Hace 20 años que una antigua casa terrera, ubicada en la calle Manuel Verdugo número 25 del barrio Uruguay, en Santa Cruz, cayó en el olvido. De sus antiguos propietarios, que eran nueve herederos, los vecinos aseguran que hace mucho tiempo que no tienen noticia alguna, por lo que creen que ya han fallecido. Desde entonces nadie se ha hecho cargo de esta vivienda, que ahora abre desde el techo varias bocas para clamar por una solución ante el inminente riesgo de colapso.
La infraestructura, de dos plantas, mantiene en vilo a los residentes del barrio, en especial a los colindantes, que temen que la estructura se derrumbe en cualquier momento por el mal estado de conservación que presenta, con un balcón a punto de caer, como también ha ocurrido con parte de la azotea. Grandes agujeros en la techumbre que permiten la entrada a mansalva de basura, plagas, maleza, y humedades que recorren a sus anchas las entrañas de una casa en ruinas.
Los residentes explican a DIARIO DE AVISOS que “la vivienda fue apuntalada hace años, pero el terreno ha cedido con el paso del tiempo y estamos preocupados de que cuando menos se espere se desplome, lo que supondría un gran riesgo no solo para las viviendas anexas sino para los viandantes”.
Por ello, reclaman al Ayuntamiento de Santa Cruz que actúe urgentemente con esta infraestructura en total descuido y compruebe si existe algún propietario vivo o, en su defecto, proceda a su total demolición y al posterior vallado del solar.
Asimismo, comentan que en varias ocasiones han intentado acceder a esta casa abandonada diversos okupas, aunque son los propios vecinos quienes los invitan a salir de la misma por el enorme peligro que supone para sus vidas residir en un interior derruido.
Uno de los vecinos de esta calle recuerda que “en la casa vivían una madre con una de las hijas, quienes tenían una venta de víveres, mientras que en la parte baja, otro de los hijos, Aniceto, contaba con un pequeño taller de motos. El resto de la familia residía en Venezuela, y eran muy mayores, al igual que otras dos hijas, una de ellas monja”.
Tras fallecer la propietaria, la casa quedó cerrada y luego el paso del tiempo se ocupó de condenarla al abandono. “La vivienda está dejada de la mano de Dios y cuanto más siga así el riesgo de desplome será mayor. Tememos que ocurra una desgracia y por ello hay que actuar de inmediato para no lamentarnos en un futuro”, añaden.







