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Un libro de tela teñida de azul para las lavanderas de Anaga

El OAC impulsa el proyecto ‘Clorofilas’ entre los residentes del Macizo, que han elaborado una original obra con plantas y lino que busca preservar la memoria de un oficio tradicional
Un libro de tela teñida de azul para las lavanderas de Anaga
Numerosos vecinos de Roque Negro se dieron cita en los lavaderos. DA

Entre piedra y agua, los antiguos lavaderos públicos que ofrecían servicios básicos de higiene y salud en núcleos rurales de la Isla atesoran memorias de un oficio, casi exclusivo de mujeres, que pervivió durante años vinculado a la madre naturaleza. Las denominadas lavanderas, que aún existen asociadas en zonas como Roque Negro, en el Macizo de Anaga, acudían a estos nacientes, por los que discurría el agua de barrancos y galerías, con grandes cestas de ropa y utensilios caseros para lavar las prendas, pero también para convertir una tarea doméstica en entrañables lazos de amistad y de convivencia vecinal.

Por ello, y con el objetivo de recuperar la historia de una tradición de antaño, el Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz, a través de la BiblioExprés, y con la colaboración del Cabildo, puso en marcha el proyecto Clorofilas, en el que los artistas Pablo Otero y María José Floriano idearon la confección de un curioso libro colectivo en el que las redactoras han sido las propias lavanderas de Anaga.

A través de piezas de lino, plantas, flores y recuerdos, cada mujer fue dando forma a su particular capítulo, adhiriendo tesoros y objetos personales recolectados por las autoras a unas planchas de papel, previamente emulsionadas en tinta, que luego se sumergieron en el agua de estos aljibes naturales hasta que la magia química hizo efecto, logrando transformar cada página en dibujos de prendas impregnadas de un intenso color azul de Prusia.

La iniciativa, que también se ha extendido a las escuelas unitarias de Roque Negro, Las Carboneras y Taganana, persigue recopilar una galería de recuerdos en los que las siluetas de la laurisilva, los acebuches o las flores del Macizo se fusionaran a las vivencias de los caseríos, quedando así atrapadas para siempre.

Un libro repleto de cariño que, en el caso de las lavanderas, ha sustituido el papel por lino para rememorar historias en forma de ropa que, tras someterse a un proceso similar al de revelar fotos, ha quedado plasmado en dibujos teñidos de azul, tras su previo secado al sol.

Además, para llevar a cabo la experiencia el Cabildo contribuyó a la limpieza de los senderos que conducen a estos lavaderos naturales que aún se preservan en Roque Negro, donde ni la bruma ha frenado las ganas de conservar la memoria colectiva.

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