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El adiós a Paul Ekman, el cartógrafo del alma humana

El psicólogo que cambió para siempre nuestra comprensión del comportamiento humano deja un legado científico y social incalculable
Paul Ekman (1934-2025), pionero en el estudio de las emociones humanas

La comunidad científica internacional despide con tristeza a Paul Ekman, uno de los psicólogos más influyentes del último siglo y figura clave en el estudio del comportamiento humano. Su fallecimiento, ocurrido el pasado 17 de noviembre a los 91 años de edad, marca el final de una era, pero también nos invita a reflexionar sobre la enorme huella que deja en la forma en que entendemos y observamos las emociones humanas.

Para quienes nos dedicamos al análisis de la conducta humana, Ekman no solo ha sido un referente académico y un pionero, sino que se ha convertido en el cartógrafo que dibujó el mapa de nuestras emociones, dándonos la brújula necesaria para navegar en el complejo mundo de la interacción social.

El cartógrafo de las emociones

A menudo llamado “el detector de mentiras humano”, un apodo que amplificó su alcance gracias a la serie Lie to Me (2009-2011), basada en su vida, la contribución de Ekman va mucho más allá de la detección del engaño. Para entender la magnitud de su figura, hay que viajar a los años 60. En aquella época, el dogma antropológico sostenía que las expresiones faciales eran aprendidas culturalmente, es decir, que una sonrisa o un gesto de enfado podían tener significados distintos en Nueva York, Tokio o El Cairo. La curiosidad incansable de quien intuye una verdad más profunda, llevó a Ekman a desafiar esa premisa.

Su viaje a las tierras altas de Papúa Nueva Guinea para estudiar a la tribu Fore, una comunidad aislada que nunca había tenido contacto con los medios de comunicación occidentales ni con otras culturas, marcó un punto de inflexión. Al mostrarles fotografías de rostros expresando distintas emociones, los miembros de la tribu las identificaron con la misma precisión que un ejecutivo de Wall Street. Ekman confirmó lo que Charles Darwin había apuntado un siglo antes: las emociones básicas que compartimos son biológicas, innatas y universales. Nos unen como especie, más allá de nuestras fronteras, idioma o creencias.

De las microexpresiones a la compasión

Pero Ekman no se detuvo en el “qué”, sino que profundizó en el “cómo”. Junto a Wallace Friesen, desarrolló el Sistema de Codificación de Acción Facial (FACS), una herramienta cuyo excepcional valor sigue vigente, que desglosa los movimientos faciales que podemos observar, clasificándolos en unidades de acción muscular. Mapeó los 43 músculos de la cara y sus más de 10.000 combinaciones posibles. Gracias a él, aprendimos a distinguir una sonrisa de cortesía de una sonrisa genuina. Transformó el rostro humano en un libro abierto, otorgando rigor científico a lo que antes era mera intuición.

Su trabajo sobre las microexpresiones, movimientos faciales sutiles e involuntarios que duran décimas de segundo y dejan aflorar nuestras verdaderas emociones, revolucionó campos tan diversos como la psiquiatría, la seguridad nacional, la medicina, la investigación de la comunicación no verbal o la animación cinematográfica, llevándole a colaborar como asesor en películas de éxito como “Del revés”, de Pixar. Ekman nos enseñó que el cuerpo habla incluso cuando la voz calla, y que la verdad tiene formas de manifestarse a través de pequeñas grietas de nuestra fachada social.

Sin embargo, reducir a Ekman a un técnico del rostro sería injusto. En la última etapa de su vida, su colaboración con el Dalái Lama reveló su faceta más humanista. Juntos exploraron la naturaleza de la compasión y el equilibrio emocional, buscando formas de cultivar el bienestar en la humanidad. Ekman pasó de estudiar cómo se manifiestan las emociones en el rostro a investigar cómo podemos gestionarlas para no dañar a los demás.

Su brillante trayectoria, que fue reconocida en 1991 por la Asociación Americana de Psicología con el “Premio a la Contribución Científica Distinguida”, ahora deja un vacío difícil de llenar. Sin embargo, su extraordinario legado trascenderá generaciones, dejándonos con 15 libros traducidos a más de 20 idiomas, cerca de 200 artículos científicos y el reconocimiento de la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo, situándolo entre los psicólogos más citados del siglo XX.

Se ha ido el hombre que enseñó al mundo a mirar más allá. Pero nos deja con la responsabilidad de utilizar esa mirada no solo para desenmascarar las verdades ocultas, sino, como él mismo abogó en sus últimos años, para reconocer el sufrimiento ajeno y responder con empatía.

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