaron cubiertas de insectos y se llevaron a cabo procesiones en los pueblos para "acabar con la plaga"
Cuando el cielo de Canarias se oscureció: la última gran plaga de langosta del siglo XX
Cuando el cielo de Canarias se oscureció: la última gran plaga de langosta del siglo XX. DA

Hace más de 60 años, Canarias vivió uno de los episodios más devastadores para su agricultura: la plaga de langosta de 1958, considerada la última gran invasión de estos insectos en el Archipiélago. Durante más de 20 días, enormes enjambres procedentes del norte de África destruyeron miles de hectáreas de cultivos en Tenerife, dejando pérdidas millonarias y arruinando a numerosos agricultores.

La plaga de langosta oscurece el cielo

La invasión comenzó el 16 de octubre de 1958, cuando densas nubes rojizas de Schistocerca gregaria cruzaron el mar empujadas por vientos cálidos del sureste. El fenómeno sorprendió a la población: el sol llegó a quedar oculto por la magnitud del enjambre, que cubrió de insectos calles, casas y carreteras.

Las plantaciones de tomates, papas y algodón fueron las más afectadas, aunque también se registraron daños en las plataneras. La zona sur de Tenerife —Arico, Fasnia, Granadilla de Abona y el Valle de Güímar— sufrió el mayor impacto, extendiéndose además a la Isla Baja y Anaga.

Métodos de defensa desesperados

Vecinos y campesinos recurrieron a todo tipo de métodos rudimentarios: hogueras con neumáticos para generar humo, ruido con latas y voladores para espantar a los insectos, y cebos envenenados esparcidos manualmente en las fincas.

El Ministerio de Agricultura movilizó dos avionetas que realizaron hasta 15 vuelos diarios de fumigación desde Los Rodeos, e incluso se habilitó una pista de emergencia en El Socorro (Güímar). Al mismo tiempo, pescadores de la costa entre Candelaria y Granadilla combatieron a los enjambres desde el mar, incendiando masas de insectos atrapados en redes. En El Médano, una treintena de barcos se llenaron de millones de langostas muertas que luego fueron enterradas cerca de la playa.

Calles cubiertas de insectos y procesiones en los pueblos

Las crónicas de la época narran escenas insólitas: treinta camiones cargados de langostas muertas, calles alfombradas de insectos que eran aplastados por los coches y vecinos rezando en iglesias. En algunos pueblos se sacaron santos en procesión para pedir el fin de la plaga.

La noticia tuvo eco en toda España. El NO-DO calificó la invasión como “ruina para el campo insular”, y el periódico ABC tituló: “Todo Tenerife continúa la lucha contra la plaga de langosta”, destacando la magnitud del desastre agrícola.

Finalmente, la naturaleza puso fin al episodio: un cambio de viento, la bajada de temperaturas y las primeras lluvias de otoño lograron extinguir la plaga tras más de tres semanas de lucha.

El precedente de 1954

La plaga de 1958 no fue un hecho aislado. Cuatro años antes, en 1954, otro gigantesco enjambre procedente del sur de Marruecos arrasó más de 10.000 hectáreas de cultivos en Canarias, causando pérdidas superiores a 135 millones de pesetas.

Ambos episodios quedaron grabados en la memoria colectiva como las plagas de langosta más dañinas del siglo XX en Canarias.