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“En 10 años sabremos qué tipos de cáncer de mama no se desarrollarán y muchas pacientes requerirán solo la mitad de los tratamientos”

Isabel Rubio Rodríguez es la directora del Área de Patología Mamaria de la Clínica Universidad de Navarra
"En 10 años sabremos qué tipos de cáncer de mama no se desarrollarán y muchas pacientes requerirán solo la mitad de los tratamientos"

Es una referencia nacional y europea en cirugía oncológica de la mama y patología mamaria. Su currículum lo dice todo: tras la licenciatura y la especialización en Cirugía General, realizó una subespecialización durante dos años en el Arkansas Cancer Research Center (Estados Unidos), país en el que completó su formación en el Breast Cancer Center de Houston. Ha dejado huella en el Hospital Universitario Vall d’Hebron y en el Instituto Oncológico Baselga de Barcelona. Presidenta electa de la Organización Europea del Cáncer, la doctora Isabel Rubio Rodríguez dirige actualmente el Área de Patología Mamaria de la Clínica Universidad de Navarra.


Atiende a DIARIO DE AVISOS en el hotel Bahía del Duque, media hora antes de partir hacia el Auditorio de Adeje para recoger el premio de la Fundación Canaria Carrera por la Vida. Durante la conversación, emplea un tono amable, cercano y didáctico, aunque a la hora de reivindicar mejoras en la atención a pacientes con cáncer, se muestra contundente.


-¿En qué momento se encuentra la investigación contra el cáncer de mama?
“En los últimos años, los especialistas nos hemos dado cuenta de que tan importante es curar el cáncer como preservar la calidad de vida de los pacientes. Muchas de las investigaciones reflejan un avance en la supervivencia, y también hemos llegado a la conclusión de que la incidencia mayor del cáncer de mama se da entre 50 y 60 años, es decir, en mujeres que tienen mucha vida por delante. La calidad de vida de las pacientes es fundamental, no solo es curar. Ha sido un cambio importante en la mentalidad de entender que hay que dar todos los tratamientos posibles para evitar una vida miserable”.


-¿Qué últimos avances destacaría?
“El cáncer de mama es, probablemente, uno de los cánceres donde más ha avanzado todo: en la investigación de los tratamientos (tanto en los estadios iniciales como en pacientes con metástasis) y en su optimización. Es donde más se han reducido las cirugías y los tratamientos sistémicos. Es pionero en muchos aspectos”.


-El salto en la investigación ha sido notable en los últimos años, algo que se refleja en los índices de supervivencia. ¿Cómo será la vida de las personas a las que se les diagnostique un tumor maligno dentro de 10 años?
“Si comparamos lo que tenemos ahora con los tratamientos de hace 20 años, el cambio ha sido sustancial en todo: más supervivencia, mejor calidad de vida y tratamientos más individualizados, que es de lo que se trata, porque una mujer con un cáncer de mama es completamente diferente a otra mujer con la misma enfermedad. Siempre se habla de que nos gustaría que el cáncer de mama se hiciera crónico. De aquí a diez años estoy segura de que habrá muchas pacientes que requieran solo la mitad de los tratamientos que se están haciendo ahora. Habrá muchas que, aunque incluso se diagnostiquen con metástasis, vivirán muchos más años de los que viven ahora. Que acabemos con esto en 10 o 15 años yo no lo veo tan claro. El optimismo está en que iremos cada vez afinando más qué pacientes responden ante menos tratamientos y con muy buena supervivencia, y qué pacientes con metástasis podemos ofrecerles múltiples líneas de tratamiento que, sin afectar tremendamente a su calidad de vida, pueden vivir muchos años con la enfermedad. Antes, un diagnóstico de metástasis era una supervivencia muy corta. Y ahora hay distintas líneas de tratamiento”.


-¿Habrá pacientes que, incluso, no necesiten ningún tratamiento?
“Es muy probable. Por ejemplo, en los carcinomas in situ, que son el estadio inicial a desarrollar un cáncer infiltrante. Ya hay estudios en los que se observa a los pacientes sin operarlos. Algunos toman medicación y otros no. Es decir, podremos determinar qué cánceres de mama son indolentes [que no van a progresar]. Ese será el futuro en los próximos años. No creo que acabemos con el cáncer en 10 o 15 años, pero el conocimiento que nos dará el poder determinar mejor qué tipo de tratamiento se necesita en cada caso será lo que marque la diferencia”.


-¿Se deben adelantar las revisiones médicas, las mamografías, en la sanidad pública a edades más tempranas, como reclaman las asociaciones contra el cáncer?
“La mayor parte de comunidades autónomas hacían el cribado poblacional desde 50 a los 65 años cada dos años. El Plan Europeo contra el Cáncer recomienda que se amplíen las edades, empezando a los 45. Hemos visto un repunte en las mujeres entre 45 y 50 años, aunque no es el grupo poblacional de mayor incidencia. Es el de 50 a 60. Una mujer de 65 años tiene ahora una esperanza de vida de 20 más, por lo que se ha recomendado ampliar a 75. Pero hay que ampliarlo por los dos extremos. También creo que las mujeres están hoy más concienciadas sobre la necesidad de autoexplorarse y, sobre todo, hacerse mamografías. Un diagnóstico temprano mejora la supervivencia y reduce los tratamientos”.


-¿Qué peso tiene la genética y qué otros factores influyen en la aparición de esta patología?
“Todos los cánceres vienen determinados por los genes de cada uno. Y en el caso del cáncer de mama influyen múltiples factores, entre ellos la edad. Conforme uno se va haciendo mayor tiene más riesgo de tener un cáncer de mama. Eso es inevitable. Si las mujeres siguen aumentando la esperanza de vida, un porcentaje altísimo acabará teniéndolo. La historia familiar tiene un peso muy importante. Luego hay otros factores, como el período de tiempo que pasa entre la primera regla y la menopausia. Cuanto más largo sea ese proceso existe un factor de riesgo negativo. El embarazo es un factor de riesgo positivo, es decir, parece que se reduce el riesgo si los embarazos son en edades por debajo de los 40 años. Pero los dos factores fundamentales en el cáncer de mama son la edad y la historia familiar. Y luego está el 5% de los casos que son producidos por una mutación de un gen heredado del padre o de la madre”.


-Entre todas las pacientes que superan una patología de estas características existe el miedo a la recaída. ¿Las estadísticas siguen diciendo que es un temor justificado?
“Sí, porque hay dos tipos de recaídas: unas, en aquellos tumores que ya de entrada son muy agresivos y los pacientes pueden recaer en los primeros cinco años -generalmente, tienen un peor pronóstico-, y hay otro tipo de recaídas que se dan en los tumores muy poco agresivos, que se tratan con cirugía, radioterapia y hormonoterapia [antiestrógenos], que no suelen generar recaídas muy pronto, sino a los 15 o 20 años y suelen ser de forma local, es decir, aparece otro nódulo en la mama. Tienen buena solución. Pero cualquier recaída, sea a los 3 años o a los 15, para los pacientes es un trago, porque es volver otra vez sobre los mismo. Psicológicamente, son muy difíciles de llevar”.


-Hasta ahora, la radioterapia y la quimioterapia, además de la cirugía, son los tratamientos más frecuentes, pero son agresivos, con efectos secundarios significativos. ¿Ganan terreno otras alternativas?
“Existen dos tipos de tratamiento: los locorregionales (cirugía y radioterapia) y los sistémicos (quimioterapia). La cirugía en el cáncer de mama ha evolucionado enormemente. Si hace 15 años, el 70% de las mujeres se hacían una linfadenectomía axilar (eliminar todos los ganglios debajo de la axila), ahora mismo ese porcentaje se ha reducido al 20 o al 30%. Esta es una cirugía con muchos efectos secundarios, como el desarrollo de linfedemas (el brazo se hincha), que es una enfermedad crónica. Hay estudios y ensayos clínicos para reducir ese riesgo, incluso con una linfadenectomía, porque ahora, durante la cirugía para quitar todos los ganglios, se hacen anastomosis entre la linfa y las venas que reducen ese riesgo. Pero, independientemente de eso, la cirugía axilar en cáncer de mama se ha reducido de forma notable. Se quitan uno o dos ganglios en un 80% de los pacientes, lo cual es un avance tremendo. Por otra parte, ya tenemos grupos de pacientes en los que la radioterapia parcial de la mama se ha visto que tiene los mismos resultados oncológicos y estéticos que la radioterapia a toda la mama, con lo cual se reduce también la fibrosis y los efectos secundarios”.


-¿Y qué nos puede decir de los tratamientos sistémicos?
“La idea que ahora está avanzando más se centra en determinados subtipos tumorales que son más agresivos, a los que se le da tratamiento sistémico antes de la cirugía. Se intenta reducir el tipo de quimioterapia y recurrir más a la inmunoterapia, y evitar así más efectos secundarios. Tratamos de reducir la quimioterapia y rebajar el tipo de radioterapia y las cirugías para obtener los mismos resultados oncológicos sin ser tan agresivos. La idea es no sobretratar, pero tampoco infratratar”.


-Precisamente, le ha leído en alguna entrevista que se abusa en algunos casos del sobretratamiento ¿Que quiere decir?
“Hemos mejorado en los diagnósticos: de las mamografías 2D hemos pasado a mamografías con tomosíntesis, tenemos la resonancia, la mamografía de contraste, que detectan más cánceres en estadio inicial. Este grupo de pacientes donde hay un incremento de esta detección, al mejorar mucho los métodos diagnósticos, probablemente nunca desarrollaría un cáncer infiltrante, pero una vez que está diagnosticado hay que tratarlo. Es ahí donde no tenemos suficientes datos como para saber a quién podemos dejar sin tratar y que no tengan ningún problema a lo largo de su vida. Hay varios ensayos clínicos en marcha para ver qué pacientes con carcinomas intraductales [células anormales en el revestimiento de un conducto de la mama sin diseminarse a otros tejidos] no van a desarrollar un cáncer infiltrante. No hay que hacerles nada, pero todavía no tenemos claro quién va a desarrollarlo y quién no. En 10 o 15 años lo sabremos. Tendremos pacientes a los que con una mamografía le detecten una pequeña alteración o una lesión que es un carcinoma intraductal y no les haremos nada porque sabremos que nunca desarrollará un cáncer infiltrante, que es el que puede afectar a otros órganos”.


-¿Es similar a lo que ocurre ahora con el cáncer de próstata?
“Exactamente. Hay casos en los que no se hace nada. Se diagnostica pero se espera, porque son muy poco agresivos. Se sabe que no van a progresar en ningún momento”.


-¿Qué se debería mejorar en la sanidad pública española frente al cáncer, en general, y el de mama, en particular? ¿Cuáles son las asignaturas pendientes?
“Hay muchas. Una de ellas es un Registro Nacional de Cáncer. Hace años que llevo diciendo que España no tiene datos. Tiene los mínimos, de incidencia y mortalidad, pero no tiene ninguno de cáncer de mama ni de ningún otro porque no hay un registro estatal de cánceres. Es un problema tremendo, ya que se debe saber lo que un país hace, lo que hacen sus hospitales, cómo tratan a los pacientes, qué resultados tienen más allá de la mortalidad, cuántos pacientes recaen… Y no existen datos. Es sangrante ver cómo España no ha llegado todavía al punto de entender la necesidad de contar con registros y controles de calidad sobre los procesos que se hacen. A nivel administrativo es un auténtico problema. Hablamos de compartir datos globales. Si no los tenemos, cómo los vamos a compartir”.


-Y centrándonos en el cáncer de mama, ¿qué reivindica?
“Que los pacientes sean tratados en centros de cáncer. Si tienes alzheimer, te gustaría ir a un centro de alzheimer y no un neurólogo que está tratando alzheimer, parkinson, migrañas y todo lo demás. Se supone que si solo tratas alzheimer eres el que más sabe de alzheimer. Entonces, ¿por qué no entendemos eso con el cáncer? ¿Por qué no entendemos que te tiene que operar un cirujano que sea oncológico? ¿Por qué no entendemos que te tienes que tratar en centros donde, independientemente de los especialistas que te tratan el cáncer, tengas acceso a rehabilitación o a psicooncología? ¿Por qué no entendemos que eso marca la diferencia? En muchos otros países lo tienen claro”.


-Parece de sentido común…
“Si tienes un problema laboral, necesitas un abogado laboralista y no uno que haga por la mañana divorcios, por la tarde laboral y al día siguiente mercantil. En España siempre nos han hecho creer que tenemos un sistema estupendo. Sin datos, claro. ¿Dónde están los datos para saber que es bueno o malo? Lo único bueno que tiene el Sistema Nacional de Salud es que uno va allí cuando quiere y le hacen todo. En el mundo en que vivimos, con la cantidad de investigación e innovación y de nuevos descubrimientos y tratamientos, la subespecialización es fundamental. Hace 40 años tenías un médico de medicina interna que te hacía todo, pero ahora si tienes un problema digestivo vas al digestivo y si tienes un problema de pulmón vas al neumólogo. ¿Por qué con el cáncer no?”


-Permítame una pregunta más personal. ¿Cuánto le afecta entregarse en cuerpo y alma a salvar vidas y no conseguirlo siempre?
“Todo en esta vida tiene sus éxitos y sus fracasos. Si uno cree que ha hecho todo lo posible por dar el mejor de los tratamientos, el mejor de los diagnósticos y el mejor de los soportes y no ha podido ser, porque todavía no estamos al nivel de solucionar todos los cánceres, con la pena que eso supone, uno al final no puede hacer otra cosa. Al menos queda esa satisfacción de haber hecho todo lo que podía hacer por intentar salvar a un paciente”.


-¿Qué destacaría del cáncer de mama en los varones, del que apenas se habla?
“Es muy poco frecuente. De cada 100 mujeres con cáncer de mama hay un varón. Los varones nunca han pensado que podían tener esta patología. Por eso, los diagnósticos son más tardíos, porque los hombres se notan un bulto y piensan que puede ser de todo menos un cáncer de mama. Hay varias asociaciones que están empezando a alzar la voz y eso es fundamental para la concienciación”.


-¿Qué le diría a una persona a la que acaban de diagnosticarle un cáncer de mama?
“Que busque el sitio donde la puedan tratar de forma global, que si tiene que pedir una segunda opinión la pida y que, una vez superada la fase de asimilación, se involucre en sus tratamientos y pida información para entender lo que le ofrecen, lo que le van a hacer, los beneficios, los riesgos y poder participar. Las preferencias de los pacientes juegan un papel fundamental en los tratamientos”.


-¿Qué mensaje final le gustaría subrayar?
“Que prevenir es curar, que hay que hacerse mamografías, ir al médico si se detecta un problema, porque la prevención y el diagnóstico precoz es clave para curar, para tener mejores tratamientos y para aumentar los niveles de supervivencia. Y también digo que necesitamos a toda la comunidad del cáncer unida para intentar tener registros, datos y mejorar los controles de calidad, los tratamientos y la vida de los pacientes”.