A la espera de los clásicos balances sobre el total de incidencias registradas en los centros educativos canarios durante el primer día del nuevo curso, la jornada de ayer supuso ayer un trastorno notable para la comunidad educativa del Colegio de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Igueste (término municipal de Candelaria), por cuanto unos 180 niños y niñas de entre 3 y 11 años se quedaron sin el servicio de comedor escolar al no contar con un mínimo de personal laboral suficiente.
El alcance de dicho trastorno se entiende mejor si se añade que las familias afectadas se enteraron de ello sobre las dos de la tarde del día anterior, lo que obligó a improvisar en cuestión de horas cómo evitar que menores de edades como las apuntadas no tuvieran que esperar a ser recogidas a las tres de la tarde sin más soporte alimenticio que el que llevaban de casa para ingerir en el recreo del mediodía. “Tuvimos que recurrir a familiares e incluso amistades para que fueran a buscar antes a los niños”, explica Clara, una de las madres afectadas con las que habló ayer DIARIO DE AVISOS.
Aunque estas madres fundamentan su queja en que ya habían avisado desde el pasado día 1 a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias de que no había personal suficiente para atender el comedor de dicho CEIP y solo las habían avisado con esas horas de antelación, lo cierto es que dicho departamento autónomico, cuyo máximo responsable es Poli Suárez, garantizó ayer mismo que hoy mismo sería restablecido el servicio de comedor, pero con unos niveles de precariedad que les genera la inquietud de que en cualquier momento vuelva a ser suspendido de un día para otro.
“Este problema no es nuevo sino que ya lo sufrimos el año pasado”, desvela Clara al recordar que hacen falta seis trabajadores para sacar adelante el comedor “y en el curso anterior tuvieron que ingeniárselas con solo cuatro. Eso provocó que en más de una ocasión la auxiliar de cocina tuviera que suplir a la cocinera y hasta la directora también llegó a trabajar algún día en el comedor sacando platos”, sostiene la madre.
Cuestionada sobre por qué se temían lo peor desde el pasado día 1, la afectada detalla que “en el CEIP Igueste tenemos la suerte de que contábamos hasta con tres trabajadoras con plaza fija en el comedor, pero dos de ellas se han jubilado y la eventual está de baja, y por eso ayer no hubo comedor, y es imposible que una persona sola haga un trabajo donde además hay que tener en cuenta a los niños con alergias y complicaciones derivadas como la contaminación cruzada”, en referencia al riesgo de que al mezclarse alimentos algún escolar ingiera lo que no debe comer por tales alergias.
Clara celebra la reacción de la Consejería, pero no se despeja la inquietud en las familias dado que solo está previsto la incorporación de tres trabajadores, con lo que se vuelve a la precariedad sufrida el año pasado “y además la tercera trabajadora con plaza fija se jubila en unos meses. Con solo cuatro personas basta con que alguna enferme un día para que volvamos a vernos como ayer, teniendo que estar pidiendo favores a familiares y conocidos porque si al menos fueran adolescentes… Entienda que una niña de 4 años no atiende a razones y con toda la razón”, apostilla antes de recordar que desde el AMPA se prolonga la permanencia hasta las tres y sin alimento.






