En el mundo de la gastronomía, o de los productos de alimentación, innovar significa, en muchas ocasiones, negocio redondo, pero, por desgracia, no siempre es así. La mejor prueba de ello son algunas comidas, o productos, que fueron un fracaso total.
¿Alguien podía creer que un chicle de natillas -o de chocolate- era una buena opción? ¿Veríamos lógico que la Coca Cola, quizás una de las marcas de más éxito, cambiara su sabor? Hay muchos ejemplos de comidas que fracasaron y, por desgracia, no siempre parecían una buena idea.
Chicles de natillas (y de chocolate)
“Boom, boom, boom… ¡Boomer!” El anuncio de los chicles Boomer se convirtió en uno de los más recordados de los 80 y 90, marcando a toda una generación que todavía asocia su niñez con aquel inconfundible sabor.
Estaban cargados de azúcar y su éxito fue tal que comenzaron a sacar sabores casi de cualquier cosa. Melón, sandía, cola… Pero también natillas y chocolate -no olvidemos el de coco-, que no funcionaron.
Quizás no asociamos el sabor de una natilla de vainilla a un chicle, pero resultaron un fracaso. Lo mismo ocurrió con los de chocolate.
Aquel formato de Boomer dejó de existir cuando la fábrica, en Aragón, fue cerrada a comienzos de este siglo.
Rivalizó con Bubbaloo, un chicle relleno, para tener su espacio entre las comidas que, quizás, murieron un poco de éxito.

Donuts light
La idea, ya de inicio, buena, buena no parece. Donuts consideró que una versión light podía ser buena, en pleno boom de los productos saludables (que en muchas ocasiones no lo son).
Para ello decidieron fichar a la modelo Judit Mascó a la que presentaban como “mamá y modelo” (en otra mala idea), que anunciaba que eran “solo 135 maravillosas calorías”. O lo que es lo mismo, solo un 35% menos de las calorías habituales.
Entra de lleno en la relación de comidas-fracaso porque, al final, si quieres comerte un donut, con todas las calorías y el azúcar, no optarás por una versión reducida en azúcar. Además, muchos consumidores se quejaron de la textura del mismo.

Coca Cola (que sabe a Pepsi)
Durante los años 80, Pepsi comenzó a ganar terreno y su mayor golpe estratégico fue la campaña conocida como “El Desafío Pepsi”, donde en pruebas a ciegas muchos consumidores se inclinaban por su sabor frente al de Coca-Cola.
Coca-Cola tomó una de las decisiones más controvertidas de su historia: lanzar la New Coke. Se invirtieron millones en publicidad para promocionar este nuevo refresco, cuyo sabor se asemejaba más al de su competidora y al de Coca-Cola Light, con un matiz más suave y azucarado. Según los estudios previos, la apuesta estaba destinada al éxito.
La realidad fue muy distinta. Pepsi celebró la salida de la New Coke como una victoria y utilizó el cambio de fórmula en sus anuncios para reforzar la idea de que Coca-Cola había copiado su sabor. Al mismo tiempo, los consumidores fieles a la marca reaccionaron con enfado y exigieron el regreso de la receta original.
En poco tiempo, Coca-Cola reconoció su error y relanzó la “Coca-Cola Classic”, recuperando la confianza de sus clientes y retomando el liderazgo en el sector. La New Coke fue retirada progresivamente del mercado y, con el paso de los años, este episodio se convirtió en un ejemplo clásico de estrategia fallida, aunque paradójicamente ayudó a la compañía a reforzar la fidelidad de su público y a volver a superar a Pepsi.
No solo supone uno de los mejores ejemplos de errores garrafales en comidas, sino que se sigue estudiando a nivel de marketing y marca.

Mortadela Popeye
En 1989, Revilla sacó al mercado la mortadela Popeye. No era más que la forma de subirse a la ola que vimos mucho en los años 90: engatusar a los niños y niñas con personajes de dibujos animados o deportistas para vender un producto.
Bajo el eslogan, Revilla, qué maravilla, la mortadela fue lanzada a todos los supermercados del país, pero fue un fracaso rotundo. Pasó exactamente lo mismo con la de Mickey Mouse. Popeye, sí para las espinacas, no para la mortadela.

Yogures Casper
El problema de los yogures Casper es que se desconocía a qué diablos sabían. ¿Coca Cola? ¿Chicle? En realidad fueron cuatro sabores (chicle, cola, leche merengada y cereza) pero ninguno acabó de triunfar.
Tras el estreno de Casper, la película, que llegó a ser de las que más recaudó en los cines en 1995, Danone decidió lanzar al mercado estos yogures. Eran sabores muy originales, seguirían siéndolos ahora mismo, pero, quizás, demasiado.
Ojo, no fueron un fracaso en ventas, quizás también porque regalaban muchos artículos del personaje, que causaba furor, pero del mismo modo que llegaron, se marcharon.

Ruffles pepinillo
Momento controvertido en lo que a comidas fracasadas se refiere. Ruffles rompió el mercado de las papas fritas con su llegada a España gracias a su curiosa forma ondulada, sus potentes campañas de publicidad y algunos de sus sabores, como el de jamón serrano.
Las Ruffles fresco pepinillo fueron lanzadas al mercado como patrocinador principal de la serie Al salir de clase, por lo que todo parecía que iban a ser otro éxito de la compañía, pero nada más lejos de la realidad.
Duraron solo un año en el mercado y, paradójicamente, en algunos foros muchos añoran su vuelta. Eso sí, en sus tiempos fueron un fracaso de ventas, más para un gigante como la marca Ruffles.
Ahora que @chocolatenestle dice que va a producir de nuevo las Nestlé Jungly. @PepsiMAX_Es, ya va tocando revivir los 90. pic.twitter.com/jl2RsaOFG0
— Craker (@CrakerMc) January 18, 2021






