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Más de 500 autocaravanas toman la TF-1 en protesta por las prohibiciones

Los caravanistas denuncian una "persecución sistemática" y la falta de infraestructuras para el vaciado de residuos en la isla
Más de 500 autocaravanas toman la TF-1 en protesta por las prohibiciones
Las imágenes de la jornada muestran una hilera interminable de vehículos que ocupan parte la autopista del sur. / DA

Una histórica columna de más de 500 autocaravanas y vehículos vivienda ha tomado este sábado la TF-1, entre San Miguel de Abona y Santa Cruz de Tenerife. Los caravanistas denuncian una “persecución sistemática” y la falta de infraestructuras para el vaciado de residuos en la isla.

La protesta, convocada por la Federación G3A y la Asociación de Autocaravanistas y Caravanistas de Tenerife (ACAT), ha comenzado a las 11:00 horas.

Las imágenes de la jornada muestran una hilera interminable de vehículos que ocupan parte la autopista del sur. El colectivo exige el fin de las restricciones de estacionamiento en municipios como Arico y la creación de puntos ecológicos para aguas negras.

El conflicto de la “discriminación a las autocaravanas” en los municipios

Los usuarios denuncian que ayuntamientos canarios están instalando señales que limitan el acceso solo a turismos o colocan gálibos de altura para expulsar a las campers de las costas. El caso de La Jaca, en Arico, donde se prohibió el aparcamiento en Semana Santa, ha sido el detonante final de esta movilización.

Actualmente, por las carreteras de Tenerife circulan más de 5.000 vehículos de este tipo, una cifra que asciende a 21.000 en todo el Archipiélago. La falta de una normativa homogénea genera inseguridad jurídica, ya que cada municipio aplica criterios distintos sobre la pernocta y el tiempo máximo de estancia, que en muchos lugares se ha reducido a solo 24 horas.

Reivindicaciones y falta de servicios

La manifestación en Tenerife también pone el foco en la carencia de infraestructuras básicas. Los convocantes reclaman la creación urgente de puntos de vaciado de aguas grises y negras para garantizar un uso responsable del entorno. Sin estos espacios, el colectivo se siente “empujado a la ilegalidad” a pesar de su voluntad de cumplir con la normativa medioambiental.

Además de las costas, el conflicto llega hasta el Parque Nacional del Teide, donde las restricciones son cada vez más severas. Los caravanistas defienden que su actividad es una oportunidad económica para los pueblos de la isla y no un problema de orden público, siempre que se diferencie claramente entre estacionar correctamente y realizar acampada libre, algo que el sector rechaza.

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