Francisca Barbuzano García, más conocida cariñosamente por Mencha, nació en Valle de Guerra el año 1932. Hija de Remedios y de Pedro el de las Guaguas. Fue la mayor de ocho hermanos. Con 12 años se quedó sin madre, lo que motivó que entregaran los hermanos a familiares cercanos, como fueron sus tías.
Mencha se fue a vivir con la señora Juana, para todos ellos tía Juana. Era la madre de Celestino el Manco. Años más tarde, Mencha trabajó en la Compañía Agrícola de Tenerife, conocido como El Mirabal. Las piñas de plátanos eran mayores que ella.
El 11 de octubre de 1956, con 24 años, se casó con Antonio Figueroa Delgado; hijo de Bartolo y Josefa. fueron padres de tres hijos: Mari, Luisa y Juan Ramón. Tuvieron ocho nietos.
Cuidaban los de Mari y Luisa, mientras que los hijos de Juan Ramón vivían en Tejina al cuidado de la otra abuela.
Mencha fue una gran vallera de su tiempo. Era la persona que ponía las inyecciones de manera altruista a muchas gentes del pueblo de Valle de Guerra. Será siempre recordada por su humildad, solidaridad y como una mujer vallera de gran corazón.
Durante muchos años, a finales del siglo XX, a esta maravillosa mujer le tocó vivir momentos difíciles, en una tierra fértil y generosa que de cualquier semilla salía la ilusión y el esfuerzo de muchas mujeres y hombres para ver las cosechas de tomates, caña dulce, algodón, tabaco y la producción del plátano.
La época de la sorriba no pasaba desapercibida para las mujeres y los hombres del pueblo vallero. Un trabajo duro, donde se cargaban las piedras en las parihuelas para hacer las primeras paredes de piedras de las fincas de Valle de Guerra.
También es digno de mención el apego tan enorme que tenía Mencha por el folclore popular de nuestra tierra. Allí donde hubiera un timple o una guitarra, la voz de Mencha se escuchaba con una folía, una malagueña y una isa. Y no digamos cuando acompañaba a través de una pandereta.
Una voz de mujer que quedó grabada en las paredes de las montañas de Valle de Guerra. El Boquerón, fiel vigilante del pueblo vallero, guarda en sus entrañas inanimadas los cánticos tradicionales populares de Francisca Barbuzano García.
Hoy, en este comienzo de siglo XXI, la familia de Francisca Barbuzano García (Mencha) y Antonio Figueroa Delgado, se siente orgullosa de haber tenido unos padres de tantos valores humanos. Y no es para menos, pues las puertas de la casa de Mencha y Antonio siempre estuvieron abiertas para todas aquellas personas que requerían de sus servicios. Es una de esas mujeres del ayer que trabajaron denodadamente con sudor y lágrimas por formar una familia desde edades muy jóvenes.
Así fue la vida de Mencha, una gran mujer vallera que bien merece un recuerdo y un reconocimiento.







