“Toda casa empieza por los cimientos”, pero hoy, lo difícil es poner el primer ladrillo.
La crisis de vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales en España y, especialmente, en Canarias. En este contexto, la tecnología comienza a abrirse camino como una posible respuesta. Una de las más llamativas es un método pionero en el Archipiélago:mega impresoras 3D capaces de construir muros de hormigón capa por capa.
Este tipo de sistemas, que comienzan a expandirse en distintos países, pueden reducir los plazos de obra hasta en un 70 % y abaratar los costes en torno a un 25 %, según estimaciones del sector.
La empresa 3D Print Construction ha comenzado a introducir este sistema en el mercado local. Uno de sus primeros proyectos piloto es una vivienda unifamiliar de 160 metros cuadrados en Tabaiba Alta, cuya estructura se imprimió en 12 días. El siguiente paso, y a la vez un hito para el sector en Canarias, es la construcción de un edificio de 16 viviendas en Adeje, el primer proyecto de este volumen que desarrolla actualmente. Según las previsiones de la empresa, la estructura podría completarse en unos dos meses.
En comparación, en una vivienda unifamiliar de 250 metros cuadrados, la construcción convencional puede prolongarse entre seis y siete meses, mientras que la impresión 3D reduce ese plazo a apenas dos semanas, cerca de diez veces menos.
La impresora actual trabaja a un ritmo aproximado de un metro cúbico de material por hora, aunque el objetivo es elevar esa capacidad hasta cuatro metros cúbicos por hora.
“En medio día puedes tener la mitad de una planta terminada”, explica a DIARIO DE AVISOS Elvinas Popovas, director de la empresa Top Construction.
“Investigamos este mundo y las empresas que desarrollaban esta tecnología. Comenzamos a absorber conocimientos y decidimos lanzarnos”, detalla.
La maquinaria utilizada procede de Dinamarca, de COBOD International, una de las desarrolladoras que lidera el mercado.
Cómo funciona el sistema
Veronica Ross, operadora en la empresa del proceso de impresora, explica que su trayectoria profesional no comenzó en la construcción, sino en el ámbito textil y el propio diseño 3D. “Me adentré en una profesión completamente nueva para mi”, señala.
La construcción parte de un modelo digital del edificio llamado BIM (Building Information Modeling), una metodología que permite ejecutar posteriormente el proyecto con gran precisión durante su impresión.
Esto se procesa mediante un software que ejecuta instrucciones de impresión para la máquina, que deposita el material siguiendo un recorrido programado.
“Controlamos cada parámetro desde la planificación 3D y seguimos al milímetro el proyecto”, explica Alexei Merculov, director de tecnología del sistema de impresión.
Una vez preparado todo, el proceso suele comenzar con la obra del sótano y las cimentaciones, que se construyen mediante métodos convencionales.
La impresora se instala sobre una estructura metálica que se desplaza por un área cuadrada de trabajo, sostenida por cuatro torres de unos seis metros de altura. Un cabezal móvil se desplaza por raíles mediante motores eléctricos, recorriendo la superficie del edificio y depositando el material capa por capa con precisión milimétrica.
Antes de adentrarse en este proceso, se incorporan cámaras técnicas para el aislamiento y el paso de instalaciones, además de refuerzos metálicos y elementos estructurales como pilares.
“Queremos demostrar que esta tecnología sirve para cualquier proyecto de múltiples viviendas”, afirma el director.
“Nos preguntan si tenemos certificado y homologación de obra, y se quedan extrañados cuando les decimos que no hay uno específico. Esta tecnología es, en esencia, una súper hormigonera que deposita el material que se vierte, es decir, una máquina más”, señala.
Menos trabajadores y otro tipo de tareas
La reducción del número de trabajadores es otro de los cambios significativos que introduce esta tecnología.
Mientras que una obra tradicional requiere un equipo integrado por diversos cargos como encofradores, capataces y peones, la mega impresión puede funcionar con “apenas tres personas” entre operadores. Su función deja atrás las tareas convencionales asociadas a este trabajo, como colocar ladrillos, y pasa a centrarse en supervisar el proceso de vertido, preparar la mezcla y limpiar los conductos de la máquina.
Para algunos expertos del sector, la apuesta por procesos automatizados en la construcción no responde únicamente a una necesidad de optimización, sino más bien a una cuestión coyuntural: la falta de mano de obra cualificada. “La realidad es que hoy el mercado no tiene trabajadores”, afirma Popovas.
Aunque eso no supone un problema: “No hacen falta especialistas; cualquier albañil puede seguir un proceso simple para aprender a usar la tecnología, concentrando varias tareas”, explican.
Además del tiempo, otro factor determinante es el coste. Según los cálculos de la empresa, la construcción 3D puede reducir el presupuesto “entre un 20 % y un 30 % respecto a una obra convencional”.
VIVIENDAS SOCIALES
“La impresora de hormigón es la evolución, a gran escala, de las impresoras de piezas de plástico convencionales que se usan desde hace años en diversos sectores como el textil, la alimentación o la medicina”, explica Ross.
La empresa ya ha iniciado contactos con administraciones públicas como el Cabildo de Tenerife para explorar su aplicación en programas de vivienda protegida.
El objetivo, aseguran, es consolidar el modelo en Canarias y posteriormente expandirse a la Península.
En este campo, defienden que la vivienda social “no tiene por qué estar asociada a diseños repetitivos o poco atractivos”, ya que el sistema permite mayor libertad en el diseño de las viviendas.
Los responsables del proyecto consideran que la impresión 3D “puede cambiar profundamente la forma en que se crean viviendas”.
“Es un cambio de paradigma en los procesos de construcción”. asegura el director de la empresa.












