Sergio Hanquet, el excepcional fotógrafo submarino de nacionalidad belga afincado en el sur de Tenerife desde hace cuatro décadas, falleció este lunes a los 63 años cuando practicaba su deporte favorito en la costa de Arona. Su cuerpo fue localizado junto a su lancha por una embarcación de Salvamento Marítimo con base en Los Cristianos. Su óbito ha causado una gran consternación entre quienes le conocieron y apreciaban su pasión por el mar, su amor por la fotografía submarina y su afán por participar y divulgar cualquier iniciativa para proteger el medio marino.
Sus compañeros de buceo y amigos siempre destacaron su valía como buceador -todo un referente nacional e internacional de la fotografía naturalista-, su compromiso con esta actividad y, sobre todo, su gran calidad humana. Colaborador de entidades científicas y documentalista de especies y ecosistemas vulnerables, la labor pedagógica de Hanquet ha quedado plasmada en exposiciones de fotografías de una gran calidad artística que han dado la vuelta al mundo y en seis libros, entre ellos ‘Bucear en Canarias’, la guía más completa que jamás se haya realizado sobre los fondos del Archipiélago. Además, fue uno de los impulsores, junto con Martín Rivero (también desaparecido) y Santiago Gutiérrez, del Festival Arona SOS del Atlántico, la Fiesta de los Océanos, una iniciativa cultural para generar conciencia medioambiental.
Su flechazo con Tenerife se produjo con apenas 14 años durante unas vacaciones con sus padres. Nueve años después, regresó a la Isla acompañado por su pareja y sin hablar castellano para establecerse en el Sur, después de formarse en hostelería en Lieja (Bélgica), dar sus primeros pasos en el oficio en Montecarlo y ser contratado como jefe de cocina en un restaurante especializado en gastronomía francesa en Sidi Bou Sadid (Túnez).
En Los Cristianos encontró el paraíso que buscaba: un lugar rodeado de mar donde compaginar el trabajo con su otra gran pasión. Después de abrir, sin éxito, un local de comida preparada para llevar, optó por montar una dulcería, El Artesano, en El Cabezo (Los Cristianos), apuesta con la que dio en la diana tras aplicar su receta de “cariño, calidad y constancia”, que le permitió disfrutar de la repostería hasta llegar a su jubilación, en diciembre pasado, después de casi 40 años atendiendo a una clientela que no dejó de crecer.
Aunque participó en diferentes expediciones internacionales, su gran labor divulgativa se centró en la espléndida diversidad atlántica de las Islas, cuyos fondos conocía como nadie. Su capacidad para descubrir la belleza de la flora y fauna del océano quedó patente en dos libros de 264 páginas y 300 fotografías, titulados ‘Ballenas Piloto’ y ‘Mar Abierto’, unidos en un solo volumen, en los que invitó al lector a “sentir el tacto de la sal húmeda y respirar el espíritu de un ballenero de aguas profundas”, según contó a este periódico.
El epílogo de la obra corrió a cargo de Ángel Vallecillo, que describió la sensación que experimenta un submarinista al zambullirse en el “cosmos de agua sin estrellas” y que hoy cobra un significado especial tras la marcha de Sergio Hanquet: “Caes a un espacio inmenso, sin límites ni referencias, de un azul marino que se hunde a un azul oscuro, casi negro, donde la luz del sol se descompone en una mirada de rayos inquietos, vibrantes como cuerdas y que, aunque te empeñes, se hace imposible saber has dónde alcanzan”.
El pasado 7 de diciembre, Sergio Hanquet anunciaba en DIARIO DE AVISOS su jubilación tras cuatro décadas detrás del mostrador, entre hornos y atendiendo mesas. Estaba feliz. Ya no se tendría que ocupar ni preocupar de compromisos laborales, tareas administrativas ni de las obligaciones de cualquier trabajador autónomo. Se disponía a sumergirse en su mundo y entregarse en cuerpo y alma a su gran pasión. Y así fue. Nos regaló una última frase que hoy suena a lección: “Es tiempo de disfrutar de la salud que la vida nos regala”.







