puerto de la cruz

Libros que ayudan a cambiar el mundo

Manos Unidas abre su librería en la calle Iriarte, donde ofrece cientos de ejemplares a precios simbólicos, cuya venta se destina cada año a un proyecto social
Libros que ayudan a cambiar el mundo - Librería Manos Unidas
Margarita González Carrillo, responsable del mercadillo, comprueba el estado de los ejemplares y los acomoda en las estanterías. / Sergio Méndez

En el número 23 de la calle Iriarte, esquina Esquivel, en el Puerto de la Cruz, le dan una nueva vida a los libros y los convierten en proyectos sociales, educativos, o relacionados con el medio ambiente en distintos lugares del mundo.

Se trata de la librería de Manos Unidas, que hasta hace unos dos meses funcionaba en la Casa de los Agustinos, donde la ONG organizaba su tradicional mercadillo. La compra del inmueble por parte del Cabildo de Tenerife obligó a un traslado de sede que ha sido beneficioso. El local se abrió en septiembre y desde entonces, las visitas no han parado de incrementarse. La época es idónea, debido a la cercanía de la Navidad.

“La afluencia ha variado entre una zona y otra, ya que en la anterior ubicación la librería estaba en el patio, más escondida, y actualmente es más visible y por lo tanto, hay una mayor afluencia de personas, dado que además, la gente viene a buscar material específico”, apunta Margarita González Carrillo, responsable del mercadillo. Junto a ella trabaja un equipo de personas voluntarias que van rotando a diario.

Todos los libros son donativos y su precio es simbólico. Se establece en función también de la conservación de cada ejemplar, pero en cualquier caso no superan los cinco euros.

“Puede haber alguno que se pase de esta cantidad por ser un libro muy especial o muy antiguo, y que se encuentre en excelentes condiciones”, precisa el representante comarcal de Manos Unidas, Ricardo Richter. Siempre que los recogen es lo primero que comprueban, su estado.

Los hay de todos los géneros, cuentos y novela, policiales, ficción, de historia, poesía, ensayo, y destinados al público infantil y juvenil. En una balda se pueden encontrar ejemplares de diferentes idiomas, inglés y alemán, principalmente, pero también en italiano y danés.

Como en cualquier mercadillo, las curiosidades que ofrece son infinitivas. Libros descatalogados que suponen una verdadera joya para cualquier coleccionista. Los dos últimos que se vendieron fueron las historietas de Mortadelo y Filemón y los cómics del Puerto de Cruz, una trilogía que ya no se encuentra en ningún sitio, precisa Ricardo.

Al tratarse de una ONG vinculada a la iglesia católica resulta curioso ver en el apartado de religión un ejemplar del Corán. “Porque es un libro”, explica, y añade que durante los 13 años que trabajó en la biblioteca municipal, cuando llegaba el mes de Ramadán, iba mucha gente a preguntar si tenían este libro sagrado del Islam.

El local tiene un encanto especial. Hay colecciones de revistas, algunas de los años 80 del siglo pasado, discos de vinilo, y objetos que relacionados con el universo literario como gafas, libretas, maletas, mochilas, lápices, una máquina de escribir o un gramófono, que desaparecen rápidamente.

Margarita cuenta que mucha gente compra los libros, los lee y vuelve a llevar. Una práctica habitual entre los turistas durante su estancia en la ciudad. Además de comprar, la gente puede animarse a donar, ya que cada vez que se entrega un libro “sigue el cuento”, apunta. Cada libro donado no se para y lo más importante, es que todos los beneficios de su venta van destinados a proyectos sociales que ayudan a cambiar el mundo. Cada delegación elige anualmente una iniciativa relacionada con el medioambiente y el cambio climático, el agua y el saneamiento, la educación, la alimentación, la salud, el derecho de las mujeres o los derechos humanos en general y tiene que conseguir fondos para cubrirlo. El último fue para construir una escuela infantil en Camboya y en el que se trabaja actualmente está dirigido a fomentar la inclusión social y laboral de la población de Wau, una ciudad de Sudán del Sur cuyo nivel de refugiados ha aumentado debido a la guerra.

“Favorecemos también que se vacíen las casas de libros, porque en muchos casos la gente no sabe qué hacer con ellos, ya que casi no quedan librerías donde poder dejarlos en el Puerto de la Cruz”, sostiene Ricardo.