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Lucía Rodríguez, superviviente de cáncer de mama: “Los primeros meses me arreglaba para ir a quimioterapia o salir de casa, necesitaba verme bien en el espejo”

Con la ayuda de Ámate, asociación en la que ahora es colaboradora, transmite un mensaje de superación y esperanza a sus compañeras
Lucía Rodríguez, superviviente de cáncer de mama: “Los primeros meses me arreglaba para ir a quimioterapia o salir de casa, necesitaba verme bien en el espejo”
Carmen Lucía Rodríguez Hernández, superviviente de cáncer de mama, artista y directiva de Ámate. Sergio Méndez

En 2021 Lucía Rodríguez recibió un duro palo, le diagnosticaron un cáncer de mama. Tenía 44 años y tres hijos. Tras salir de la consulta en shock, tuvo que rearmar su vida, cambiar de prioridades y luchar para superar la enfermedad. Con la ayuda de Ámate, asociación en la que ahora es colaboradora, transmite un mensaje de superación y esperanza a sus compañeras.

-¿Cómo te sentiste cuando te diagnosticaron el cáncer?

“Fue un golpe muy duro. En primer lugar porque me había hecho una mamografía seis meses antes y no se había visto nada raro y seis meses después estaba enchufada a una quimio. Fue gracias a que mi hijo pequeño, que tuvo una lactancia larga, me apretó el pecho un día y sentí algo rato. Pensé ¿Esto qué es? Me toqué y ya tenía una bola de billar de cuatro centímetros. Me detectaron un cáncer de mama grado tres, con tres focos en el mismo pecho, y tenía una evolución muy rápida. Afortunadamente todo el proceso también fue rápido, en primer lugar me dieron la quimioterapia para reducir el tumor, después fue la operación y después la radioterapia. Hasta ahora estoy con un tratamiento hormonal durante cinco años. Ahora hago mucho hincapié entre mis amigas y conocidas en la detección precoz, en que se hagan sus mamografías, que no se fíen y no pasen la oportunidad: ese “¡Ay, yo voy dentro de dos años!, o ¡Ya iré!” puede costarnos un disgusto, el mío no se había visto, no era palpable, y mi pecho es de mama fibrosa (conocida como mama densa) y es mucho más difícil de localizar y más propenso a tener tumores”.

-Fue casi en pandemia ¿Qué recuerdas de aquellos momentos y del trato de los sanitarios?

“Fue saliendo ya casi del covid, pero todavía no dejaban entrar a ningún acompañante al hospital. A la quimio tenía que entrar sola, en la operación también estaba sola, y a la radioterapia también tenía que ir sola. Y todo fue muy duro, porque ni siquiera mi madre pudo estar al lado mío en la operación. Como a todas, es muy importante la confianza y el trato que nos dan desde los servicios médicos. Para mí, el doctor José Antonio Cortell -jefe de Patología Mamaria del Hospital de La Candelaria- fue maravilloso, mi oncóloga y en radioterapia en La Candelaria también fueron muy buenos conmigo, no tuve ninguna queja, y gracias a la Sanidad pública que tenemos en este país, estoy viva. Si viviera en otro país y tuviera que pagarme todas las pruebas, los servicios, una quimioterapia y radioterapia, etcétera, yo no estaría aquí viva”.

-¿Cómo llegaste a Ámate y qué has encontrado?

“Cuando te dan el diagnóstico lo ves todo negro, no ves futuro, cuando te dicen tienes cáncer de mama, sales de la consulta en shock, no ves ni dónde vas caminando, no sé ni cómo llegué a mi casa. Entonces pedí ayuda, gracias a que la hija de una compañera de trabajo estaba haciendo sus prácticas de psicología en Ámate me invitó a acudir a la Asociación y pedir ayuda. “Ahí tenemos psicólogas, tenemos todo”, me dije. Recuerdo que entré por la puerta de Ámate llorando, desesperada, preguntándome ¿Qué hago? ¿Dónde voy? Me voy a morir y ¿Qué va a ser de mis tres niños?, es lo que más me angustiaba, su futuro y quizás no verlos crecer. Entonces lo primero fue recibir ayuda psicológica, al principio para aceptar el diagnóstico, que es brutal, porque siempre te preguntas ¿Por qué a mí?, yo no fumo, no bebo, me cuido, como bien, hago deporte… Tras superar esa fase tienes que pensar ¿Y ahora qué tengo que cambiar en mi vida?, el cáncer aparte de cambiarte físicamente te cambia la psicología, aprendes a valorar todo más, valoras el tiempo, valoras la gente, valoras todo. Y también te das cuenta de que te has estado preocupando por cosas que no valían la pena y no pierdes el tiempo. Renuevas las prioridades en tu vida. Ya en Ámate, cuando vas saliendo del núcleo duro de la enfermedad, de la operación, del tratamiento y la recuperación, comencé a involucrarme en las actividades, en el voluntariado, y formo parte de la directiva de Ámate. Ahora me encargo de la parte cultural de las exposiciones de pintura, porque también soy pintora, hemos publicado un libro, hacemos conferencias, exposiciones, etc. El arte, la lectura, la escritura, la pintura es muy importante, también te pueden sanar. Son talleres que te evaden de la realidad, de pensamientos negativos, y te ayudan muchísimo. A lo mejor hay mujeres que hablando son incapaces o no saben expresar lo que sienten, y de sacar fuera todo lo que tienen dentro, pero a través de la pintura o de la escritura han logrado sacar fuera sus preocupaciones”.

-Trabajas en el Cabildo y no has tenido problemas para volver a trabajar, pero otras compañeras no tienen esa suerte

“Es cierto, soy personal del Cabildo y tenía mi plaza, pero sé de muchas compañeras que no pueden volver a trabajar, porque no las contratan cuando ya se enteran que han tenido un cáncer o porque no pueden seguir haciendo su trabajo habitual, y aunque tienen derecho a la adaptación al puesto de trabajo, muchas empresas no lo hacen. Por ejemplo las camareras de piso, que tienen que hacer 300 camas al día, reponedoras de supermercado, trabajadoras de limpieza, hay muchas profesiones en las que es muy complicado seguir trabajando. Entonces se quedan sin trabajo, sin cobrar nada o cobrando una mínima pensión de 300 euros. Y hay que recordar que la enfermedad también conlleva unos gastos importantes, hay gastos en alimentación, en medicinas, en suplementos, tienes que cuidarte, necesitas acudir al psicólogo, al nutricionista al gimnasio… Nosotros tenemos en Ámate estos servicios gratuitos, y si tuviéramos que pagarnos no sería posible. También es muy importante la estética oncológica que nos cuidan las uñas (porque se caen con la quimio), cortarnos el pelo, el servicio de pañuelos y pelucas. Recuerdo que en los primeros meses me arreglaba un montón para ir a la quimio porque necesitaba verme bien al espejo. Hay momentos cuando se te caen las cejas, las pestañas y el pelo, te miras al espejo y no te reconoces, por eso tenemos el servicio de estética oncológica para sentirnos bien, no vernos con cara de enfermas, allí te enseñan a maquillarte, qué productos puedes usar, que no te haga daño en la piel, que con los tratamientos es muy sensible y no puedes coger sol, etc.. Además de mis labores culturales yo estoy dentro del equipo deportivo de natación y bote dragón (una embarcación de 12 plazas) en la que tenemos que remar al mismo tiempo. Además me gustaría insistir en el olvido oncológico, porque si te quieres hacer un seguro de salud, comprarte un coche, hacer una hipoteca o continuar tu vida, no puedes hacerlo con normalidad. No te dejan renovar el carnet de conducir si estás durante un tratamiento de quimio y tienes que ocultarlo y llevar peluca. Muchas compañeras han sufrido maltrato al renovar el DNI, han llorado porque les han obligado a quitarse el pañuelo. No es justo, es muy duro, venimos psicológicamente tocadas, tienen que tener más cuidado”.

-¿Cómo impactó el diagnóstico del cáncer en tu familia?

“Al principio fue un shock brutal para toda la familia. Recuerdo que tuve que explicarles que tenía cáncer, que recibiría un tratamiento muy fuerte, que estaría , se me caería el pelo…. El pequeño, que tenía seis años, se me quedó mirando y me dice, ¿Te vas a quedar calva?¿Y tú me vas a llevar así al colegio?” Yo lloré y reí al mismo tiempo. El mediano tenía de ocho a nueve años, y el mayor tenía 15 en ese momento, en plena adolescencia, sé que también fue duro para él, porque estaba triste, apagado y aunque quería animarlo, también pensaba que me podría morir. Tuve que insistirle en que todos nos vamos a morir tarde o temprano. Cuando ellos ya vieron que yo lo iba llevando bien, que me iba recuperando, que empecé a hacer deporte, ya se fueron relajando. Pensaba en sobrevivir por mis niños y también pensaba en mis padres, porque desafortunadamente mi padre padeció cáncer de pulmón y falleció hace un año. Así es que me vi en el otro lado de la realidad, él era el paciente y yo la familiar. Entonces me di cuenta de lo que tuvieron que sufrir, se pasa fatal y es horrible, porque unos padres no deberían ver enfermar ni morir a sus hijos, no es muy natural”.