Comenzó como un “hobby” familiar pero se ha transformado en un referente de sostenibilidad aplicada en Tenerife. Ubicada en la zona de Las Dehesas, en el Puerto de la Cruz, la Finca Encuentro se erige como un pulmón verde de 6.000 metros cuadrados donde la ecología, la educación y la rentabilidad económica convergen.
Hace cinco años, David Keswani González y sus hijos, Patrick y Frank Keswani Labunski, adquirieron esta propiedad con el objetivo inicial de tener una finca, vivir allí, y cultivar hortalizas, verduras y frutas para el propio consumo. Era una idea “suelta” para destinarla a uso privado pero en breve comprendieron que el terreno demandaba mucho tiempo y trabajo y por lo tanto, una visión más ambiciosa.
Patrick, que vivía en Alemania, dejó su trabajo y hace tres años atrás decidió aterrizar en Tenerife para desarrollar más profundamente con su padre un proyecto relacionado con la ecología y el cuidado del medio ambiente, algo que a ambos les apasiona. Así nació el concepto actual de Finca Encuentro, un refugio donde el futuro se cultiva a mano y que este periódico visitó acompañado por sus dos mentores.
“El proyecto tiene como base educar en temas de sostenibilidad, un objetivo que va más allá de cultivar frutas, verduras y hortalizas de manera ecológica, aunque es una parte importante porque tenemos que empezar por lo que consumimos”, explica Patrick. “Pero no se trata solo de ésto, sino de ir en cooperación con la naturaleza, fomentando una relación armoniosa entre los individuos, las empresas y nuestro planeta, y educar al profesorado para que éste a su vez traslade esta filosofía de vida al alumnado ya que hoy en día la mayoría de la gente habla de sostenibilidad pero no sabe exactamente qué implica este concepto, porque en el día a día es muy fácil anteponer la comonidad propia”, añade.
En este sentido, Finca Encuentro demuestra que todo ello es posible sin renunciar a las comodidades y avances que ofrece la vida moderna, y también acorta la brecha entre la teoría y la práctica.
Basándose en los 12 principios de la permacultura -observar e interactuar; capturar y guardar energías; obtener un rendimiento; auto regularse y retroalimentarse; usar y valorar los servicios y recursos renovables; dejar de producir residuos; diseñar los patrones a los detalles; integrar más que segregar; usar soluciones lentas y pequeñas; valorar la diversidad; usar los bordes y valorar lo marginal; y responder creativamente al cambio-, todo el espacio funciona como un aula viva. Prueba de ello es que el proyecto fue galardonado en 2024 con el Premio Nacional ‘Emprende Rural’ en la categoría de Innovación.
El diseño del invernadero es un testimonio de su filosofía, en la que se intenta maximizar los recursos que utilizan. Está construido con tablas de encofrar desechadas por serrerías y cubierto por una enredadera de parchita, un fruto que producen y venden, y al mismo tiempo proporciona sombra y contribuye a embellecer el lugar.
También aprovecharon vidrios recuperados de retales de cristalerías de toda la Isla, y el suelo se sustenta en una base de caucho reciclado. Allí imparten charlas y cursos y lo alquilan para que otras personas educadoras puedan aprovecharlo. Este es un objetivo para el año que comienza, centrarse en la impartición de diferentes talleres, como el de jabones ecológicos, u otros ya realizados como los de nutrición y piel o el de mindfulness y meditación.
Además, la finca opera 100% con energía solar y cuenta con un sistema de reciclaje de aguas para el riego de plantas ornamentales y de soporte, como el eucalipto o el gandúl, una leguminosa perenne, originaria de India, que produce mucha biomasa.
Uno de los pilares más innovadores del lugar es su bosque sintrópico, un modelo de agroecología inspirado en los ecosistemas selváticos, que busca crear sistemas agrícolas sostenibles, abundantes y biodiversos.
Así, donde antes había un monocultivo de plataneras, en la actualidad crece un sistema biodiverso que acelera la sucesión natural del bosque. “Por eso hemos plantado muchos frutales pero también árboles de soporte que crean biomasa, fijan nitrógeno, bombean agua desde las profundidades, y sobre todo, dan la posibilidad de realizar poda cuyos restos se utilizan para crear un suelo más fértil y productivo, sin necesidad de utilizar fertilizantes químicos ni pesticidas”, detalla Patrick.
Solamente en el caso de las hortalizas se hace necesario aportar más nutrientes al suelo y lo hacen con el compost que ellos mismos producen con los restos vegetales a los que añaden cáscaras de huevo y restos de café, entre otros productos.
En este ecosistema, conviven especies frutales con los árboles citados anteriormente, y destacan frutas exóticas poco comunes en la zona, como la jabuticaba, un árbol nativo de Paraguay, Brasil, Argentina y Bolivia; la carambola; la lucuma, una fruta muy valiosa procedente del Perú, considerada el gourmet de los endulzantes por los chefs; la lilipili (similar a la cereza) o la longan, conocida como ‘ojo de dragón’ porque se asemeja al globo ocular. La supervivencia de estas últimas ha sido posible gracias al clima del lugar.
En las parcelas anexas se pueden ver coles que parecen dibujadas; tabaco canario “que creció solo”; acelgas con hojas enormes; un chilli multicolor (conocido como chili rainbow) en el que se posan arañas gigantes, y una planta de plátano rojo (en realidad es la piel de este color puesto que su interior sigue siendo blanco) cuyo sabor es diferente al tradicional al tener una consistencia más dura y fibrosa.
La ecología también puede ser rentable
Padre e hijo quieren demostrar que la ecología puede ser rentable. Una de sus principales fuentes de ingresos en la comercialización de cajas mixtas de productos de temporada de diferente tamaño que equivalen al consumo de una semana. Se recogen allí mismo y los jueves las distribuyen a domicilio a restaurantes locales y a las personas que están suscritas a cuatro por mes.
Son de plástico pero tiene su sentido, dado que piden que se las regresen o las aprovechen para su próxima compra. “Nuestro objetivo es ser prácticos y evitar el plástico de un solo uso pero no somos radicales”, matiza David.
Además, alquilan el invernadero y las habitaciones de la vivienda, destinadas al estudiantado que viene de fuera y que puede utilizar el resto de instalaciones, y organizan visitas guiadas a particulares y empresas interesadas en conocer la finca.
Su proyecto ha trascendido fronteras ya que reciben estudiantes de Erasmus+, practicantes del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y de varias instituciones que aprenden in situ cómo producir y desarrollar una agricultura sostenible y la construcción del espacio, y cooperan con universidades de Alemania y de Rumania y Escuelas de Idiomas de Europa.
Para David y Patrick, la clave es la paciencia y el trabajo con la naturaleza, no en contra de ella. Su visión es inspirar a otros educadores y a la ciudadanía en general para que implementen estos cambios en su día a día y promover un mundo más verde y sostenible para las generaciones futuras. “Somos parte de un mundo bonito y lo queremos conservar”, concluyen.















