El 19 de agosto de 2024 es una fecha que Desireé Regalado Bello difícilmente olvidará. Fue el día en que le confirmaron un diagnóstico de cáncer de mama, en estadio 2, con un tumor de grandes dimensiones que abarcaba todo su pecho derecho.
Días antes se había encontrado un bulto inesperado sobre el pezón que le causó dolor, especialmente al conducir. Aunque inicialmente lo atribuyó a un desajuste hormonal por la menstruación, el dolor fue en aumento. Desireé supo en su interior que algo grave estaba sucediendo y acudió de inmediato al Hospital Universitario de Canarias (HUC).
Su primera batalla fue conseguir que le hicieran una ecografía. En el centro hospitalario le negaron la prueba argumentando que no podían saltarse el protocolo, que exigía pasar primero por su médico de cabecera. Sin embargo, una vez en la camilla, la médico que la exploró solicitó un ecógrafo de inmediato. Le confirmó que se veía una “sombra acústica”, algo anómalo, y le pidió una mamografía urgente cuyos resultados, le dijeron, tardaría dos semanas.
Desireé no pudo esperar. “No aguantaba la matraquilla de saber qué podía ser”, confiesa. Acudió a una clínica privada, expuso su caso con la preocupación que la embargaba, y ese mismo día le hicieron la prueba de urgencia. Los resultados arrojaron un diagnóstico de malignidad del 99%. Con 41 años, la noticia le hizo replantearse miles de cosas, siendo la primera la manera de comunicárselo a su hija de 13 años.
Tras el diagnóstico, comenzó su recorrido por las especialidades de Oncología y Ginecología. Inicialmente, sintió alivio al pensar que evitaría la mastectomía; la ginecóloga le había planteado operar primero y luego evaluar la quimioterapia. Pero un día la citaron para confirmarle que ese plan no era posible. El tumor era demasiado grande, “muy raro para su edad” según le dijeron, y antes de llegar al quirófano había que reducirlo con quimioterapia.
Esa fue la secuencia que desembocó en una mastectomía -además tenía un ganglio con una pequeña metástasis-, sesiones de radioterapia y, finalmente, en una operación de ovarios y trompas, porque al ser un cáncer hormonal era necesario prevenir.
Esta joven villera pasó por el quirófano dos veces y todo fue muy seguido. Inició la quimio el 9 de octubre de 2024 y aunque debía finalizarla en la primavera de 2025, tuvo que cancelarla antes por “toxicidad en el cuerpo”. Un revuelo hormonal por una menopausia inducida y dos operaciones la dejaron en un estado de “caos, porque no deja de ser una mutilación de tu cuerpo” sumado al agotador cansancio derivado de la radioterapia y el tratamiento hormonal al que todavía se enfrenta.
Uno de los momentos más difíciles fue confirmarle la enfermedad a su familia y a su hija Sayra en un entorno ya delicado por el ingreso de su padre. Se lo dijo en la sala de espera del HUC, junto a su hermana y sobrina. “Nos rompimos a llorar, abrazadas”, recuerda. “Ella se quiso poner fuerte por mí, pero yo sabía que estaba rota por dentro, aunque siempre intentó llevarlo de la mejor manera posible”, confiesa.
Escuchar la palabra ‘cáncer’ asusta y dispara temores difíciles de explicar pero ella decidió darle la vuelta. “Por supuesto que es una enfermedad terrible y que causa mucho dolor, pero también es cierto que, cuando vemos las adversidades, podemos sacar algo bueno y aprender incluso en la oscuridad”. Una de las grandes lecciones que le dejó fue vivir el día a día, intensamente, disfrutar de la familia y los amigos, y abrazarse y besarse aún más.
También a valorar las pequeñas cosas, el crecimiento de su cabello y sus pestañas, “o incluso un simple moquillo, porque la enfermedad te deja completamente seca”, detalla. En su caso lo perdió todo, pero ahora presume, con una sonrisa, que el pelo le ha crecido “a velocidad de rayo”.
Para Desireé, el apoyo familiar y de los amigos es fundamental para sobrellevar la enfermedad cada día. “Y aunque no lo tengas, siempre hay alguien que te acompaña: los médicos, la gente que conoces en el tratamiento y las personas que trabajan en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC)”. Le tocó recibir quimioterapia durante la Navidad del año pasado. “Nos daban polvorones, turrones, chocolate… pequeños detalles que eran una alegría en medio de la dificultad”, cuenta.
Por eso se prometió a sí misma que en estas fechas llevaría una caja de turrones para que quienes estén ahora en su lugar también puedan experimentar esas pequeñas alegrías.
Al mismo tiempo, considera importante reservar momentos de soledad, “porque necesitas tu tiempo para llorar, procesarlo todo y reconciliarte con tu nueva imagen”. Todo ese proceso lo cuenta en el libro ‘Lo que el cáncer me enseñó’, una especie de diario concebido como una terapia para desahogarse, en el que relata todo lo que vivió y sintió con la intención de ayudar a quienes que estén pasando por la misma experiencia.
Con su portátil, aprovechaba esos momentos de “lucidez” en los que se sentía un poco mejor para escribir. “Quise transmitir un mensaje de resiliencia, esperanza y fe, y además apoyar a las asociaciones”. De hecho, la totalidad de la recaudación por sus libros está destinada a la AECC.
Relata que mientras leía ‘Lo que el cáncer me enseñó’ para revisar cómo había quedado, a veces sentía que no era ella quien lo había escrito hasta que llegaban los momentos más duros y se derrumbaba porque le devolvían recuerdos muy dolorosos. “Lo cierto es que me enganchaba: empezaba a leer y seguía, no podía parar”, confiesa. Esa misma sensación se le han transmitido muchos lectores.
Al final del libro hay varios códigos QR que llevan a Guerrera, una canción que escribió previamente, a un álbum digital con fotos e imágenes, a los agradecimientos y a algunos de los momentos más duros.
Como educadora infantil y mujer de “alma inquieta” (también interiorista y músico compositora), Desireé pensó en los niños que luchan contra la enfermedad, dando vida a El castillo de los guerreros, su segundo libro.
Se trata de una obra cargada de simbolismo y formato escape room para preadolescentes en el que hay que resolver misterios y buscar pistas: el castillo es el hospital, los guerreros son los niños, la invasión es la enfermedad, y el guardián, el oncólogo. La historia les enseña a resolver enigmas con tres superpoderes, sin ninguna referencia directa al cáncer, y contiene un QR final con la explicación de todo el simbolismo.
Otros golpes duros fueron perder recientemente a su “gran amigo de batallas” Manolo Trujillo y no poder volver a trabajar. “Psicológica y emocionalmente es muy difícil de asumir. He estado devastada porque siempre he sido una persona muy activa con niños: tirándome al suelo, saltando, haciendo actividades, y ahora, de repente, me veo como si tuviera una edad avanzadísima y paso el día con muchos dolores”. Aun así, y sin saber que hará en el futuro más inmediato, no descarta seguir escribiendo, colaborando como voluntaria, y dando charlas.

Para Desireé, el cáncer fue un paréntesis doloroso, una mutilación física y psicológica, pero también el catalizador de una nueva misión. Demostró que, aunque la vida imponga una pausa forzada, no tiene por qué ser el final. Con sus libros, su música y su activismo, ha transformado el dolor en un motor de cambio.
Esta vecina del Puerto de la Cruz, pero villera de adopción, tiene claro que la enfermedad no la va a parar. Por mucho que esté dolorida, luchará por tener la mejor calidad de vida posible y seguir siendo ese alma activa.
Su legado es una invitación a vivir la vida de manera intensa, a valorar las pequeñas victorias y a demostrar que la resiliencia es convertir el testimonio de la propia fragilidad en una fuerza imparable para los demás.
La triple misión de su obra: ayudar, regalar y colaborar con la AECC
Desireé publicó los dos libros al mismo tiempo. Para ella fueron una terapia, una forma de desahogo y de transmitir un mensaje tanto a adultos como a niños. Tardó un mes y medio en escribirlos. Los autoeditó e invirtió una cantidad importante de dinero, que asumió con gusto sabiendo el destino solidario de la recaudación. Si se los compran directamente a ella, el 100% va a la AECC. Incluso se ofrece a llevarlos siempre que puede: “Me escriben por WhatsApp al 692 563 178 y se los acerco sin problema”, asegura. Adquirirlos en estas fechas ayudan a cumplir una triple misión: ayudar, regalar y colaborar con la entidad







