Las calles del casco de La Laguna volvieron a llenarse ayer, como cada 14 de septiembre, de la devoción y emoción de los cientos de fieles que acompañaron al Santísimo Cristo lagunero durante la tradicional celebración del día grande de sus fiestas, en una emotiva jornada en la que laguneros y visitantes se acercaron a la ciudad para reencontrarse con su Cristo.
El alcalde del municipio, Luis Yeray Gutiérrez, destacó “el orgullo que supone para esta Institución ver las calles de nuestra ciudad abarrotadas desde primera hora con cientos de personas que no se han querido perder estos actos tan simbólicos para nuestra ciudadanía y la del resto de la Isla. Estos momentos de fervor y emotividad siempre engrandecen la historia de estas fiestas y nos evocan recuerdos del pasado a tantas generaciones de laguneros y laguneras que nunca nos hemos querido perder esta cita”.
La jornada arrancó bien temprano con los tradicionales repiques a gloria en todos los templos de la ciudad, que fueron el preludio de una mañana plagada de sentimientos y tradición en el casco histórico.

A las 10.00 horas daría comienzo la procesión cívico militar con el traslado del Pendón Real por parte del concejal de Cultura, Adrián del Castillo, desde el Ayuntamiento hasta la catedral, donde se encontraban distintas autoridades civiles, militares y consulares. Entre los presentes, además del propio alcalde de La Laguna, estaban el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo; la presidenta del Cabildo, Rosa Dávila; además de buena parte del Consistorio local, miembros del Parlamento de Canarias, la Corporación insular y de otras entidades. Participó también, como cada año y entre otras, una Unidad de Honores del Regimiento de Artillería de Campaña nº 93, herederos de las tradiciones de la Batería de Montaña de Tenerife.
Una vez en la plaza de la catedral, tuvo lugar el acto de recibimiento de la representación oficial de la Casa Real, que este año ostentó el Teniente General Jefe del Mando de Canarias del Ejército de Tierra, Julio Salom Herreras, a quien se le entregó el Bastón de plata de la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Cristo, dando paso a la eucaristía, cantada por el coro del Orfeón La Paz.
Según informó el Obispado, este año la misa fue presidida por el obispo de la Diócesis Nivariense, Eloy Santiago, y concelebrada por el arzobispo emérito de Santiago de Compostela, Julián Barrio, que realizó la homilía. También estuvieron el obispo emérito nivariense, Bernardo Álvarez, y el obispo emérito de Santander, Manuel Sánchez Monje, además del clero diocesano y los seminarios de las dos diócesis del Archipiélago. Así como las diversas autoridades y miembros de la Esclavitud y de la Junta de Hermandades y Cofradías, entre otros.

En la homilía, el arzobispo Barrio invitó a tener a Cristo como referencia, “sin olvidar la grandeza que nos ha dado el amor de Dios, evitando juzgar sino poniendo un poco de amor para ir trasformando esta sociedad, de modo que sea más humana, más fraterna y más cristiana”, informaron desde el Obispado. “Es necesario encontrarnos con nosotros mismos, con los demás y Dios -señaló-, haciendo propios los sentimientos de Cristo Jesús, sabiendo que nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero. Y esto se manifiesta en el servicio a los demás, sobre todo a los pobres, débiles y pequeños”.
En otro momento de su intervención el prelado exhortó a no avergonzarse de la Cruz de Cristo, sino “gloriarse en ella”, teniendo en cuenta que “la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás”.
Monseñor Barrio finalizó la homilía llamando a apoyar “todo lo verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito”. “Debemos atrevernos a ser diferentes si es necesario para ser fieles a nuestra alma”, destacó.

Al término de la misa, el obispo Nivariense, que vivía su primera solemnidad del Cristo lagunero, manifestaba que la misma “le ha ayudado a conocer mejor el corazón del pueblo lagunero, su amor por la imagen del Santísimo Cristo”, y destacó que había sido “una gran alegría poder celebrarlo hoy y aquí con toda la comunidad diocesana. Ha sido un momento de gracia”.
Tras la eucaristía tuvo lugar la procesión de retorno del Cristo desde la catedral hasta su real santuario, que se desarrolló sin ningún tipo de incidencia, indicaron, y donde permanecería hasta la tarde, cuando tendría lugar, a las 19.00 horas, la misa de campaña en su atrio-plaza, presidida por el párroco de Santa María de Gracia y canónigo de la Catedral, Norberto Hernández.
Al finalizar, el Cristo volvió a salir en procesión por las calles del casco histórico de La Laguna, donde visitaría también los conventos de las monjas clarisas y catalinas para volver después a la plaza del Cristo, donde, a partir de las 23.00 horas, disfrutar de la exhibición de los Fuegos del Risco.






