alto voltaje

Un cazador de sucesos en la sala de crisis: cuando la tormenta también azota a la credibilidad del Cabildo de Tenerife

Mientras técnicos, operadores y responsables públicos trataban de lidiar con una situación potencialmente crítica desde el Cecopin, alguien pensó que era buena idea abrirle la puerta a un cazador de sucesos en redes sociales que se hace llamar Bolorino Armani
Un cazador de sucesos en la sala de crisis: cuando la tormenta también azota a la credibilidad del Cabildo de Tenerife
El resultado fue un espectáculo tan insólito que roza lo surrealista.

Hay temporales que dejan árboles caídos, carreteras anegadas y tejados volando. Y luego está la borrasca Therese, que ha logrado algo más difícil: colarse en el mismísimo corazón de la gestión de emergencias y arrasar, de paso, con lo que quedaba de sentido común institucional en el Cabildo de Tenerife. Porque sí, ocurrió. Mientras técnicos, operadores y responsables públicos trataban de lidiar con una situación potencialmente crítica desde el Cecopin —ese lugar donde, en teoría, se toman decisiones serias en momentos serios—, alguien pensó que era buena idea abrirle la puerta a un cazador de sucesos en redes sociales que se hace llamar Bolorino Armani. El resultado fue un espectáculo tan insólito que roza lo surrealista: un directo de más de dos horas en el que el tal Armani, con la naturalidad de quien retransmite una romería, se pasea descalzo por la sala de crisis, escucha conversaciones de operadores, comenta decisiones y opina como si estuviera en la barra de un bar. Todo ello bajo la atenta mirada —y la permisividad— de quienes deberían haber puesto límites claros desde el minuto uno. Un nivel de rigor que, sin duda, tranquiliza a cualquiera en mitad de una emergencia. Y por si el guion no fuera ya suficientemente delirante, el propio protagonista decide compartir con su audiencia un detalle médico personal: “Estoy jodido, me tengo que operar de las caderas”. La borrasca Therese pasará sin pena ni gloria. Como pasan casi todas. Lo que queda es algo más difícil de limpiar: la sensación de que, en el Cabildo de Tenerife, alguien confundió la gestión de una emergencia con un akelarre de alcahuetes. Y eso, a diferencia del viento y la lluvia, no se arregla con un parte meteorológico. Se arregla con explicaciones. Y, sobre todo, con un mínimo de seriedad y de menos redes sociales con tufo a campaña electoral. 

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