Los pacientes canarios esperan una media de 143 días para acceder a una consulta de Neurología, siendo la segunda comunidad con mayor tiempo medio tras Andalucía (179 días), por los 109 días a nivel nacional, lo que convierte a esta especialidad en una de las que tiene los mayores tiempos de demora del sistema sanitario español, solo por detrás de Dermatología.
Según los datos facilitados por la Consejería de Sanidad al Ministerio, a fecha 31 de diciembre de 2025, el número de pacientes en espera estructural, es decir, pendientes de una primera consulta con el especialista en Canarias se elevaba a 6.259 personas, de las cuales más casi el 97% superaban más de 60 días de espera, el mayor porcentaje del país.
De las 6.259 personas en espera, la mayor presión asistencial está concentrada en el hospital Insular (2.100) y La Candelaria (2.000), seguidos por el HUC (1.100) y el Negrín (800).
Con motivo del Día Mundial del Cerebro, los expertos inciden en la urgencia de impulsar políticas integrales de salud cerebral que permitan avanzar en una atención clínica de calidad, mejorar la prevención y garantizar una respuesta adecuada ante las enfermedades neurológicas y de salud mental.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) denuncia el número insuficiente de profesionales y los datos de demora del SNS reflejan una presión asistencial creciente sobre la especialidad. El último estudio disponible sobre la ratio de neurólogos en España, situaba el déficit en torno a 800 especialistas respecto a la recomendación de la Federación Europea.
La demanda asistencial se está incrementando por el progresivo envejecimiento de la población y el aumento de la prevalencia de enfermedades neurológicas, lo que hace imprescindible reforzar la capacidad del sistema sanitario para dar respuesta en condiciones de equidad y calidad. “Las enfermedades neurológicas son tiempo-dependientes: cada retraso diagnóstico supone una oportunidad perdida para reducir discapacidad, preservar la autonomía de los pacientes y mejorar su calidad de vida”, explicó el presidente de la SEN, Jesús Porta-Etessam.
“Tenemos que tener en cuenta que el impacto de las enfermedades neurológicas seguirá aumentando en las próximas décadas debido al envejecimiento de la población, al incremento de la supervivencia de los pacientes y, por lo tanto, al previsible aumento de los casos de ictus, demencias, Parkinson, epilepsia, migraña, esclerosis múltiple, etc.”, explicó.
Prevención
Los expertos destacan el importante papel de la prevención. Hasta el 90% de los ictus están relacionados con factores de riesgo modificables, como la hipertensión arterial, por lo que intervenciones tan básicas como el control de la tensión pueden evitar millones de casos de discapacidad y mortalidad. Asimismo, el 40% de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse actuando sobre 14 factores de riesgo modificables a lo largo de la vida.
Entre ellos, una buena condición física cardiorrespiratoria -la capacidad del cuerpo para suministrar oxígeno durante el ejercicio- que no solo tiene efectos positivos sobre la salud cardiovascular, sino también sobre el cerebro y el riesgo de desarrollar trastornos mentales y neurocognitivos. Entre los posibles mecanismos implicados se encuentran la reducción de la inflamación, la mejora de la plasticidad cerebral y el fortalecimiento de estructuras como el hipocampo.
Desde la infancia
Expertos en neurología pediátrica abogan por “cuidar el cerebro desde los primeros años de vida” y, entre las claves para desarrollar un cerebro sano enumeran la alimentación variada y equilibrada, juego al aire libre, vínculos afectivos, crecer con palabras, sueño suficiente y de buena calidad, limitar el uso de pantallas, y hábitos de seguridad y protección para reducir los riesgos de tener una lesión grave.
La SEN hizo un llamamiento a las administraciones para situar la salud cerebral entre las prioridades de las políticas públicas: reforzando las plantillas de neurología, reduciendo las demoras diagnósticas y asistenciales, garantizando la equidad territorial en el acceso a pruebas diagnósticas y tratamientos innovadores, e impulsando estrategias nacionales de prevención en salud cerebral.
Más de 3.400 millones de personas, el 41% de la población mundial, viven con alguna enfermedad neurológica, lo que las convierte en la principal causa de discapacidad y en la segunda de muerte, con 11 millones de fallecidos al año, según la Federación Mundial de Neurología. La desigualdad no se limita a los recursos humanos o terapéuticos, sino también al acceso diagnóstico, que convierte patologías tratables en discapacidades permanentes.
Los pacientes experimentan retrasos medios de 5,5 años entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico especializado.







