“Nuestra gente está sobreviviendo gracias a la ayuda de familiares en el exterior, de Canarias y de Miami, por lo que les pido que nos apoyen y que las familias y amigos de fuera no nos abandonen y ayuden económicamente a sus allegados en Cuba, porque necesitamos su solidaridad”. Es el llamamiento, a través de DIARIO DE AVISOS, que realiza Jorge Naranjo, cubano residente en Santa Clara y descendiente de aruquenses, en Gran Canaria.
Los hogares cubanos sufren la asfixia a la que la Administración Trump está sometiendo a la isla para forzar la caída del régimen. El corte del suministro de crudo desde Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro y la amenaza de aranceles a cualquier estado que pretenda vender combustible a La Habana ha agudizado la crisis económica en el país, paralizando prácticamente la actividad de servicios básicos y colocando entre la espada y la pared a la población, que siempre ha demostrado una capacidad de resistencia admirable frente al bloqueo financiero, económico y comercial de su vecino del norte desde hace más de 60 años, y también ante el modelo económico ultraestatalizado defendido por el castrismo.
Mientras un Donald Trump envalentonado tras su golpe en Venezuela se jacta asegurando que “Cuba está a punto de caer” y proclama que el país es una “amenaza para la seguridad de Estados Unidos”, el Gobierno de Miguel Díaz Canel adopta medidas de emergencia para tratar de paliar esta nueva vuelta de tuerca que estrangula aún más al pueblo cubano: desde reducir al mínimo los transportes públicos a la suspensión de intervenciones quirúrgicas no esenciales en hospitales.
“Llevamos varios años de limitaciones y a quienes más les afectan son a los mayores, pero ahora, con las medidas de Estados Unidos, los apagones son de muchas horas, sobre todo en los municipios y hay muy poco transporte público, casi cero, hacia provincias y municipios, mientras que el transporte privado ha elevado los precios hasta cantidades imposibles de pagar por el pueblo”, explica Naranjo, quien pone como ejemplo el coste de la gasolina: “Si ya era cara en el mercado informal a 600 pesos, en la actualidad se paga a 2.500 por los negocios particulares, llamados mipimes, que suben el precio a los productos básicos”.
Añade que el Gobierno cubano ha recortado el gasto de combustible y electricidad para el sector estatal, por lo que la producción del país ha pasado de “muy limitada a casi nula”, lo que ha colocado a millones de cubanos en una situación extremadamente difícil: “El pueblo sobrevive comprando los productos súper caros que venden en las mipimes y mucha de nuestra gente vive, gracias a Dios, de las ayudas de los familiares en el exterior, pero el que no las tiene se las ve y se las desea, porque las acciones del gobierno cubano se ven limitadas. La solidaridad entre las personas se mantiene, pero, si la gente cada vez tiene menos, las ayudas desaparecerán”.
Jorge Naranjo hace hincapié en una realidad que preocupa cada vez más: la falta de medicamentos. “El problema es grande, hay mucha escasez en farmacias y hospitales; en los puntos de venta particulares -a veces informales- los precios son muy altos; si ya antes lo eran, ahora mucho más. Todo se complica”.
Además, destaca que jóvenes y mayores se han marchado del país para poder ayudar a sus familias desde fuera, pero insiste en la situación “muy complicada” de los residentes de mayor edad. “Muchos están solos y en esta etapa de la vida requieren más atención”, asegura.
La crisis económica, agravada por la pandemia en 2020 y rematada ahora con las medidas de Washington, se percibe en la Casa Canaria de Santa Clara, donde Jorge y un grupo de isleños se esfuerzan desde hace 30 años por mantener las tradiciones heredadas de padres, abuelos y bisabuelos del Archipiélago a través del grupo de danzas canarias Rumores del Teide: “Con la actual situación ha disminuido mucho la socialización en la Casa Canaria y eso nos causa tristeza. Intentamos hacer actividades recreativas para los mayores, pero las muchas limitaciones que tenemos hace que cada vez sean más escasas”.
Jorge Naranjo no se muestra muy optimista con lo que pueda ocurrir a corto y medio plazo. “Por el momento no creo que esta situación mejore ni se resuelva y, cuando las restricciones cambien y comience a entrar combustible al país, todo va a ser muy lento hasta que Cuba vuelva a producir y el nivel de vida sea mejor. Pero, por desgracia, veo que esta crisis enorme va para largo en todos los sectores, mientras las necesidades aumentan. Es muy preocupante lo que estamos viviendo”.





