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‘El Baifo’ trepó hasta la cima

Quevedo construye en su tercer disco el artefacto internacional más canario; una obra que transita entre ritmos caribeños, desde las islas y tras una trayectoria sin parangón en España
Quevedo sujetando un baifo, atrás, la portada del disco. / DA

Hay artistas que alcanzan la fama y, desde ella, reescriben su geografía. Sin embargo, Quevedo lo ha hecho al revés. Ha dibujado sus islas, con una escala al detalle, en el mapa del mundo. Con apenas veinticuatro años y tres álbumes de estudio en su haber, el grancanario regresa a sus orígenes en una declaración de principios. El Baifo, su disco de estudio recién publicado, es una exacerbación de lo canario y la confirmación de que se puede construir una carrera internacional, todo sin abandonar la tierra que te hizo.

El título del álbum es ya, en sí mismo, un manifiesto, refiriéndose a la distinción canaria que reciben las crías de cabra. Quevedo la retuerce y la convierte en un juego multilingüe: en inglés, GOAT (siglas de Greatest of All Time) es usada para distinguir al mejor de todos los tiempos, pero también significan literalmente cabra. En ese giro semántico habita la propuesta del disco, tan universal en el alcance como insular en su raíz. “El baifo, el chiquillo, el caprichoso”, se presenta el artista. Una grandilocuencia sostenida con ironía.

Capi Cabrera, artista visual canario con una herencia del imaginario de César Manrique y de la obra de Jane Millares, firma una portada que usa la geometría como eje vertebrador, con una gama colorística de resonancias volcánicas. Cabrera es, en ese sentido, el correlato visual del artista, al declarar que tras su regresó a las Islas “rehízo su paleta y redescubrió la riqueza del Archipiélago”.

FUE EL MÁS ESCUCHADO DE 2023

Donde Quiero Estar -disco de debut del artista-, mostraba en su portada a un joven dubitativo y con una propuesta musical experimental que tanteaba los bordes de su identidad. Buenas Noches presentaba ya a un artista asentado ante los focos, cómodo en el fulgor internacional. De esta forma, El Baifo cierra un arco, en una portada (sin él como actor principal), donde se exhiben los lugares de su tierra y sus colores, incluso llegándose a arrancar a cantar el Vivo en un Archipiélago de Manuel Negrín. Para entender El Baifo hay que recorrer, aunque sea a grandes rasgos, la trayectoria que lo precede.

Pedro Luis Domínguez Quevedo comenzó a dar forma a su carrera subiendo sus canciones a las redes tras la pandemia, grabándose desde canchas o azoteas de su ciudad natal. Tras el éxito consumado de Cayó la Noche, lo que ha venido después ha roto cualquier modelo de predicción: tres álbumes de estudio entre los más escuchados de la historia del país en las primeras 24 horas en Spotify, la canción hispana más reproducida a nivel global en 2023 y un catálogo que acumula más de 20.000 millones de escuchas en todas las plataformas. Unas cifras que, en el contexto de la música urbana en lengua española, lo sitúan en una categoría propia, con escasísimos precedentes.

No obstante, la velocidad de ese ascenso tuvo un precio. En 2024, Quevedo se retiró temporalmente de la industria tras meses de rutinas rotas, una vida volcada por completo a su trabajo y alejada de los hábitos más elementales.

Su regreso a los escenarios se produjo en un festival en Valencia del que, por compromisos contractuales, no pudo desvincularse. Lo más significativo de aquel show fue lo que ocurrió después. Los medios se centraron en su transformación física más que en la vuelta a la música en sí. Quevedo habló de ello en varias entrevistas con una lucidez inusual, señalando el daño que inflige ese tipo de mirada sobre quien recae.

Musicalmente, El Baifo asienta su propuesta en las bases caribeñas del imaginario musical canario. El reguetón, el merengue, la salsa, los sonidos de verbena, en definitiva, que forman parte de esa forma de sociabilidad festiva que en las Islas tiene una larga tradición. Canarias mira hacia el Caribe tanto (o más) como hacia Europa; su posición geográfica y sus vínculos históricos lo explican. En este archipiélago, extendido al otro lado del Atlántico (Cuba, Puerto Rico, Venezuela), se ubican varios islotes que terminan de configurar la identidad musical canaria.

Las colaboraciones en El Baifo son, antes que nada, una declaración de pertenencia. Tonny Tun Tun y Elvis Crespo, figuras de renombre internacional con lazos profundos con las Islas y sus carnavales, exponentes de sonidos caribeños que elevan el trabajo a una dimensión continental.

Nueva Línea, el grupo de verbena de moda, protagoniza una de las colaboraciones más celebradas del álbum. Las voces de Alicia, Sofía, Maite y Raquel se instalan en la canción como una reivindicación, a título personal del artista, que llevaba meses gestando la forma de dar espacio y reconocimiento a la verbena canaria.

Y luego están Los Gofiones, el grupo de música folclórica del Archipiélago más representativo de Gran Canaria, con quienes Quevedo ha compartido algunos de los momentos más significativos de su carrera, entre ellos, el histórico concierto en el Estadio de Gran Canaria. Su presencia en el disco tiene el peso de lo inevitable.

Hijo de un movimiento

Quevedo no se presenta como un fenómeno caído del cielo. Él se siente hijo de los Maikel Delacalle, Ptazeta, Cruz Cafuné, Bejo… toda una generación de artistas urbanos canarios que, tras consolidarse en la última gran ola musical española, llenó salas en la Península y abrió un camino que siempre parecía impracticable. Antes, muchos otros nombres. Y el grancanario se sitúa como consecuencia de todos.

Las colaboraciones son una declaración de pertenencia: Tonny Tun Tun, Elvis Crespo, Nueva Línea, Los Gofiones…

Esa genealogía forja la estrategia de comunicación del disco. La campaña publicitaria comenzó con un amago de entrevista con Jordi Évole y siguió en la prensa y televisiones canarias. Posteriormente, dio el salto a los focos nacionales, con la aparición en La Revuelta. La comunicación partía de la periferia al centro, de las islas al continente.

Hay un hilo rojo que atraviesa la carrera de Quevedo: la tensión entre la fama y el anclaje a las Islas. Sus tres discos pueden leerse como un itinerario entre la nostalgia, cuando la carrera despegaba; la comodidad transitoria ante los focos y, ahora, la afirmación sin ambages de que el verdadero estímulo es estar donde se quiere estar. Por otro lado, la temáticas más explícitas del álbum, el dinero, el sexo o la ostentación, acercan el mensaje a las nuevas generaciones, en medio de una tendencia musical basada en este tipo de discursos tan polémicos.

Lo que permanece más allá de las modas y los ciclos de la industria es la imagen de un joven que, desde la cima, ha decidido cantar a los cuatro vientos su amor por su tierra, y que ha encontrado la manera de que eso suene como el mayor de sus logros. Ni fama ni dinero.

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