cualquier cosa

Borrasco

Borrasco

La Agencia Estatal de Meteorología emocional ha emitido un aviso especial. No viene en las apps, ni lo han dicho en la tele, pero cualquiera que esté un poco atento lo habrá notado: estamos atravesando un periodo de inestabilidad generalizada. No hablo solo de la ristra de borrascas que han decidido venir a empadronarse a Canarias este año, como si hubiéramos pasado de destino turístico a destino dramático, sino de esas otras tormentas que no nublan el cielo azul, sino que nublan la cabeza, el corazón y el cielo de la boca.

Últimamente vamos encadenando frentes. Apenas termina una preocupación cuando ya se está formando otra por el oeste de la cabeza. Pequeñas depresiones aisladas en niveles bajos de ánimo. Rachas de pensamientos que llegan sin avisar. Mojabobos de esos que no parecen importantes hasta que te das cuenta de que estás calado hasta los huesos.

Los expertos argumentan que estas borrascas tienen nombre propio. Samuel. Teresa. Olivier. Pero todos sabemos que las más fuertes no las bautiza nadie. Se llaman “y si no sale bien”. Se llaman “ya no soy quien era”. Se llaman “a ver cuánto aguanto así”, “no voy a poder”.

El parte de hoy prevé intervalos nubosos en la mayoría de las cabezas. Cielos cubiertos en personas que aparentemente están bien. Posibles claros en quienes han aprendido a esperar. Probabilidad alta de chaparrones emocionales al final del día, sobre todo en ese momento en el que se apaga el ruido y uno se queda a solas con su propia temperatura.

Se recomienda precaución en zonas sensibles (y especial cuidado con los insensibles). Especialmente en quienes llevan tiempo haciendo de paraguas para otros mientras se empapan ellos. Riesgo de desbordamiento en personas que siempre dicen “no pasa nada”, porque suele pasar. Y suele pasar por dentro.

Habrá también rachas de optimismo puntuales, de esas que duran lo justo para recordarte que el sol sigue existiendo aunque no lo veas. No se descartan abrazos inesperados abriendo claros. Llamadas que disipan nubes. Ni conversaciones a tiempo actuando como anticiclones provisionales.

La buena noticia, si es que las hay en los partes complicados, es que ninguna tormenta es permanente. Aunque a veces lo parezca cuando llevas demasiados días sin ver el horizonte despejado. Aunque haya temporadas en las que los pronósticos son de acumular nubes negras justo encima de tu coordenada exacta.

Los modelos indican que, después de los episodios de lluvia, el terreno emocional suele quedar más fértil. Que hay algo en resistir los temporales que ensancha. Que uno aprende a construir refugios o, al menos, a distinguir qué personas son hogar.

También se espera que, tras estos episodios de inestabilidad, muchas personas desarrollen una nueva capacidad: la de mirarse por dentro con la misma paciencia con la que miran el cielo esperando que escampe.

Para los próximos días se aconseja mantenerse a cubierto, del abrazo de uno mismo a poder ser. Abrigarse, pero de gente que no reste temperatura. Evitar corrientes de negatividad innecesarias. Y, si es posible, exponerse a pequeños rayos de alegría diaria, aunque sean de corta duración. Hagan platos de cuchara, de compartir, y empiecen por compartirlos con ustedes mismos, que es la primera y mejor opción.

El pronóstico a medio plazo habla de mejorías graduales. No espectaculares, no de película. Mejoras reales, de las que casi no se notan hasta que un día te sorprendes riéndote sin haberlo planeado.

Mientras tanto, si sienten que atraviesan su propia borrasca, recuerden esto: no están solos en el mapa. Si miráramos ahora mismo un radar de almas, veríamos que casi todos estamos pasando por alguna tormenta.

Y aun así, aquí seguimos.

Según el último parte, mañana volverá a amanecer. Aunque hoy parezca improbable.

Mójense los labios. Cuidense.

TE PUEDE INTERESAR