conversaciones en los limoneros

“Se utiliza el cambio climático para colocarnos desaladoras sin justificación en Canarias”

Carlos Soler Liceras es ingeniero de caminos y uno de los grandes expertos en los acuíferos canarios
“Se utiliza el cambio climático para colocarnos desaladoras sin justificación en Canarias”
Carlos Soler Liceras, ingeniero de caminos y uno de los grandes expertos en los acuíferos canarios. Sergio Méndez

Su currículo impresiona. Carlos Soler Liceras (Madrid, 1954) es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Se especializó en Hidráulica y Energética y es doctor por la Universidad de La Laguna. Vino a Canarias en 1978 para trabajar en el Servicio Geológico de Obras Públicas y se dedicó a la investigación en materia de aguas. En 1985 se incorporó al Servicio Hidráulico y luego a la Dirección General de Aguas de Canarias como jefe de Obras y Proyectos y más tarde como como jefe de Planificación, Estudio e Hidrología. Realizó entre 1988 y 1993 los avances de los planes hidrológicos de El Hierro, La Gomera y La Palma. Y hasta 2018, año de su jubilación, ha proyectado y dirigido las obras definidas en dichos planes. Entre ellas, el Pozo de Los Padrones, en El Hierro; el abastecimiento de la isla de La Gomera; el Túnel de Trasvase en La Palma; el descubrimiento de la Fuente Santa, en la Isla Bonita; y las balsas de Adeyahamen y Bediesta. Y, en Tenerife, las balsas de Valle Molina, la Cruz Santa y San Antonio. Es hijo adoptivo de Fuencaliente, premio Agustín de Bethencourt a la mejor obra pública, miembro correspondiente de la Real Academia de Medicina de Zaragoza, socio de honor de la Comunidad de Regantes de San Andrés y Sauces, miembro científico de la Reserva de la Biosfera de La Gomera y miembro científico del Geoparque de El Hierro. Es experto de la Unión Europea para países desérticos. Ha impartido docencia y últimamente se ha lanzado a la literatura con una obra titulada Lo que el agua sabe, con prólogo de su buen amigo Alberto Vázquez-Figueroa.

-¿Qué transmite ese libro?
“Después de haber recorrido galerías y pozos en todas las islas, quería contar cómo circula el agua bajo tierra”.

-¿Lo lograste?
Era un reto difícil y pensé que para no aburrir al lector lo mejor era hacerlo en forma novelada, con diálogos. Así, entre las gotas de agua y a base de preguntas, ellas terminan contándonos cómo es su recorrido a través no sólo del acuífero sino del ciclo hidrológico completo. Este libro obtuvo una mención especial en los premios Mateo Sagasta”.

-Una pregunta sobre cierto tema que me inquieta, Carlos. ¿La controvertida teoría del cambio climático responde aquí a un interés por construir desaladoras, o sea a un negocio?
“Evidentemente, el clima es una de las cosas más cambiantes que existen en la Naturaleza. Canarias se caracteriza por la alternancia de sequías e inundaciones. La historia nos lo enseña y la memoria colectiva lo olvida”.

-¿Entonces?
“Se utiliza el cambio climático como excusa para declarar emergencias hídricas y, ocultando su verdadera causa, nos colocan desaladoras sin justificación técnica, sin permitir la discusión sobre la solución idónea y adjudicando a dedo, con un coste elevado y sin licitar ni permitir que otras empresas oferten”.

-¿Es cierto que en las redes municipales de las islas se pierde más del 50% del agua de suministro?
“Esa es la verdadera realidad que esconden las emergencias hídricas que se han declarado en este archipiélago”.

-¿Por qué?
“Pues porque siendo estas enormes pérdidas la causa real, parece absurdo aportar como solución la que han ofertado los consejos insulares: aumentar la producción mediante desaladoras. Esta solución es la más cara, tanto por el coste de instalación como por el de producción. Además de contaminar doblemente, nos obligan a tener una dependencia muy peligrosa del agua con el petróleo. Y con este volumen de pérdidas nos obligan también al absurdo de tener que desalar el doble de agua que necesitamos”.

-¿Solución?
“Pues lo prioritario sería arreglar las pérdidas y luego decidir cuál sería la mejor solución al aumento de la producción de agua”.

-En el tema del agua, ¿crees que estamos aquí en manos de trileros?
“Canarias, desde mediados del siglo XIX, cuando empezó la búsqueda de agua en el subsuelo, siempre lo ha estado. En esa época, con los aguatenientes privados; y desde hace pocas décadas se ve ya otro futuro: cambiarlos por los aguamangantes públicos, tanto si son los consejos insulares, como sucede en las islas menores, como a través de empresas a las que el Estado les adjudica el ciclo del agua completo por municipios, como sucede en las islas capitalinas”.

-¿Qué hay de verdad en eso de la presencia de microplásticos en nuestros acuíferos?
“No está comprobado”.

-Pero esto se comenta.
“El único estudio al respecto, que yo conozca, que se ha hecho de aguas subterráneas es uno dirigido por J.C. Santamarta, con un equipo de la ULL, que presentó los resultados diciendo que había presencia de ellos en las nueve muestras tomadas en las islas de El Hierro y La Palma”.

-¿Y?
“Ya sólo esta masiva presencia hace dudar de la fiabilidad del muestreo y, en efecto, se ha efectuado sin ningún rigor. He comprobado, uno a uno, los puntos del muestreo que se escogieron y todos tenían que haberse desechado. Ninguna de las muestras, aunque en origen fueran de agua subterránea, se tomaron en el punto de surgencia, con lo que no evitaron la posibilidad de contacto con plásticos durante el transporte. De hecho, hay muestras tomadas en depuradoras, en depósitos de riego, en tuberías y en pozos con bombas sumergidas que se alimentan con cables eléctricos forrados de plástico”.

(Hablamos del nivel freático y de cuánto ha subido con las últimas precipitaciones, que han sido muy abundantes en algunas de las islas. No hay duda de que mi interlocutor es un verdadero experto en el tema de nuestras aguas y que tiene una experiencia dilatada en su estudio. Además, es un sabio concienzudo y persistente en sus investigaciones. Así responde a mi pregunta).

“Según se ha comentado en la prensa, en islas como Tenerife y Gran Canaria, ese nivel ha subido más de 100 metros. Pero esto hay que saber interpretarlo. Será así en los puntos más altos del acuífero, como debe ser el sondeo de Las Cañadas. En el resto se está produciendo una recarga que durará meses e, incluso, en algunos lugares, años o décadas. Tras la sequía de la década anterior, llevamos ahora dos o tres años de abundancia, que es lo normal en Canarias”.

-¿Eres partidario de que la gestión del agua pase al Estado en el archipiélago? ¿Se acabarían los aguamangantes?
“Hay que dejar claro que el agua es pública desde que fue aprobada la Ley de Aguas de 1987, ratificada por el Tribunal Constitucional y posteriormente por la ley de 1990”.

-Pero la gestión…
“Efectivamente, es la gestión la que se otorga en concesiones a las comunidades privadas, pero siempre, según ordena la ley, bajo el control de los consejos insulares y supervisadas por la Dirección General de Aguas del Gobierno de Canarias. Con todo ello, si la figura de los aguamangantes no ha desaparecido es porque así lo quieren esos consejos insulares”.

-¿Cómo?
“Pues bien haciendo dejación de sus funciones o bien repartiendo sus puestos entre aguatenientes y políticos de diversos partidos. La suma de ambos les otorga mayorías por encima del 50% con lo que los usuarios pequeños se encuentran indefensos. Tal es el caso de Tenerife y La Palma. Creo que es necesario proteger a los accionistas menores, que son la mayoría. El mercado de Canarias en acciones de agua aporta caudales a los pequeños inversores y es a esa mayoría a la que se debe proteger”.

-Tú descubriste la Fuente Santa, en La Palma. ¿Cuánto tardaste? Por cierto, ¿es verdad que ahora no te dejan entrar?
“En teoría tardamos diez años, desde 1995 a 2005. Pero, en realidad, el tiempo que empleamos en la perforación fueron exactamente 1.000 días, o sea, poco más de dos años. El resto del tiempo transcurrió en batallas para que nos dejaran trabajar, provocadas por el mismo Cabildo de La Palma, cuando nos mandaron a don Telesforo Bravo y a don Juan Coello para que les informaran de lo que estábamos haciendo. O cuando nos amenazaron con parar la obra hasta que dijéramos a dónde nos dirigíamos con la galería”.

-¡Qué me dices!
“Pero la parada que duró más tiempo vino de la propia Dirección General de Aguas, cuando el consejero de entonces estuvo casi tres años sin conceder la segunda parte del presupuesto por haber impartido una conferencia en el Casino de Los Llanos de Aridane sobre el agua de La Palma, en la que intervinimos Telesforo Bravo, Juan Coello, Eustaquio Villalba, Felipe Gonález y yo”.

-¿Y por qué no entras a la Fuente Santa?
“Llevo más de cinco años sin entrar. Y eso que lo he solicitado por escrito al Cabildo, varias veces, pero no quieren que vea que el agua de la fuente la han enfriado”.

-¿Fuiste tú, Carlos, el que dijiste que el agua era tu pasión y la historia tu afición? Suena bien.
“Sí, lo dije cuando me nombraron en la Dirección General de Aguas director de las obras de la galería de recuperación de la Fuente Santa, en 1996. Se unieron las dos en una”.

-Una pregunta que a lo mejor resulta polémica. ¿Es verdad que en La Palma hay tanta agua que no saben qué hacer con ella? ¿Y que por interés de algunos están comprando o alquilando desaladoras? ¿Y que pasó con el Túnel del Trasvase?
“Según el Consejo Insular, hay cuatro veces más agua de la que se necesita”.

-Qué bien.
“Hay tanta agua en La Palma que el Túnel del Trasvase se paró de perforar porque lo impedía el agua que salía del frente y aún faltan cuatro kilómetros y medio para acabarlo. El interés del Consejo Insular no es perforar el túnel sino poner agua pública que sea cara para no provocar la caída de los precios. Por eso no perforan el túnel y en cambio quieren montar desaladoras o compran o subvencionan pozos con agua de mala calidad. Esto mismo ocurre en La Gomera y en El Hierro, donde hay cinco veces más agua de excelente calidad en el acuífero de la que necesitan. En Tenerife, más del doble; e incluso en Lanzarote, en el acuífero bajo el Timanfaya, hay el doble de la que se consume. Aunque en esta última isla no me han dejado comprobar su calidad, en cualquier caso podría mezclase con la desalada y así disminuir la desalación y los problemas que provoca su producción”.

-¿Por qué crees que se desoyen las soluciones que propones?
“Hubo un tiempo en que sí me hicieron caso. Fue en los 90. Resolví el problema del agua en las tres islas menores de esta provincia. Actualmente supongo que no me hacen caso por esa misma razón, porque vieron que lo solucioné con el agua subterránea y esa no es el agua con la que quieren arreglar las islas. Es un problema que afecta a los técnicos y a los políticos, unos por desconocimiento y otros por diversos motivos. El caso es que su solución es siempre la desalación y la reutilización. Y, mientras tanto, Canarias abandona un enorme patrimonio hídrico que es único en el mundo: los pozos y las galerías; o sea, aquello que deberían proteger”.

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