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Malika y Jorge denuncian falta de apoyo y recursos para su hijo con autismo: “Sentí que era visto como una molestia”

El menor fue trasladado al Centro de Educación Especial argumentando una atención mejor: “Los menores y las familias estamos pagando un sistema que no responde a estos alumnos”

La familia de un alumno matriculado en el Centro de Educación Especial (CEE) de Adeje, con sede en Los Cristianos, denuncia que los alumnos con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NEE) son incorporados a estos centros “porque no se les puede o no se les quiere” atender en otros recursos educativos, pero una vez allí tampoco se les garantiza la atención que necesitan. Ambos padres revelan “la falta de personal en el centro, la falta de formación específica de algunos de ellos, la ausencia de espacios de regulación emocional, la falta de zonas adecuadas y la inexistencia de una programación real de inclusión, lo que está provocando que los menores y sus familias paguemos las consecuencias de un sistema que no responde”.

Malika Omar y Jorge Ruiz vieron como se les comunicó que su hijo Isaac –con trastorno autista– debía pasar a un Centro de Educación Especial porque en el aula enclave en la que se encontraba en esos momentos “no estaban pudiendo trabajar adecuadamente” con él y que en un Centro especializado “tendría una atención más adecuada, con profesionales mejor formados, más recursos y apoyos adecuados para responder a sus necesidades”.

Ambos progenitores señalan que desde el aula enclave argumentaron que “no contaban con los medios suficientes para atender a Isaac”, especialmente cuando se desregulaba y gritaba. En este punto, los padres aclaran que, “en el caso de nuestro hijo, no hablamos de conductas agresivas, sino de gritos derivados de la frustración y de sus dificultades para comunicarse”. Isaac “necesita apoyos adecuados para desarrollar su comunicación y regular sus emociones, no ser señalado como un problema”, lamentan.

De esta manera, el alumno comenzó el curso 2025-26 en el Centro de Educación Especial (CEE) de Los Cristianos, durante el cual Isaac tuvo la suerte de contar con una profesora formada, perteneciente al anterior equipo directivo, que supo entenderlo y trabajar con él. Gracias a una metodología adaptada a sus intereses, especialmente el dibujo, la pintura y el uso de la pizarra, consiguió reducir su ansiedad y avanzar en distintas áreas. “Nuestro hijo estaba más tranquilo, más regulado y podía participar mejor en su día a día escolar”, explicaron con satisfacción.

Sin embargo, tras el cambio del equipo directivo y del profesorado, la metodología cambió por completo. “Desde entonces, la armonía y estabilidad que Isaac había conseguido se rompió. La situación llegó a tal punto que nuestro hijo dejó de asistir con normalidad a clase.
Además, “cada vez que hablábamos con el equipo educativo, se nos repetía que no tenían recursos suficientes, que faltaba personal y que no disponían de un espacio adecuado donde llevar a nuestro hijo, o a cualquier otro niño que tuviera una crisis, para ayudarle a calmarse en una zona tranquila, segura y confortable”, denunció.

Malika y Jorge señalan que comenzaron recibir llamadas prácticamente todos los días para que acudieran al centro porque no sabían cómo reconducir los gritos de Isaac. “Como madre, en esas llamadas, sentí que mi hijo era visto como una molestia”. Tras enviar varios correos a la dirección del Centro de Educación Especial solicitando una respuesta y una solución a esta situación, “recibí una llamada por parte de la jefatura de estudios en un tono despectivo. En lugar de sentir apoyo, comprensión o búsqueda de soluciones, como familia nos sentimos presionados, solos y desamparados”, denunció.

El último día que Isaac asistió al centro, la profesora llamó a la madre para que fuera a recogerlo porque el transporte escolar no quiso llevarlo debido a que estaba gritando. “Me obligaron a desplazarme de urgencia, a pesar de que el centro conoce que padezco glaucoma ocular y que no puedo conducir”.

Según afirman Malika y Jorge “no estamos hablando de un capricho ni de una falta de colaboración. Estamos hablando de un niño con necesidades específicas que fue derivado a un colegio específico precisamente porque supuestamente allí contaría con los recursos necesarios. Pero la realidad que nos hemos encontrado es muy distinta”.

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