Un vecino de Valle de Guerra, en La Laguna, decidió llenar su vivienda de luces para contagiar a los demás el espíritu de la Navidad. De eso hace ya tres décadas. Lo que empezó como un gesto sencillo pronto se convirtió en una de las tradiciones más queridas de Tenerife, ganándose a pulso el distintivo de la casa más navideña de Canarias.
Aquel vecino fue Lorenzo Barroso padre, el hombre que encendió por primera vez un legado que ahora continúa su hijo. Y es que, tras su fallecimiento, la familia decidió mantener viva la tradición, tratando de mantener “la esencia de mi padre“, explicaba recientemente Lorenzo Barroso hijo a DIARIO DE AVISOS.
Este año, la casa celebra su 30 aniversario con más de 80.000 bombillas de bajo consumo, un belén artesanal y una zona interior visitable. También se ha habilitado un espacio para fotografías y recuerdos, pensado para quienes cada diciembre convierten la visita en su propia tradición familiar.

Arrancan las visitas
Las visitas comenzarán el 30 de noviembre y, a buen seguro, por el número 189 de la Carretera del Boquerón volverán a pasar cientos de personas.
Además, el día del gran encendido contará con actuaciones musicales, pirotecnia y el apoyo del Ayuntamiento de La Laguna, que reconoce el valor cultural de esta iniciativa vecinal.
“La ilusión sigue intacta. Cada año tratamos de mejorar un poco más, siempre manteniendo el espíritu con el que comenzó todo“, afirma Lorenzo.

Desde 1995
La historia comenzó en 1995 con unas pocas luces en la fachada y un pequeño pesebre. Desde entonces, la casa ha crecido hasta convertirse en un referente de la Navidad en Canarias. “Mi padre siempre decía que las luces no solo decoran, sino que unen a las personas”, recordaba Lorenzo en una entrevista anterior con este periódico.
No obstante, el crecimiento también ha traído nuevos retos. En los últimos años, el encendido ha llegado a congregar a más de 2.000 personas, lo que ha obligado a coordinar accesos y horarios.

“No queremos que se pierda el espíritu de compartir”
El evento se celebra con entrada libre y con un horario regulado para evitar aglomeraciones. “No queremos que se pierda el espíritu de compartir, de venir con la familia y disfrutar del ambiente”, destaca Lorenzo.
Hoy, esa casa iluminada es mucho más que un adorno navideño. “Es un símbolo de unión familiar, de amor transmitido entre generaciones y de cómo la luz de una persona puede seguir brillando en quienes continúan su camino”, insiste Lorenzo Barroso.







