Una mala noche (la tiene cualquiera), el late night de Televisión Canaria que presenta Aarón Gómez, emite este domingo (23.55 horas) su programa número 100. La cita para despedir la semana con una sonrisa contará en esta entrega tan especial con Pablo Carbonell como invitado, quien ya visitó el espacio de entretenimiento durante su primera temporada. Desde su estreno, que apadrinaron José Mota y Marta González de Vega, han sido numerosos los invitados dispuestos a pasar una mala noche llena de risas. Desde Ismael Serrano, Javier Fesser, Llum Barrera, Millán Salcedo y Pastora Vega, por citar a algunos nacionales, hasta Ignatius Farray, Caco Senante, Mariam Hernández, Omayra Cazorla, Pepe Benavente y Piedra Pómez, entre los canarios.
-’Una mala noche (la tiene cualquiera)’ emite hoy su programa número 100. ¿Cómo está siendo esta aventura de conducir un ‘late night’ semanal?
“Muy bonita y, al mismo tiempo, un aprendizaje constante. La televisión es un mundo muy diferente al de los escenarios, que es por donde más me he movido y a lo que estoy más acostumbrado. De manera que me siento muy agradecido, a Televisión Canaria, a Plató del Atlántico, a todos los compañeros y compañeras… Aunque parezca una respuesta de futbolista [ríe], lo cierto es que tengo mucho que agradecer”.
-Cuando los índices de audiencia deciden la continuidad o la cancelación de cualquier proyecto televisivo, al margen del trabajo, el empeño y el cariño que uno le ponga, ¿dónde cree que está la clave de un espacio que ya va por su quinta temporada?
“Si lo supiera, sería multimillonario [ríe]. Nosotros no podemos más que meterle cariño y dedicación a este proyecto. Supongo que ahí está parte del éxito. Y después, como siempre, la tenacidad, cierto talento y algo de suerte. Hasta ahí podemos llegar en la fórmula para que las cosas funcionen. También, en mi caso, me he concentrado mucho en abrazar estas oportunidades sabiendo que son finitas, pues en algún momento van a acabar y hay que disfrutar el rato. Ya tenemos cierto recorrido en este mundo y somos conscientes de que nada es para siempre, por lo que estamos empeñados en disfrutar cada capítulo”.
“Abrazo este tipo de oportunidades sabiendo que son finitas; por eso siempre procuro disfrutar el rato”
-El programa se emitió por primera vez el 24 de marzo de 2023, con José Mota y Marta González de Vega como padrino y madrina del estreno. ¿En qué ha cambiado y cuál es la esencia de ‘Una mala noche’?
“La esencia, a mi juicio, es la honestidad. No adoptamos la plantilla del éxito viral, la de llegar a todo el mundo a costa de lo que sea. Algo que, en principio, tampoco me parece mal, pero que no va con nosotros. Queremos que los invitados, y así nos consta, se sientan muy a gusto durante el programa. Esa es la naturaleza de Una mala noche: que quienes nos visitan encuentren un programa con buen rollo. Siempre nos resaltan que somos una familia muy bonita. Quizás no seamos virales, pero cuando acabe esta aventura nadie podrá decir que no lo hicimos de corazón y a nuestra manera. En cuanto a los cambios, estoy más calvo. Yo pensaba que no se puede ser más o menos calvo, pero siempre se puede ir un paso más allá [ríe]. Creo que hemos madurado en muchos aspectos, porque poco a poco vamos controlando mejor el ritmo. Yo cada vez me siento más a gusto. Viendo un poco por encima los programas más antiguos, ahora me veo más en mi salsa, con más capacidad de escucha, y eso que al comienzo yo creía que tenía mucha… Esto es como las relaciones amorosas: uno se va dando cuenta de sus errores en el espejo de los que tiene en frente. Creo que todos los que hacemos Una mala noche hemos ido ganando en comodidad y la mayor parte de las veces salimos con una sonrisa”.
-Y después de tantas conversaciones, ¿hay un patrón para acercarse a los entrevistados y sacar de ellos, por ejemplo, su sentido del humor o en cada ocasión se empieza desde cero?
“Se empieza prácticamente desde cero. Las entrevistas son un reflejo de las relaciones humanas, y no puedes pretender que una relación cumpla un patrón: cada persona te da lo que te da. De lo que nosotros nos preocupamos mucho es de crear el caldo de cultivo adecuado para que florezca el invitado. A veces, eso no pasa, pero en la mayoría de las ocasiones sí. A partir de ahí, vamos de la mano con él. Nunca guiamos al invitado hacia el lugar que queremos, porque eso suele salir mal”.
“Las entrevistas son un reflejo de las relaciones humanas, y no puedes buscar que todas cumplan un mismo patrón”
-Si estamos de acuerdo en que el humor resulta siempre necesario y ahora fijamos la mirada en la realidad que compartimos, ¿debería dispensarse en las farmacias?
“[Ríe] Ya se dispensa en los sitios apropiados, en los centros culturales, en los teatros, en las plazas, en la televisión… Lo vimos durante la pandemia: pese a que parece que la cultura es lo primero que se descarta, todos tiramos de ella. Necesitamos distraernos, de una manera u otra. Con una película, con una serie, con un libro, con un programa de humor… Así que cada uno, con lo suyo. Las medicinas se dispensan en las farmacias, pero sí que creo que echamos un cable. Y no es algo que solo digamos nosotros, sino que nos lo dicen. Hay mucha gente que lo está pasando mal, por ejemplo, con problemas de salud mental. Después de tantos años, ya sabemos que el humor sí que ayuda”.
-Un programa de televisión es un trabajo en equipo, delante y detrás de las cámaras. ¿Qué es lo más estimulante de darle forma a ‘Una mala noche’?
“Resulta estimulante batallar con esas dos vertientes, la creativa y la técnica. Siempre está el desafío de mejorar. El papel lo aguanta todo y puedes escribir que en determinado momento entra un elefante en el plató, pero a continuación debes ponerte de acuerdo con la realidad. No todo se puede hacer, o a lo mejor sí, pero hay que buscar la manera. Así que quizás es un elefante de cartón el que entra. No se trata de abordar ideas como si estuvieses ante un mundo en el que todo es posible, sino de adecuar tu mensaje a las posibilidades, al presupuesto. No solo pensando en tu punto de vista, que es un error muy común al principio, sino teniendo en cuenta a todo el equipo”.
-Llama la atención la química existente con los colaboradores de ‘Una mala noche’. ¿Cómo es trabajar junto a ellos?
“Es muy fácil. Es un equipo con el que casi no hace falta hablar. Muchos nos conocemos desde hace tiempo, como Carmen Cabeza, Víctor Hubara, Carlos Pedrós, Víctor Lemes cuando estuvo… Somos perros viejos. Con ellos bastan tres palabras que expliquen la idea para que todo fluya, como hemos hecho tantas veces en un teatro. Y después se ha incorporado sangre fresca, porque nosotros ya somos unos puretas [ríe], gente con la que nos hemos ido encontrando, Ninfa, Sarah Lómore…, que aportan esa energía y ese entusiasmo que quizás uno va perdiendo sin querer”.
“Con este equipo es muy fácil trabajar; apenas bastan tres palabras que expliquen la idea para que todo comience a fluir”
-Recuerdo que en una entrevista anterior, justo al comienzo del programa, me decía que, frente a los escenarios, la televisión no la había descifrado del todo y por eso quería exprimir esta oportunidad al máximo. ¿Ha acabado de cogerle el tranquillo?
“Ahora tengo claro que a lo mejor de lo que se trata es precisamente de no tenerlo claro. Es cierto que voy detectando los vericuetos de este medio tan diferente al teatro y también que soy otro con respecto al que empezó. Ya no solo en relación a Una mala noche, sino a Sota, caballo y rey, el programa anterior. Tengo pillados muchos más detalles, pero, al mismo tiempo, la gran enseñanza que he recibido es que esto no lo entiende nadie, porque, si así fuese, todos los programas triunfarían”.
-¿Lleva bien compatibilizar un programa de televisión que se emite cada semana con el resto de proyectos que emprende?
“Estoy encantado, porque es lo que me gusta. Si solo hiciera una cosa, creo que el tedio llegaría rápido. Pero si salto de una a otra, acabo por añorar la anterior o la siguiente. De manera que estoy muy cómodo en todas y espero continuar así”.
-¿Cómo viven el alcanzar el programa número 100?
“Sobre todo, con sorpresa. Casi no nos dimos cuenta de que habíamos llegado hasta aquí. Se nos ha pasado todo muy rápido, en el mejor de los sentidos. Está muy bien eso de contar con números redondos, como el 100, para ser conscientes de que hay que aprovechar el ahora. El programa ha sido y es muy disfrutado por todos nosotros”.





