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Las protestas de cofradías de pescadores en Canarias fuerzan a varios ajustes del nuevo control europeo

Tras la reunión entre las cofradías y el Ministerio, se acuerda flexibilizar la aplicación del reglamento y evitar sanciones por errores en la estimación de capturas inferiores a 50 kilos

Los puertos pesqueros y la mayoría de las lonjas del país detuvieron ayer su actividad en una protesta del sector contra el nuevo reglamento europeo de control de la pesca. Desde el Atlántico y el Cantábrico hasta el Mediterráneo, los pescadores alertan de que la aplicación de estas medidas, que equiparan el nivel de control a embarcaciones de distinta tipología, rigidiza la actividad y la desplaza hacia una gestión cada vez más administrativa, con el consiguiente riesgo de desarticular toda la cadena pesquera.

La protesta se desarrolló en varias cofradías de todas las Islas. En Tenerife, se registraron movilizaciones en Playa San Juan, Punta Hidalgo, Candelaria y Los Cristianos, en el entorno de sus correspondientes cofradías.

De forma paralela, la atención de todo el sector estaba puesta en Madrid, donde ayer se celebró una reunión entre representantes de las cofradías de toda España, y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en la sede de la Secretaría General, con la participación del ministro Luis Planas.

A la salida del encuentro, el presidente de la Federación Nacional de Cofradías de Pescadores, José Basilio Otero, explicó los compromisos alcanzados. Entre ellos, la aprobación de una resolución por la que los errores u omisiones en la estimación de capturas inferiores a 50 kilos por especie en el diario de a bordo no se considerarán infracción, siempre que la declaración de desembarque refleje posteriormente las cantidades correctas.

Además, España solicitará a la Comisión Europea la modificación del reglamento de control y de su régimen sancionador.

Otro de los compromisos alcanzados es la eliminación de la obligación de declarar las capturas lance por lance. Bastará con una única comunicación diaria, que deberá realizarse antes de la entrada a puerto o en el lugar de desembarque. En cuanto a la notificación previa, esta se efectuará en el momento en que el buque ponga rumbo a puerto, sin necesidad de cumplir el preaviso de cuatro horas, salvo en los supuestos que ya cuentan con plazos específicos.

El origen del conflicto reside en la reforma del Reglamento de Control de la Pesca de la UE, aprobado en 2023 y cuyas obligaciones más visibles entraron en vigor el pasado 10 de enero.

Esta normativa exige a los barcos de más de 11,9 metros de eslora, entre otras obligaciones, anotar y pesar todas las capturas desde el kilómetro cero, así como la digitalización completa de los diarios de pesca. Cada lote deberá estar pesado, clasificado por especie y vinculado a un buque concreto, una fecha, una zona de captura y un arte de pesca. Cualquier error en este proceso puede invalidarlo, con la consiguiente sanción económica.

Esto supone un cambio sustancial en el modelo de supervisión, al pasar de un control centrado en el puerto a una vigilancia en tiempo real sobre las flotas. Otro de los puntos más controvertidos es la generalización del sistema de seguimiento por satélite (VMS), que deberá operar de forma permanente en los buques de dichas características.

Una oficina en el mar

Ruyman Escuela Marcelino, portavoz de la cofradía de Nuestra Señora de Las Mercedes de Los Cristianos, pone voz al malestar generalizado: “Se nos exige realizar tareas propias de un administrativo, y todo ello en alta mar”. Denuncia que, a su juicio, “estamos siendo vigilados con más celo que quien comete un robo”, en el marco de una legislación “poco laxa” que “busca el mínimo error para iniciar una inspección”.

La digitalización forzada, añade, no tiene en cuenta la realidad del mar: “Pretender que una persona maneje dispositivos electrónicos mientras faena es desconocer el oficio. No podemos darle la espalda a una ola para rellenar formularios”.
José Lucio de León Díaz, patrón de la Cofradía de Pescadores de San Roque e Isla Baja, en Garachico, no esconde su preocupación. Con 39 años y tres generaciones de pescadores a sus espaldas, ve cómo el oficio se apaga sin relevo. “Esto es el principio del final. Con las condiciones actuales me planteo seriamente dejar este oficio”, admite. Denuncia un marco que cada vez “impone más normas y menos incentivos”.
A ese diagnóstico se suma Gilberto Sánchez, patrón de la Cofradía Nuestra Señora de La Luz, en Playa San Juan, que pone el foco en la desconexión entre la normativa y la realidad de la pesca. “¿Que sentido tiene obligar a pesar y clasificar el pescado al mismo tiempo que se faena?”, se pregunta.