Manuel Martín Bèthencourt (Santa Cruz de Tenerife, 1941) fue bachiller y maestro al mismo tiempo que pintor. Uno de nuestros más acreditados acuarelistas. En 1960 ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, en la que permanece hasta 1967, siguiendo estudios bajo la dirección de Mariano de Cossío, Pedro de Guezala, Antonio González Suárez, Carlos Chevilly, Álvaro Fariña, Miguel Tarquis y otros grandes maestros. Casi nada. Obtiene la licenciatura en Bellas Artes a través de una tesina sobre su propia obra. Ha realizado hasta la fecha nada más y nada menos que 25 exposiciones individuales y ha participado en numerosas muestras de carácter colectivo en las islas, la península y América.
Es medalla de Oro de la Agrupación de Acuarelistas Canarios. En el año 1985 ingresó como académico numerario (hoy supernumerario) en la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel. Yo creo que a nivel institucional ha sido injustamente tratado. No figura, por ejemplo, en la colección de libros sobre artistas canarios que edita el Gobierno regional. Quizá por un trato injusto a veces, Manuel Martín Bèthencourt demuestra una cierta tristeza. Con motivo del quinto centenario de La Laguna, el Ayuntamiento de Aguere editó un interesante catálogo relativo a su exposición. Pedro González dijo en él que Manolo tenía una “irrenunciable inquietud estética, en una obra sobria y medida de color”.
-Manolo, nadie niega ya una grave crisis del arte en Canarias.
“El arte plástico en Canarias tuvo un auge notable en el pasado siglo XX”.
-¿Y qué ocurrió?
“Pues que con el paso del tiempo ha ido languideciendo y sólo se le nombra ya de forma puntual”.
-¿Sólo la pintura?
“No, no. Esta situación afecta a las restantes actividades artísticas, literarias, musicales, teatrales, etcétera. En el terreno del arte, todo ha sido sustituido por la “originalidad” y el espectáculo”.
-A lo mejor es que la promoción de los artistas está en manos de unos pocos.
“Siempre lo ha estado”.
-¿Entonces?
“Pues lo importante es encontrar entre “esos pocos” a la persona honesta y profesional que sea capaz de escucharte”.
-¿Y en ese sentido te consideras afortunado?
“En ese sentido, con altibajos, he recibido apoyos en muchas ocasiones, que al menos han permitido la exposición pública de mi obra”.
-¿La práctica desaparición de los medios de comunicación escritos ha perjudicado a los artistas? Lo pregunto sobre todo por la ausencia de críticos solventes.
“Sí, la desaparición de esos medios nos ha perjudicado muchísimo. Para la difusión de la obra de un artista, este tipo de medios de comunicación es fundamental. Porque entrevistas, semblanzas, comentarios a una exposición, por ejemplo, significan interconexiones fundamentales con el público. La crítica es lo de menos, aunque una explicación razonada y equilibrada de tu obra es siempre estimable y muy beneficiosa para el autor, para su trabajo y para el público”.
-Algunos consideran la acuarela, que es tu especialidad, arte menor. Supongo que no estás de acuerdo.
“La acuarela nunca fue un arte menor”.
-Eso creo yo.
“Bien, menor puede ser, pero sólo en cuanto a su formato. Las obras más logradas de Paul Cezanne y de W. Turner son acuarelas, a pesar de su pequeño tamaño. Yo he practicado diversas técnicas que conozco profundamente y también científicamente, pero siempre me he inclinado por la pintura al agua, o sea por la acuarela, por su imprecisión, su fluidez e improvisación, que son cualidades que me ayudan en mi trabajo de síntesis”.
-¿Quiénes son los grandes acuarelistas canarios?
“Sin duda, destacaría como pintor y acuarelista de altísimo nivel al que fue mi profesor y amigo Antonio González Suárez, teniendo en cuenta a otros que le precedieron y que brillaron a gran altura como fueron Nicolás Alfaro, Manuel González Méndez, Francisco Bonnín, Guillermo Sureda, Bruno Brandt, etcétera”.
-¿Y en el mundo?
“Hubo muchos, ya te he citado a dos de ellos, pero la historia lo que nos confirma es que todos los grandes genios practicaron con gran acierto la técnica de la acuarela, no solamente como boceto inicial sino como obra definitiva”.
(Hablamos de su obra durante la conversación. Tiene lista la suficiente para una nueva exposición, pero hay dudas sobre la ubicación de la misma, dada la “cola” en la sala del viejo Instituto Cabrera Pinto de La Laguna. A ver si se encuentra una solución porque Manolo Martín Bèthencourt merece el honor de una nueva muestra. La gente echa de menos otra exposición pública de este gran pintor, con una trayectoria tan extensa y tan valorada en los ámbitos artísticos de nuestro país).

-Eliseo Izquierdo llamó a tu arte “un vuelo creador”. ¿Lo compartes?
“Durante muchos años, desde muy joven, en mi trabajo de observación de la naturaleza, ejecuté innumerables trabajos a todo color, bocetos, apuntes, notas con textos, al natural, en contacto con el aire. Posteriormente, mi trabajo se ha vuelto contemplativo”.
-Explícamelo.
“Pues que observo, hasta descubrir un centro de interés iluminado y parto de ese punto hacia la composición, trabajando sólo de recuerdo”.
-De ahí la afirmación de Eliseo.
“Sí, porque para mí el cuadro es una superficie iluminada donde el pintor va incorporando sus personajes. Entonces es un puro “vuelo creador”.
-¿Crees que los artistas están desprotegidos en nuestra tierra?
“Los artistas plásticos tenemos serios problemas para exponer nuestra obra”.
-¿Por qué?
“Porque las programaciones son enormes y la demanda es brutal. Es ahí donde radica el problema”.
-¿Falta de interés también?
“Llámalo como quieras. Los medios no se ocupan del arte plástico que, según parece, es como un tema tabú o que carece de interés. Por ello, el progresar en el estudio, sobre todo para los jóvenes, es prácticamente inaccesible. Y por eso me pregunto si los artistas tenemos algún tipo de protección”.
-¿Está en manos de sectarios la cultura en el Archipiélago?
“Los grandes eventos culturales normalmente están conectados con el poder”.
-Es cierto.
“Y a veces te preguntas cómo es posible conseguir altos niveles de promoción”.
-¿Prima la ideología, a la hora de lograr cosas?
“Indudablemente, el poder está detrás de todo y ahí podemos incluir determinadas ideologías políticas, que por cierto nada tienen que ver con la pintura”.
(Total que la entrevista en Los Limoneros se convirtió en conversaciones sobre otros asuntos: medicina (había médicos presentes), recuerdos de un tiempo pasado, el de Sábato, el de Jorge Manrique, el de cualquiera de los que estábamos presentes en la conversación. Manolo Martín Bèthencourt, a su edad, se siente con ánimos e incluso tiene proyectos que le ilusionan y esto que les digo es muy motivador. Hablamos largamente, hasta pasadas las seis de la tarde, de muchas cosas que nada tienen que ver con el arte, sobre todo con la pintura. De la injusticia que se les hace a algunos pintores, de cómo se les trata. Hablamos de personajes en la historia de Tenerife y de docenas de anécdotas que no vienen al caso en mi entrevista con el artista).
-Fuiste uno de los elegidos para la muestra del V Centenario de La Laguna. ¿Qué significó para ti?
“Algo muy importante como pintor”.
-Y un reconocimiento.
“Sí, sobre todo por la tutela y por la colaboración de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, a través de sus representantes. Especialmente por parte de Eliseo Izquierdo, que consiguió un gran nivel y una gran brillantez en la exposición, así como una amplia difusión de la misma”.
-La Academia ha realizado una gran labor de apoyo.
“El apoyo y la ayuda a los artistas ha sido siempre la preocupación de la Real Academia, en cuya labor siempre se ha mostrado incondicional y, para mí, digna de todo elogio”.
-Bueno, pues de acuerdo con nuestra conversación, tienes proyectos.
“Hombre, me gustaría realizar una exposición que reuniera obra de un amplio periodo de trabajo”.
-O sea, no sólo de tu trabajo más actual.
“También, pero quizá una síntesis, un resumen de lo que ha sido mi labor como artista a lo largo de tantos años. Mientras, voy a seguir con mi permanente aprendizaje, en esa eterna labor de preparación que exige la creación”.
-Que no tiene fin.
“No, no tiene fin, no tiene término, pero sí es el testigo de una vocación irremediable”.
-Pues ánimo, maestro.







