Tan solo 1.450 kilómetros separan Dakar de Canarias. Sin embargo estas orillas del Atlántico viven realidades muy distintas. En Senegal, la falta de oportunidades ha llevado a muchos jóvenes a emprender la peligrosa ruta migratoria hacia el Archipiélago. Unos 10.000 senegaleses viven en las Islas en situaciones de vulnerabilidad legal y social, enfrentando racismo institucional, aislamiento y exclusión, según denuncian organizaciones de derechos humanos y colectivos de migrantes. Para evaluar esta situación, el mediador de Senegal, Demba Kandji, se encuentra en Canarias. Ayer, en La Palma, firmó junto a la diputada del Común, Dolores Padrón, un acuerdo de cooperación para reforzar la defensa y promoción de los derechos humanos. Kandji continuará en El Hierro y Tenerife, trabajando con las administraciones locales para promover una acogida digna e identificar mecanismos que eviten que, en su país de origen, los jóvenes tengan que arriesgar su vida en el mar para buscar un futuro.
–En este contexto de cooperación entre Senegal y el Archipiélago, ¿cuáles son sus objetivos prioritarios durante esta visita?
“Nuestra visita se inscribe en un marco de intercambio de buenas prácticas. Somos defensores de los derechos. Tenemos como objetivo, en primer lugar, darnos cuenta, sobre el terreno, de la situación de los migrantes senegaleses que se encuentran en territorio español. Y, al mismo tiempo, ver qué podemos hacer nosotros desde el origen, en Senegal, por estas personas. La crisis migratoria tiene consecuencias muy graves en términos humanos. Porque si cien jóvenes llegan al territorio español, probablemente cincuenta o setenta han perdido la vida en el mar. Son fuerzas vivas de nuestros países que desaparecen, y familias que sufren el duelo. Es por ello que queremos implicar más a los responsables políticos, especialmente a los jefes de Estado, para que tomen conciencia de esta situación y para intentar elaborar, si es posible, una política común que permita abordar este fenómeno de una manera mucho más coordinada”.
-Concretamente, ¿qué acuerdos o proyectos de cooperación espera alcanzar con las autoridades canarias?
“En términos generales, hablamos de acuerdos que nos permitan coordinar mejor nuestras acciones y, sobre todo, desarrollar proyectos destinados a divulgar información. Es importante que la población en Senegal, comprenda la realidad de los migrantes: lo que ocurre a su llegada, las dificultades que enfrentan y los procedimientos que deben cumplir. Cuando los migrantes desembarcan, se enfrentan a varias instancias: los servicios humanitarios, la justicia española… Llegar a un país no es simplemente el final del viaje, a menudo empieza otro proceso complicado. Como mediadores, nuestro papel es implicarnos en todos estos aspectos.”
-Menciona la importancia de la divulgación. ¿Considera que la población senegalesa, especialmente la juventud, no es suficientemente consciente de los riesgos que implica la migración, no solo durante el viaje, sino también al llegar a destino?
“Mucha gente no mide realmente ese riesgo. Llegar a España no significa necesariamente que su proyecto vaya a tener éxito. Yo he conocido a muchos jóvenes senegaleses que, tras años aquí, todavía no han logrado regularizar su situación. Esta experiencia aquí en Canarias me permite, al regresar, construir un discurso que realmente conciencie a la población sobre los riesgos y dificultades. Nuestro trabajo de defensa de los derechos humanos empieza por la prevención. Prefiero hablar con responsabilidad: la migración es un derecho, sí, pero debe ejercerse de forma segura y regulada. En un modelo ideal, esta migración debería ser circular: que los jóvenes vengan con el acuerdo del gobierno español, trabajen durante un tiempo y luego regresen a Senegal. Es un derecho que puede ejercerse de manera organizada, y nosotros queremos fomentar esa perspectiva.”
-Algunos observadores advierten de vulneraciones de derechos humanos en los países de origen vinculadas a la externalización de las políticas migratorias europeas. ¿Cómo analiza esta situación y hasta qué punto se están respetando los derechos de los migrantes antes de partir?
“Los países africanos de origen, como Senegal, son todavía relativamente jóvenes en términos institucionales y están construyendo sus Estados de derecho. No se puede esperar que todo funcione perfectamente de inmediato. En nuestros países todavía existe cierta precariedad: el acceso al trabajo es irregular, la salud presenta muchas dificultades, y en muchos ámbitos las expectativas son grandes frente a los recursos limitados. La migración irregular enfrenta muchos obstáculos por esta realidad estructural. Ahora, hay que reconocer también que, del lado europeo, los migrantes se quejan de violaciones de derechos. Los Estados tienen derecho a ejercer su autoridad, a aplicar la ley, pero a veces hay prácticas que reflejan una voluntad de exclusión que no es aceptable. Por eso, desde nuestra función de mediación, es importante señalar que la protección de los derechos humanos empieza en el origen, pero también requiere vigilancia en tránsito y en destino.”
-Precisamente, muchas organizaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado abusos en los centros de migrantes en Canarias. ¿Qué mirada tiene usted sobre estas denuncias y qué papel puede jugar su institución para garantizar que se respeten plenamente los derechos y la dignidad de sus compatriotas?
“Yo no tengo autoridad directa sobre lo que ocurre aquí. Pero lo que sí podemos hacer es actuar a través de mis homólogos y mediante la mediación institucional. De hecho, hay muchas cosas que estamos planeando hacer para humanizar los vínculos. Porque los compatriotas que encontré ayer se quejaban mucho de ciertos problemas en su relación con la policía y, en ocasiones, con la justicia. Por ejemplo, la falta de intérpretes cualificados hace que muchas personas firmen documentos sin comprenderlos, lo que claramente va en contra de sus derechos. También hay otros problemas relacionados con la información y la orientación legal. Por eso, mi presencia aquí busca coordinar acciones, firmar acuerdos de cooperación con mis homólogos, e intentar crear mecanismos que protejan a los migrantes.”
-En cuanto a la situación de Senegal, pese a un cierto crecimiento económico en los últimos años, el país sigue enfrentando importantes desafíos, como una deuda oculta de más de 11.000 millones de dólares y el elevado coste de la vida. ¿Cómo cree que estas dificultades económicas afectan la percepción de futuro de la juventud senegalesa?
“En cuanto a la juventud, es cierto que las dificultades económicas como son el desempleo, el alto costo de la vida, o la falta de oportunidades afectan la percepción de su futuro y pueden empujar a muchos a migrar. Esta es una realidad que no podemos negar, y que interpela tanto a los mediadores como a quienes gobiernan. Nuestro trabajo consiste en identificar vías y soluciones, aunque no seamos productores de riqueza. Por ejemplo, podemos promover formación técnica, inversiones, proyectos rurales o sociales que den alternativas a los jóvenes y así reducir la necesidad de migrar por desesperación.”
-Más allá de estos factores económicos, desde su perspectiva, ¿cuáles son los determinantes profundos que empujan a tantos jóvenes senegaleses a emprender rutas migratorias tan peligrosas?
“Senegal es un país muy joven: más del 70% de la población tiene menos de 30 años. Es una sociedad vibrante, dinámica, llena de aspiraciones y deseos de vivir. Pero un país con una población tan joven que no produce suficientes oportunidades para todos inevitablemente empuja a muchos a buscar alternativas fuera. Esa es la realidad que vivimos, y probablemente es similar en otros países de la subregión. Además, hay otra dimensión muy importante: la vulnerabilidad de la juventud. Muchos jóvenes, especialmente los que abandonan la escuela o viven en contextos de pobreza, son fácilmente reclutados grupos que buscan desestabilizar el orden en toda la región del Sahel y en ciertas zonas afectadas por conflictos. Por eso nuestra implicación en la mediación y la protección de derechos es tan crucial: no solo se trata de migración, sino de proteger vidas y ofrecer perspectivas reales a los jóvenes, para que su energía y talento no se pierdan en riesgos mortales.”
-Mencionaba a las familias que pierden a sus hijos y nunca tienen noticias de ellos. Imagino que esto debe afectarle profundamente…
“Absolutamente. Yo vengo de una zona rural, y veo a diario familias que viven esta situación. Personas que han perdido contacto con sus hijos, que muchas veces parten en grupos de cinco o diez desde un mismo pueblo, y nunca vuelven a saber de ellos. Culturalmente, esto es muy doloroso. Cuando un joven muere en el mar, su familia no puede realizar un duelo completo, porque no hay cuerpo. Y esto deja un trauma profundo y permanente. Son pérdidas que se arrastran durante toda la vida. Como Mediador, esto me interpela directamente. La migración no es solo un fenómeno económico o social, es una crisis humanitaria que toca lo más profundo de nuestra sociedad. Es por eso que nuestra implicación no es solo administrativa, sino humana y cultural, intentando proteger vidas y concienciar a la población sobre los riesgos reales de estos viajes. Tenemos el deber no solo de acompañar a estas personas, de respetar su proyecto migratorio, sino también de hacer todo lo posible para que ese proyecto no cueste tantas vidas humanas.”
-Comentaba antes que ha habido una disminución de salidas desde Senegal, pero esto no significa necesariamente que haya menos migración, sino que las rutas se están desplazando hacia países como Gambia o Mauritania. ¿Cree que el desplazamiento de los corredores migratorios puede aumentar los riesgos para los migrantes?
“Sí, efectivamente. Ya de por sí era peligroso salir desde Senegal, pero desplazarse a otro país aumenta los riesgos. Allí enfrentan mayor hostilidad por parte de las autoridades locales, y se multiplican las dificultades administrativas, como la obtención de permisos de residencia temporales. Además, esos desplazamientos generan dramas humanos incluso antes de embarcarse hacia Europa. Los jóvenes pueden sufrir abusos, detenciones, trámites complicados y violaciones de sus derechos. Y después, si logran embarcarse, siguen enfrentando los riesgos del viaje marítimo y, al llegar a España, la rigidez de las leyes y procedimientos de inmigración.”
-Frente a esta crisis humanitaria, ¿cree que los Estados europeos, están abordando realmente las causas profundas de la migración o se concentran principalmente en gestionar los flujos? Por ejemplo, ¿cree que iniciativas como la migración circular se aplican de manera efectiva?
“Esas iniciativas existen, pero todavía son muy tímidas. España, por ejemplo, desarrolla programas de trabajadores temporales: los jóvenes vienen durante un tiempo determinado y luego regresan a sus países. Pero necesitamos una cooperación mucho más dinámica, que vaya más allá del corto plazo. Lo ideal sería que se invirtiera desde el origen, para ofrecer alternativas que fijen a los jóvenes en sus comunidades. Formación profesional, proyectos rurales, oportunidades en agricultura o ganadería… todo eso puede ser una vía. Hoy en Dakar, por ejemplo, muchos jóvenes solo encuentran trabajos informales o temporales, como la venta de motos. Eso les permite ganar un dinero mínimo, a veces solo para financiar un viaje hacia Europa, en lugar de construir un futuro sostenible en Senegal. En resumen, necesitamos cerrar esos vacíos, ofrecer perspectivas reales y encauzar la migración de manera regulada y segura, para que no sea una salida de desesperación, sino una oportunidad estructurada y protegida.”






