La crónica de los fenómenos inexplicables en Canarias custodia capítulos que desafían la lógica del espectador contemporáneo. Entre todos ellos, el caso ovni de Frederick Valentich destaca como una de las construcciones mitológicas más perturbadoras y complejas del panorama ufológico internacional. Una historia donde las fronteras de la realidad, la desaparición de un piloto en las antípodas y la sugestión colectiva de la sociedad isleña se entrelazaron de forma definitiva en el norte de la isla.
Los anales de la aviación mundial fechan el origen de este enigma el 21 de octubre de 1978. Un joven piloto australiano de 20 años, llamado Frederick Valentich, despegó a los mandos de una avioneta Cessna 182L desde Melbourne con destino a la Isla del Rey. Durante el trayecto, Valentich notificó por radio a la torre de control que una gigantesca aeronave con cuatro luces brillantes lo perseguía a gran velocidad. Tras emitir la dramática frase de que aquello “no era un avión” y registrarse una serie de inexplicables ruidos metálicos en los micrófonos, la comunicación se cortó para siempre. Nunca se encontraron restos significativos del aparato ni del tripulante en el océano.
La reaparición en la Plaza del Charco y el caso ovni en Tenerife
La sorpresa saltó a miles de kilómetros de distancia una tarde de domingo, el 11 de junio de 1989. En la concurrida Plaza del Charco del Puerto de la Cruz, un joven de unos 20 años abordó a un vecino de la zona llamado Hassan. Con total frialdad, el desconocido le exhibió un pasaporte y pronunció una frase lapidaria: “Me llamo Frederick Valentich. En 1978 fui secuestrado por seres de otro planeta”. Este insólito encuentro reactivó el interés informativo y situó el caso ovni en tenerife en las portadas de los medios de comunicación de la época.
El testimonio del misterioso individuo describía una realidad paralela de ciencia ficción. Según los relatos recogidos posteriormente, el sujeto afirmaba que no había envejecido desde el día de su desaparición en Australia debido a las leyes físicas de sus captores espaciales. Además, aseguró a diferentes testigos que residía en una base submarina secreta construida bajo las aguas del archipiélago canario, donde supuestamente convivía con otros humanos desaparecidos en accidentes aéreos y marítimos globales.
El factor de la sugestión y el análisis de los expertos
Para descifrar los cimientos de este suceso en las islas es imperativo contextualizar el clima social de finales de los años 80. Alfonso Ferrer, especialista en misterios y conductor del exitoso podcast El Laberinto, expone que la investigación de campo demuestra cómo la predisposición psicológica de los implicados jugó un papel determinante en la propagación del mito. En aquella época, la ufología experimentaba un auge mediático masivo, lo que creaba un caldo de cultivo idóneo para la aparición de estos relatos.
Hassan y su entorno formaban parte activa de los movimientos contraculturales de la isla, concretamente del denominado grupo Más Allá. Esta organización de jóvenes estaba liderada por un conocido dinamizador de la parapsicología local, Gerardo Suárez, y se dedicaba a experimentar de forma habitual con psicoimágenes y técnicas de comunicación mental. La predisposición al misterio era absoluta. A este escenario se sumaron las declaraciones de un matrimonio de turistas de León de vacaciones en el Puerto de la Cruz; la mujer, que afirmaba poseer facultades psíquicas, aseguró haber sufrido un “fogonazo mental” al cruzarse con el extraño, convenciéndose de que se trataba del piloto desaparecido.
El impacto del suceso llegó a oídos del célebre periodista e investigador Paco Padrón, quien durante años desgranó el fenómeno de los platillos volantes en las páginas de DIARIO DE AVISOS. Padrón, buscando aportar luz y rigor periodístico a la historia del presunto Frederick Valentich, llegó a pactar una entrevista exclusiva con el individuo a través de la mediación de Gerardo Suárez. Sin embargo, en el día, la hora y el lugar fijados para el encuentro definitivo en Tenerife, el misterioso piloto nunca se presentó, desvaneciéndose su rastro para siempre. Sin pruebas biológicas ni huellas materiales, el enigma quedó sepultado bajo las teorías de la invención personal y el delirio místico, consolidándose como una de las leyendas urbanas más fascinantes de la historia contemporánea insular.






