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“Necesitamos cumplir el decreto regional y campañas masivas con turistas para reducir los ahogamientos”

Chano Quintana es el fundador de la asociación Canarias, 1.500 kilómetros de costa
"Necesitamos cumplir el decreto ley y campañas masivas con turistas para reducir los ahogamientos"

De niño sufrió un ahogamiento que le marcó (estuvo en parada cardiorrespiratoria). Sin darse mucha cuenta, esa experiencia traumática siempre sobrevoló su consciente e inconsciente hasta que, ya periodista y curtido, decidió crear en 2015 una asociación (Canarias, 1.500 kilómetros de costa) para tratar de ayudar a reducir las muertes en ese Atlántico (y cualquier otro mar) que tanto nos da. Sebastián Quintana (Chano) se ha convertido ya en un nombre y rostro habitual cada vez que se quiere divulgar algo sobre la tercera causa de muerte no intencional en el mundo, y más tras días tan trágicos como el sábado de la semana pasada en Tenerife, con tres muertos en distintos puntos.


-Lleva años concienciando, pero sigue habiendo muchos ahogamientos e imprudencias, ¿se siente frustrado, impotente?
“Muchas veces sí; más que frustrado, impotente. Frustrado no porque trabajar en la prevención de los ahogamientos no es un proyecto periodístico para mí, sino de vida. Cada vez mueren más personas en todo el planeta, unas 70 cada hora, y estamos haciendo un esfuerzo, pero aún hay mucho que sumar, muchísimas voluntades, y que las entidades públicas lleven a la práctica una acción muchísimo más efectiva y contundente”.


-En estos años, ¿quiénes han aprendido menos: las administraciones, los canarios, turistas, guías turísticos, hoteles…?
“El problema en Canarias es que se da una situación que no existe en el resto de España, pues hay una ley de 2018 aprobada en el Parlamento para garantizar el baño seguro y preservar la integridad del que interactúe en espacios acuáticos…”.


-Y no se está cumpliendo…
“Es que quedó totalmente noqueada porque, cuando se aprobó este decreto, que determina quiénes son los responsables de la seguridad en las playas, y que estén limpias, que haya baños, que puedan acceder las personas con movilidad reducida y que haya socorristas, se determinó que son los ayuntamientos. Además, el decreto contempla la inversión, sí o sí, obligada y preceptiva, de medidas de seguridad en cada playa; es decir, que cada una tenga sus medios materiales, técnicos y humanos para garantizar la seguridad en el agua o en la arena, sobre todo con socorristas. Sin embargo, la Fecam interpone un recurso y el TSJC dicta a favor del Gobierno regional, diciendo que se debe cumplir la ley, pero recurren y el Supremo opta por una resolución salomónica, diciendo que los ayuntamientos con menos de 20.000 habitantes no tienen por qué cumplir la norma que exige el decreto y, con esto, se demuestra un desconocimiento absoluto del alto tribunal porque, por ejemplo, Pájara tiene menos de 20.000 residentes, pero la visitan un millón de turistas, y así ocurre con el 72% de los municipios canarios, que cuentan con menos de esas personas, pero con una población flotante que los supera con creces. Por eso, ahora depende de la decisión de cada alcalde o alcaldesa cuánto se invierte en seguridad, y esto supone un problema tremendo, un torpedo en la línea de flotación del decreto”.


-Por las cifras, ¿estamos peor que antes del decreto?
“Depende, hay ayuntamientos que sí han hecho sus planes de seguridad y otros no. Debe tenerse en cuenta que en las Islas tenemos hasta 750 puntos donde nos podemos bañar y 134 con un nivel de usuarios alto, sobre todo en los sitios más turísticos. En torno a un 30% de las localidades que tenían que aprobar planes por población para cada zona de baño, no para el municipio en su conjunto, lo han hecho, pero es una cifra demasiado baja”.


-El sábado de la semana anterior hubo tres muertos en tres puntos de Tenerife y se escucha mucho eso de usar “el sentido común”, y hasta lo hace la consejería, pero ¿es eso suficiente con los números que hay? ¿Aparte de la ley, qué se puede hacer y no se está haciendo?
“Campañas de concienciación masivas, que es algo que he reivindicado no solo en el Parlamento de Canarias, sino en el Congreso y en Bruselas. Hay que apelar a la concienciación; siempre me fijo en la Dirección General de Tráfico, cuyo gran esfuerzo no consiste en poner más radares y guardias civiles, sino en campañas muy duras de concienciación y tocar el bolsillo. Son dos medidas que hay que aplicar con las playas porque, en España, mueren al año ahora en carreteras entre 1.100 y 1.200 personas, pero ahogadas unas 500: ¿cómo no se han activado campañas a escala general? Además, los municipios deben aplicar sanciones leves, graves y muy graves, dependiendo del caso omiso. Y es que la población de Canarias, España y el mundo es analfabeta en materia de seguridad acuática; ésa es la gran cuenta pendiente, pues no podemos poner un socorrista detrás de cada bañista ni un guardia civil tras cada conductor. ¿Qué ocurre, y esto lo digo siempre en plan irónico?: que la población flotante es la que más se nos está hundiendo, pues siete de cada diez ahogados son turistas, y son los que tienen aún menos conocimiento. Los que se acercaron el otro día al espigón del Puerto ven una gran ola y, luego, se queda la lámina de agua totalmente tranquila, pero desconocen que las olas vienen por series: seis o siete, después se para un poquito y, al final, tres o cuatro que los cogen a traición y los barre hacia el mar”.


-Sobre ese caso, Puertos de Canarias recalca que, en prealerta, no cierra la puerta que da a la punta del muelle: ¿es un error, debería cambiarse eso…?
“Una prealerta no indica un peligro inminente, pero ésa no es una zona de baño, sino tierra y debería cambiar la normativa, aunque sí creo que en este caso no hay ninguna responsabilidad. Por eso hay que apelar a la concienciación, porque el turista viene aquí en modo avión y con la actitud absolutamente relajada de vacaciones, de disfrute, y no es consciente. Ese mismo día, a las 11, en Roque de las Bodegas, seis franceses que ven una cinta se la saltan (y muere uno), y ésa es la cuenta pendiente…”.


-Y también hay canarios que, con el mar así y en prealerta, van a pescar a sitios escarpados, como pasó en La Guancha…
“Sí, y ésta es otra gran cuenta pendiente porque hay pescadores que incumplen todas las medidas de prevención y se confían. Hemos estudiado el patrón de comportamiento y el ahogamiento en Canarias y el mundo se escribe en masculino pues, de cada diez muertos, entre siete y ocho son hombres. El elemento común suele ser la imprudencia, pero luego está, por ejemplo, el patrón del imprudente consciente, que suele ser el canario, el que dice que conoce la marea, que controla el mar, que el mar y él nacieron juntos… Es el llamado síndrome de la inmortalidad (a mí no me va a pasar nada), y luego está el patrón del inconsciente, que suele ser un turista, principalmente europeos: según la relación, alemanes, ingleses, franceses, italianos, polacos, rusos y, así, hasta 37 nacionalidades en los últimos siete años”.


-Usted ofrece conferencias en centros docentes, instituciones…, ¿deberían darse también en alojamientos, a guías turísticos, cruceros…?
“Por supuesto… Hay varios hoteles que sí están informando, por ejemplo, al proyectar el video en seis idiomas que tenemos, que se difunde en universidades de trece países como materia de aprendizaje en las carreras relacionadas con la seguridad. Hay cadenas que lo tienen implantado en sus circuitos de TV en las habitaciones, como beCordial, Gloria Palace, Lopesan… para saber cómo actuar ante un ahogamiento…”.


-Pero no es algo general…
“Desgraciadamente, no, y mira que me reuní con las patronales turísticas de Tenerife y Gran Canaria, con Turismo…”.


-¿Y que las administraciones lo impongan?
“Imponer es muy difícil, pero sí deberían seducirlas e invitarlas a que lo hagan. La cadena beCordial, que es muy prestigiosa, lleva ocho años con la campaña y su director general, Nicolás Villalobos, me ha dicho que, desde entonces, no han tenido una víctima de sus clientes en sus mil y pico camas, por lo que lo califica de éxito total. Por aquí es por donde hay que ir y, por desgracia, no se ha ido”.


-Canarias tiene las características que tiene, pero ¿está mucho peor, en proporción de muertes, que el resto de regiones de España y el mundo?
“Estamos en los primeros lugares a escala nacional en mortalidad, pero por la sencilla razón de que somos el único lugar de la UE que está abierto para el turismo los 365 días del año, cuando en el resto están tres o cuatro meses y se cierra la temporada de verano. No obstante, no somos líderes en el mundo en proporción porque, por ejemplo, en Brasil mueren 17 personas ahogadas cada día. La Organización Mundial de la Salud, que nos ha elegido en España para un estudio sobre ahogamientos y turismo, define este problema como la tercera causa de muerte no intencional en todo el planeta”.


-¿Hay buena formación de los socorristas canarios, su cifra es suficiente, deben estar todo el año en zonas de baño, aunque haya poca gente en los charcos, piscinas, playas…?
“Existe heterogeneidad en cuanto a la formación porque no hay un control, pero no solo en Canarias, sino en toda España. Se están dando títulos de socorristas con un curso por internet y ves a la persona, a ese alumno, y ni siquiera tienes claro que sepa nadar. No obstante, el gran problema es la baja incentivación laboral y salarial. Ahora hay colectivos que se están manifestando porque apenas cobran mil euros y esto está generando un vacío en la demanda porque a la gente joven no le interesa, al poner en riesgo su vida por dos perras. Estamos asistiendo a un bum de guardavidas de países sudamericanos, de Argentina, Uruguay, México…, que ven en España un filón, un atractivo para venir. En Cataluña, por ejemplo, el 65% de toda la plantilla son sudamericanos, sobre todo argentinos”.


-Existe mucho la figura del voluntario de Cruz Roja al que colocan en verano en playas o reforzando servicios, pero gente muy joven que no tiene continuidad ni acaba siendo socorrista…
“Efectivamente, lo hacen muchas veces para ganarse unas perritas, pero luego no siguen y los que son profesiones se sienten mínimamente incentivados. El gran problema de Canarias es que, en verano, muchas playas activan sus servicios de socorrismo, pero llega el 15 de septiembre y la mayoría de esos contratos quedan suspendidos y esas zonas de baño, inermes. Según un estudio que elaboramos, tras reunirme varias veces con el Diputado del Común de entonces, para cumplir el decreto se necesita entre 1.000 y 1.500 socorristas para cubrir todos los preceptos”.


-¿Y cómo ve la señalización en playas y charcos: también insuficiente y confusa?
“Podría ser muchísimo mejor, no todos esos 750 puntos están señalizados y notas ausencia de señales verticales y en distintos idiomas, especialmente en las zonas turísticas. Incluso, echo en falta elementos que impidan físicamente el acceso a esas áreas de peligro. Por ejemplo, me refiero al Tancón (zona de Santiago del Teide donde se han ahogado numerosas personas), donde hay 20.000 carteles pero no les hacen caso, y ese lugar y la piscina natural de al lado es uno de los sitios donde más siniestralidad acuática hay”.


-Si tuviera mañana mismo responsabilidades políticas en este ámbito, ¿qué tres medidas urgentes o cambios aplicaría ya?
“Primero, darle toda la fuerza y vigor al decreto aprobado por unanimidad en 2018; lo segundo, potenciar en la población isleña, sobre todo en la infanto-juvenil, la iniciación a la prevención en seguridad acuática, y, como tercera medida, un plan de choque en el subsector turístico: hoteles, viviendas vacacionales, agencias de alquiler de coches, operadores… todos los agentes, con cursos, campañas de concienciación y difusión masiva de consejos prácticos: qué es una corriente de retorno; que las olas vienen en serie; que los manguitos de niños no bastan, que es un juguete, no un elemento de seguridad; que la bandera roja significa peligro, y no como una señora, que hace poco le preguntó al socorrista de Bajamar qué implicaba eso, al creer que era porque el agua estaba caliente, mientras que la amarilla, tibia, y la verde, fría”.