Se retrasa la entrada en funcionamiento de los llamados edificios de usos esenciales, dos inmuebles gemelos que se construyen en El Sobradillo (Santa Cruz de Tenerife) y Jinámar (Las Palmas de Gran Canaria, y conocidos mediáticamente como los búnkeres, al estar destinados principalmente a servicios relacionados con la seguridad, las comunicaciones en general y las emergencias.
Así se desveló ayer con motivo de una visita a las obras que se llevan a cabo en dicho emplazamiento santacrucero por parte del presidente de Canarias, Fernando Clavijo, y la consejera autonómica de Hacienda y Relaciones con la Unión Europea, Matilde Asián, y en la que no dudaron en recordar que se trata de “una infraestructura estratégica que garantizará la coordinación y respuesta” en las Islas.
Para hacerse una idea de la importancia futura de estos edificios, se prevé que en cada uno de ellos desempeñen su labor hasta 550 trabajadores, así como que serán las sedes del Centro Coordinador de Emergencias y Seguridad 1-1-2, del servicio Infosalud 061, de los centros de control de emergencias y seguridad, del teléfono de información de la Comunidad Autónoma 012, del Cibercentro, de los servicios de teleasistencia social y los centros de protección de datos del Ejecutivo autonómico, así como de los servicios de emergencia y seguridad en las Islas. Las obras comenzaron el año pasado y se confía en que estén a pleno rendimiento en 2030.
Aunque el plazo de ejecución inicial era de dos años y forman parte de un proyecto financiado con fondos Feder del Programa Operativo 2021-2027, “durante los primeros meses de desarrollo se detectaron cambios en las condiciones del terreno que afectaban al comportamiento estructural del edificio, lo que obligó a una paralización cautelar para recalcular la estructura y garantizar la máxima seguridad. En la parcela de Tenerife se localizó además un terreno suelto (talud), lo que hizo necesario ejecutar un sistema de micropilotaje para reforzar la estabilidad del suelo, detallaron fuentes del Gobierno de Canarias.
Hay que tener en cuenta que no se trata de unos edificios normales, por cuanto están diseñados para resistir situaciones excepcionales de índole sísmica o vulcanológica, así como fenómenos meteorológicos adversos, garantizando la autonomía de funcionamiento durante siete días en caso de necesidad.
Tanto el edificio ubicado en Santa Cruz de Tenerife como el de Gran Canaria dispondrán de una superficie construida de 23.000 metros cuadrados, repartidos en dos sótanos, cuatro plantas y una cubierta donde se situará el helipuerto. Ambas infraestructuras estarán interconectadas digitalmente para garantizar una operatividad conjunta y continua, de manera que cada una pueda respaldar a la otra en caso de contingencia o emergencia.







