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Una calle para el sargento Abad en Santa Cruz de Tenerife

El Ayuntamiento capitalino dará nombre por primera vez en la historia a una vía pública en memoria de un policía local, quien destacó por su dedicación y entrega al cuerpo policial
Una calle para el sargento Abad en Santa Cruz de Tenerife

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife pondrá por vez primera el nombre de una de sus calles a un policía local, concretamente a José María Abad Pérez, más conocido como el sargento Abad. Esta decisión no hubiera sido posible sin el empeño de amigos, familiares y compañeros de este agente, así como de la asociación de veteranos de la Policía Local, que han luchado para que, por fin, se honre a un agente municipal en una de sus vías. La calle elegida se denomina en la actualidad Segunda Transversal Continente, ubicada en Añaza, siendo la que da acceso a las instalaciones donde se ubica el Cuerpo General de la Policía Canaria.

El sargento Abad fue reconocido siempre como una persona ejemplar, tanto en su trabajo como por su empatía. Aunque su padre estuvo destinado en diversas bases militares, Abad nació en Santa Cruz de La Palma el 26 de junio de 1942, siendo el segundo de cuatro hermanos.

Tras un periodo como militar en territorios de El Sáhara volvió a las Islas y con 20 años ya trabajaba como chófer. Casado en segundas nupcias con su ahora viuda, Pilar Abad Illa, dedicó su vida a sus grandes amores, sus hijas y su nieto.

Todos destacan su carisma y semblante en la transformación de aquella Policía municipal en la Local de inicios del siglo XXI. Tenía clara su vocación y se presentó a las oposiciones para ser policía sin el conocimiento de su padre. El 1 de septiembre de 1968 comenzó como agente municipal y pronto fue jefe de la unidad motorizada; ascendió a cabo y después a sargento de tráfico. Poseía un conocimiento extremo de la organización policial porque también desempeñó funciones en la intervención de armas; en la oficina administrativa; objetos perdidos; logística y como sargento coordinador de las unidades operativas.

Anécdotas como su defensa para que la Policía tuviera una partida económica destinada a salchichas, para ser usadas como premio en el adiestramiento de los perros de la incipiente unidad canina santacrucera, son algunas de sus hazañas en la memoria, al igual que en sus inicios como responsable de la unidad motorizada cuando consiguió dinero para recauchutar las botas de montar a caballo que usaban los motoristas.

También destacó por su apoyo y exigencia de respeto ante la llegada de las mujeres al cuerpo policial en junio de 1983. “Siempre defendió su incorporación y que accedieran a la formación y puestos que preferían, como el resto de los agentes, algo que a algunos les parecía raro en aquella época”, añade Pilar, quien recuerda a su marido como “el primero que llegaba a la comisaría y el último que se iba, pues cuando se ponía el uniforme todo se acrecentaba”.

Al sargento Abad le tocó convivir con el final de la dictadura, la transición y la llegada de la democracia. Siempre mantuvo una comunicación abierta con los distintos alcaldes y concejales, pero dejando claro que por encima de todo estaba la Policía Local.

En sus últimos años disfrutó de ver crecer a su nieto y ambos se enfrascaban en largas conversaciones, siempre con ejemplos; siempre con recuerdos, y siempre insistiéndole en que “hay que ser una buena persona y un hombre de provecho”.